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ALEPH Resucitando fantasmas
Como siempre, hay más de una versión sobre el mismo asunto.
Por:
Carolina Escobar Sarti
Ayer estábamos en guerra. No es de extrañar que la ocupación militar que se produjera esta semana en la comunidad de retornados Ixtahuacán Chiquito, del municipio de Playa Grande Ixcán, Quiché, provocase pavor entre la población. Dice un comunicado firmado por el alcalde municipal de dicha localidad y por diversas organizaciones sociales, que eran las 11 de la mañana del día 20 de agosto, cuando siete helicópteros militares aterrizaron en el centro de esa comunidad. De ellos descendieron miembros del Ejército fuertemente armados y con el rostro pintado de negro.
Según el comunicado, cuatro horas más tarde, y después de haber rodeado la escuela para que nadie saliera de allí mientras encañonaban a las mujeres en las viviendas y les arrebataban herramientas de trabajo, aviones y helicópteros seguían sobrevolando las comunidades Fronterizo 10 de Mayo, Los Ángeles y Cuarto Pueblo, colindantes con México.
Durante su estancia en el lugar, los soldados excavaron un sitio arqueológico, supuestamente en busca de armas. Ante estos hechos, buena parte de la población huyó a las montañas, resucitando fantasmas que apenas comenzaban a desdibujarse. A nosotros los capitalinos eso nos parecerá exagerado, pero no sentiríamos lo mismo de haber presenciado una masacre.
Ante esto, el Ministro de Gobernación afirmó que no hubo violencia durante el operativo, que hay narcotráfico en esa región y que reaccionará con firmeza ante esta amenaza, pase lo que pase.
Por su parte, el Ministro de la Defensa justificó la incursión diciendo que iban tras la pista de Otto Herrera y en busca de un depósito de armas que estarían allí para el uso de los narcotraficantes. A propósito, lo anterior sucede a pocos días de que el embajador norteamericano dijera que en Guatemala la lucha contra el narcotráfico no había dado los resultados esperados.
Por su lado, el Frente Nacional de Lucha (FNL) dice en un comunicado que “la incursión armada que tuvo lugar en el Ixcán, torpe e inútilmente disfrazada de lucha contra el narcotráfico y contra el crimen organizado, en realidad no pretende otra cosa más que intimidar a la población e inhibir la lucha del pueblo organizado, que se ha opuesto con firmeza al megaproyecto hidroeléctrico conocido como Xalalá, a la explotación petrolera en varios bloques que ocupan los municipios del Ixcán y Cobán, todos violatorios del convenio 169 y que son parte integral de los megaproyectos del Plan Puebla Panamá”.
Como siempre, hay más de una versión sobre el mismo asunto. Para comenzar, no dudo ni por un segundo que Guatemala sea paraíso de narcotraficantes. Basta ver cuántos edificios que hoy están prácticamente vacíos se han construido durante los últimos años en el país, sin contar los que están por edificarse.
Eso confirma un religioso lavado de narcodólares. No dudo tampoco que las regiones fronterizas sean las idóneas para llevar a cabo este tipo de transacciones. Y menos dudo que algunos habitantes de esas poblaciones estén involucrados en este relajo.
Pero si todo esto se da en la más completa impunidad, es porque hay políticos, militares, abogados, agentes aduaneros, policías, jueces, empresarios y otros personajes de esta narcofauna, metidos en un fructífero negocio que no podría llevarse a cabo sin la colaboración “solidaria” de todos ellos.
A este problema hay que entrarle de frente, pero a partir de una estrategia bien definida y no de acciones aisladas y espectaculares como ésta sobre la cual el mismo Ministro de Gobernación dijo que “desconocía por qué falló, ya que toda la información provino del Ministerio de la Defensa”.
Por otra parte, pocas veces la ciudadanía conocerá realmente todas las intenciones que impulsan una incursión militar. No sería raro que, bajo la sombrilla del combate al narcotráfico, y queriendo quedar bien con “los de arriba”, de paso neutralizaran cualquier movimiento social “inconveniente”.
Pero ese es otro tema. Como sea, lo que menos necesita la Guatemala insegura y violentada de hoy es que la asusten más. A sólo 20 y pocos años de las masacres cometidas en su mayoría por el Ejército, no es conveniente resucitar así a los fantasmas.
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