Tecnología
¿Los hashtags pasaron de moda? La inteligencia artificial transforma la búsqueda en redes sociales
Los hashtags pierden protagonismo con el avance de la inteligencia artificial en las redes sociales. Conozca por qué han dejado de ser esenciales.
Tras casi veinte años de ser el recurso predilecto para clasificar publicaciones, el hashtag se enfrenta a un desinterés técnico y estético en los entornos digitales. (Foto Prensa Libre: EFE / Walls.Io Pexels)
Acompañar una publicación en redes sociales con una lista de etiquetas o recurrir al clásico “#FelizDomingo” se ha convertido en un delator de la edad.
El hashtag, aquel símbolo de numeral que transformó por completo la manera de ordenar el contenido en plataformas como X, antes Twitter, Instagram o TikTok, parece estar perdiendo relevancia. Lo que nació en el 2007 como una propuesta ingeniosa para estructurar los debates en internet ha pasado a ser una herramienta redundante.
Sin embargo, este progresivo desinterés no responde a un mero capricho estético de los usuarios, sino a un cambio de fondo en el funcionamiento de las redes sociales. Detrás de este fenómeno se encuentran la consolidación de los algoritmos de inteligencia artificial semántica y el auge del posicionamiento en búsquedas sociales, también conocido como “social SEO”.
En la actualidad, los sistemas de recomendación ya no necesitan que una persona les indique de qué trata una imagen, un video o un texto mediante un hashtag, porque la tecnología es capaz de interpretar el contenido de forma autónoma. Por eso, este símbolo pierde utilidad.
Este declive cuenta con el impulso directo de los creadores y directivos de las principales plataformas del mundo. Uno de los primeros en hablar con claridad sobre esta transformación fue el director general de Instagram, Adam Mosseri.
Durante diversos encuentros virtuales con usuarios, Mosseri reconoció que estas etiquetas han perdido la influencia que tenían para difundir contenidos y que hoy tienen menos peso para ganar visibilidad.
En sus propias palabras, estos elementos son útiles para la “categorización, pero no para la distribución”. Asimismo, insistió en que “recurrir a ellos no alterará sustancialmente el alcance de las publicaciones”.
En X, antes Twitter, donde este recurso alcanzó su mayor popularidad, su propietario, Elon Musk, ha impulsado una cruzada tanto técnica como visual contra el símbolo.
En diciembre del 2024, Musk se dirigió a su comunidad con una petición directa: "Por favor, dejen de usar hashtags. El sistema ya no los necesita y quedan feos".
Esta postura contraria a las etiquetas dio un paso más en junio del 2025, cuando la plataforma prohibió su uso en los formatos publicitarios y los calificó de "pesadilla estética".
La explicación técnica es que el motor de búsqueda de X, respaldado por Grok —su asistente de inteligencia artificial— ya tiene la capacidad de organizar y comprender el contexto de las conversaciones de manera autónoma, lo que hace innecesaria la presencia del tradicional símbolo.
Por su parte, Meta optó por una estrategia restrictiva con el nacimiento de Threads. En lugar de permitir las habituales listas de hashtags, la aplicación diseñó las denominadas etiquetas de tema (topic tags), limitadas a una por publicación.
A diferencia de los hashtags, estas etiquetas permiten añadir espacios y caracteres especiales, lo que facilita su integración en los textos. El propósito de este diseño, según explicó Mosseri, es "evitar el hackeo del engagement".
Cuando menos es más
Durante más de una década, el sector del marketing digital funcionó bajo la premisa de que, a mayor cantidad de etiquetas, mayor sería también la repercusión del contenido. Sin embargo, el análisis de datos ha terminado por desmontar esta creencia.
Un estudio elaborado por la firma de analítica Socialinsider, tras examinar más de 75 millones de publicaciones de Instagram, confirmó que la cantidad de etiquetas añadidas a una publicación (post) no incide de manera determinante en su alcance ni en el número de impresiones.
El informe señala que la tasa de interacción (engagement) por impresión más elevada, de 3.41%, se registró en los contenidos que empleaban solo entre tres y cuatro hashtags.
Esta tendencia se ha acentuado con el tiempo. Los expertos advierten que recargar las descripciones con términos genéricos como #love, #viral o #picoftheday resulta inútil frente a los algoritmos actuales.

Además de restar credibilidad al perfil, este exceso satura visualmente al usuario y genera una apariencia similar a la del correo no deseado (spam). TikTok e Instagram permiten ahora un máximo de cinco hashtags por publicación.
En febrero del 2024, TikTok suprimió discretamente la visualización de las reproducciones globales acumuladas por cada etiqueta, un dato que creadores y analistas utilizaban para medir el impacto de las tendencias.
Al sustituir esa información por la cifra de videos vinculados a cada término, el hashtag perdió su papel como indicador para calcular la audiencia real. Ahora, las estadísticas parten de las búsquedas.
