Trucos para aprender un nuevo idioma

Aunque algunos consejos son válidos para todos, pero cada quien tiene su manera de estudiar, si la identifica será más sencillo aprender.

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Trucos para aprender otro idioma
Escribir las palabras es necesario para el proceso de aprendizaje. Foto: Tim Hauswirth en Pixabay

Cada persona tiene un ritmo y formas distintas de aprender. Algunos sólo se lanzan a hablar en un nuevo idioma cuando dominan perfectamente las reglas gramaticales. Otros lo hacen como los niños pequeños: escuchan y repiten.

Lo que es válido para casi todos es que cuanto más temprano se aprende un idioma, más fácil es y menos acento extranjero se tendrá.

Estos son algunos trucos para facilitar ese aprendizaje a los niños y por qué no, también a los adultos.

  • Pruebe dónde y cómo le es más fácil estudiar el vocabulario nuevo. A algunos les resulta mejor sentados en un escritorio, otros lo hacen mejor acostados o caminando. Incluso puede repasarse bajo la ducha.
  • Separe la lista de palabras a aprender en grupos de diez. Esos paquetes de diez son una buena medida de trabajo para el cerebro.
  • Anote el vocabulario de memoria, para controlar no sólo si los recuerda, sino también si los escribe bien. La escritura ayuda además a grabar las palabras en la memoria.
  • Marque las palabras especialmente difíciles para repetirlas varias veces.
  • Pida a alguien más que pregunte por las palabras, cambiando el orden en que se aprendieron

¿Qué pasa en el cerebro al aprender a hablar?

Es en algún sentido como anudar amistades, formar redes comunicadas. También se puede comparar con los circuitos de las computadoras. Las células del cerebro, llamadas neuronas, se conectan para formar circuitos. Pero son muchísimas, unos 10 mil millones (un 1 seguido de 11 ceros), y no todas están conectadas con todas. Las conexiones que se forman se especializan en procesar algún tipo de información (así como hay grupos de amigos que se dedican a jugar al fútbol y otros que prefieren ir juntos al cine o que salen a pasear en bicicleta).

“Hay una parte del cerebro que se especializa en la vista, otra está dedicada al sentido del oído, otra más a coordinar los movimientos (área motora). Y existe también un área del lenguaje”, explica Cordula Nitsch. En la mayoría de las personas se ubica este sector cerebral que permite hablar en la mitad (hemisferio) de la izquierda. Es decir, somos zurdos para hablar, precisamente cuando utilizamos la derecha para escribir. La parte del cerebro que controla la habilidad motora de escribir está conectada a la del habla y está en el mismo hemisferio.

¿Cómo es entonces que utilizamos la mano derecha si esos centros cerebrales están en el hemisferio izquierdo? Es porque las órdenes del cerebro se transmiten al resto del cuerpo mediante los nervios, que son como cables que van desde las neuronas hasta los músculos, de la mano o de la lengua, en el caso de la escritura y el lenguaje. Y esos nervios que controlan los movimientos se cruzan al salir del cerebro, los que vienen del hemisferio cerebral izquierdo van a la parte derecha del cuerpo, y los que salen del hemisferio derecho, a la izquierda.

Es decir, los diestros son zurdos cerebrales. Y los zurdos son diestros cerebrales. Por eso ocurre que cuando alguien tiene un accidente que lastima al cerebro en su izquierda, puede tener dificultades en mover el brazo derecho. O en hablar, si es diestro. Lo bueno es que a veces pueden activarse en esos casos nuevos circuitos cerebrales que reemplacen a los lastimados, incluso en el otro hemisferio.

Lo que no se sabe con certeza es por qué algunas personas tienen mayor facilidad para aprender idiomas que otros. ¿Es una capacidad innata o depende de que se tenga desde muy joven muchas oportunidades de escuchar y leer? “Es probable que las dos cosas sean importantes”, dice Cordula Nitsch.