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EL QUINTO PATIO La caja fuerte
El robo de US$198 mil de la Fiscalía contra la Narcoactividad es apenas uno más de los atracos de rutina.
Por:
Carolina Vásquez Araya
José Rolando Vargas Melgar se llama el empleado acusado por este robo a la caja fuerte de la Fiscalía contra la Narcoactividad y ahora es prófugo de la justicia. Este es uno de los casos más recientes alrededor del cual comienza a surgir información confirmando la debilidad de los sistemas de seguridad en las entidades encargadas de realizar operaciones tan delicadas.
Si la información publicada a través de la Prensa es cierta, éste no sería el primer atraco a las enormes sumas de dinero decomisadas a los narcotraficantes en los operativos de las autoridades.
Se ha especulado mucho al respecto, y el hecho de que los US$350 mil del lote al cual correspondían los US$198 mil birlados por Vargas no se hubiera ingresado oficialmente, registrándolo en calidad de decomiso, da mucho en qué pensar.
Para empezar, no siempre un decomiso de droga -y recientemente hubo uno significativamente grande- implica la declaratoria del decomiso de dinero en efectivo, a pesar de que el modus operandi del narcotráfico siempre involucra efectivo en cantidades fuertes, esencial para abrir fronteras y puertas por donde pase la droga.
Esto podría significar dos cosas. Una: que la droga viniera solita, sin dinero que la proteja, lo cual es altamente improbable o, dos: al decomisar la droga los responsables de hacerlo se hayan guardado los dólares porque, al fin y al cabo... ¿quién se atrevería a denunciarlos si nadie conocía sobre su existencia más que los propios narcotraficantes?
Sin embargo, el hecho de que las instituciones encargadas de combatir el tráfico de drogas acepten en sus filas a personas de conducta dudosa es sumamente preocupante y debilita cualquier iniciativa por combatir efectivamente el tráfico de estupefacientes, el cual está transformando al país en una zona de guerra.
Hace algunos meses se dio otro caso relacionado con esta fiscalía. La droga que constituía evidencia en un juicio se transformó, ¡oh, milagro! en harina. Y algunos años atrás, las autoridades explicaron la desaparición de varios kilos de cocaína almacenados en sus bodegas, afirmando que se la habían comido los ratones.
El hecho de que la ciudadanía haya adquirido el hábito de resignarse a lo imposible, no exime a las autoridades de asumir su responsabilidad por permitirlo. Guatemala trata de insertarse en el mundo firmando tratados de libre comercio y haciendo relaciones públicas, mientras se desmorona por dentro. De continuar así, el Gobierno sólo podrá garantizar el fracaso, dado el colapso de sus instituciones fundamentales y la pérdida de su imagen internacional.
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