¿Por qué las redes sociales ya no dependen de estos marcadores para interpretar el contenido? La explicación radica en los avances del procesamiento del lenguaje natural (NLP) y de la visión por computadora (computer vision).
Hoy las plataformas operan mediante tres niveles de evaluación semántica y catalogación en tiempo real. El primero corresponde al plano sonoro, basado en la transcripción automática.
En cuestión de milisegundos, los sistemas descodifican el audio de cualquier video o reel. Por ejemplo, si un creador de contenido gastronómico menciona "la mejor tarta de queso de Madrid", la plataforma procesa ese mensaje y lo posiciona entre los resultados para quienes buscan repostería en esa zona, sin necesidad de añadir etiquetas como #recetas o #madrid.
El segundo nivel corresponde al análisis visual. Las herramientas de reconocimiento de imágenes evalúan la composición de cada escena para extraer su contexto.
Si un usuario comparte una grabación mientras entrena en un gimnasio, el sistema identifica de inmediato las pesas, la postura, los movimientos y el entorno. Además, interpreta automáticamente las palabras escritas sobre el video mediante la tecnología de reconocimiento óptico de caracteres (OCR).
El tercer nivel corresponde al lenguaje escrito. En este caso, el algoritmo analiza las descripciones y los comentarios. No busca términos aislados precedidos por un numeral, sino que interpreta la coherencia y la estructura semántica de las oraciones.
En un entorno digital donde la tecnología puede observar, escuchar e interpretar el sentido real de una publicación con mayor precisión que cualquier marcador manual, el hashtag queda relegada a un papel casi anecdótico. Fue un instrumento clave para entrenar las primeras redes neuronales, pero hoy las plataformas prescinden de él. Su uso responde más a la costumbre de los usuarios más veteranos que a una utilidad real.
Búsqueda por intención
Los hábitos de los usuarios también han experimentado un cambio notable. Ya no es habitual navegar por internet pulsando etiquetas o siguiendo hilos de hashtags —una función que Instagram retiró de las pantallas de inicio debido a su escaso uso—.
Actualmente, las redes sociales operan de forma similar a motores de búsqueda como Google Search. Los usuarios introducen preguntas completas y expresiones naturales basadas en su intención de búsqueda. Esta transformación ha consolidado el auge del social SEO.
En este escenario, las marcas y los creadores que buscan ganar visibilidad ya no dedican su tiempo a encontrar "etiquetas mágicas" con la esperanza de captar grandes audiencias. Prefieren optimizar los textos de sus publicaciones de forma más natural.
Según explica la especialista Jade Beason, Instagram y otras redes evalúan diversos factores, como el uso natural de palabras clave en los textos o la información de la biografía del autor, para clasificar el contenido.

La estrategia dominante consiste ahora en elaborar descripciones detalladas y conversacionales, integrando de forma natural los términos de interés. Así, los pies de foto y los propios diálogos de los creadores se han convertido en la principal guía para el algoritmo.
Esta práctica no solo mejora la visibilidad dentro de los buscadores de las aplicaciones, sino que también facilita que herramientas como Google indexen esas publicaciones y que los videos aparezcan directamente en los resultados de búsqueda de la web.
Pero más allá de las implicaciones técnicas y comerciales, la desaparición gradual del hashtag plantea una transformación cultural en el entorno digital.
El lingüista Adam Aleksic sostiene que, durante su época de mayor auge, este símbolo representó una forma de control democrático de la información por parte de los propios usuarios.
Se trataba de un metadato descentralizado que "no estaba controlado por una plataforma; fue creado por la gente, para la gente". Cualquier persona podía crear una etiqueta y, si la comunidad la adoptaba, se formaba un canal de comunicación directo y autogestionado que escapaba al control de las compañías tecnológicas.
Bajo este modelo nacieron campañas de gran impacto social. Sin embargo, en la actualidad, la pérdida de relevancia de estas etiquetas y el auge de los motores de recomendación impulsados por la inteligencia artificial devuelven a las plataformas el control sobre qué contenido se muestra y cuál no.
Ya no son los usuarios quienes deciden bajo qué concepto se agrupa un debate o una idea. Ahora es un algoritmo cerrado el que determina la distribución de las publicaciones mediante una compleja segmentación de intereses.
De este modo, el símbolo "#" parece regresar a sus orígenes. Aquel carácter que en la década de 1960 se incorporó a los teclados telefónicos como una tecla de función técnica y que después se convirtió durante casi dos décadas en uno de los emblemas de la cultura digital comienza a desaparecer de las pantallas.
Su presencia continuará en la cobertura de acontecimientos en directo y en algunas campañas de imagen corporativa. Sin embargo, su etapa como principal impulsor del descubrimiento de contenido y del alcance orgánico parece haber llegado a su fin.



