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Guatemala, 24 de Abril de 2004

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Opinión

EL QUINTO PATIO
Las invisibles

¿Alguna vez se ha puesto a pensar si usted haría ese trabajo?
Por: Carolina Vásquez Araya

Uno de los síntomas más evidentes del subdesarrollo es la invisibilidad de amplios sectores de la población. En Guatemala es cada día más evidente que la atención de las instituciones, los medios de comunicación y los grupos de poder, se orienta hacia aquellos temas que atañen a quienes influyen en los asuntos del país.

Allí están, por ejemplo, los almuerzos de los diputados -y el ridículo que hacen los representantes del pueblo peleándose a puñetazos por un plato de comida-, la persecución de los corruptos, los tratados comerciales o la guerra de Irak.

Pero pocos hablan de las mujeres campesinas, de los derechos humanos y laborales de las empleadas domésticas o la ley contra el acoso sexual. ¿Por qué? Muy sencillo: porque se refieren a seres invisibles, sin derechos, sin voz y sin representación alguna. Por eso.

El trabajo de la tierra, según serios estudios antropológicos, comenzó a desarrollarse cuando las comunidades primitivas se volvieron sedentarias. Y así como la caza y la defensa del territorio era asunto de hombres, la agricultura siempre fue asunto de mujeres.

En la actualidad, son millones las mujeres que trabajan en el campo. Pero el sistema no las registra, no las contabiliza ni les reconoce su esfuerzo. Simplemente, no existen porque están disimuladas detrás del salario del hombre que representa al grupo familiar.

Lo mismo sucede con el ama de casa, cuyo esfuerzo de toda una vida para construir las bases de la sociedad alimentando, educando y proporcionando un marco valórico a las nuevas generaciones es minimizado tras un argumento que no se sostiene a sí mismo: si la mujer no trabaja afuera del hogar, simplemente no trabaja. Y para ella no existe seguro social ni atención estatal más allá de los rudimentarios servicios básicos que todos conocemos, deficientes y discriminatorios.

Y está la trabajadora del hogar. Esa mujer tan invisible que ni siquiera aparece en las estadísticas. La que no tiene horario, porque su régimen de trabajo depende de la voluntad de sus patronos, así como sus días de asueto, sus horas de sueño, su dieta alimenticia, sus ingresos e incluso su vida más íntima.

Quizás porque supuestamente no existen es que no se las toma en cuenta a la hora de legislar. ¿O será porque es tan cómodo tener esclavos sin derecho a nada en una sociedad incapaz de verse a sí misma tal como es? Si no es así, calcule usted cuál es el aporte económico de las amas de casa, de las campesinas y de las trabajadores domésticas. Luego, opine.

 

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