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Guatemala, domingo 26 de febrero de 2006

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Opinión

COLABORACIÓN
Un Estado clientelar

Las páginas no son suficientes para dar cuenta del derroche que genera esta arca abierta.

Por: Manfredo Marroquín *

El caso del Programa de Apoyo Comunitario Urbano y Rural (Pacur) es una pieza más de un rompecabezas que, visto completo, corresponde a la imagen de un Estado clientelar: aquel que ha renunciado a la formulación y desarrollo de políticas nacionales y en su lugar promueve programas asistencialistas, compensatorios, emergentes, cortoplacistas y desarticulados.

La incapacidad de nuestra sociedad de construir políticas nacionales en casi todos los ámbitos, ha provocado que el fenómeno del clientelismo haya pasado a ser la práctica dominante en la vida política nacional.

En un ambiente de esta naturaleza, los espacios y participación política son copados por los adeptos funcionales a este sistema, mientras que las posibilidades de construir políticas nacionales universales, que son las que dan vida a una sociedad próspera y democrática, se van diluyendo, hasta desfigurar por completo el liderazgo de un país y su destino.

El Pacur ejemplifica cómo el clientelismo ha sido adoptado como política del Estado, al ser una iniciativa conjunta del Ejecutivo y el Legislativo. El clientelismo como fenómeno social se da cuando un individuo con mayor poder (el patrón) aprovecha su influencia y recursos para dar protección, servicios o favores a otros individuos (clientes) que los reciben intercambiando con el patrón asistencia, servicios personales, prestigio social o apoyo político electoral.

En este caso los ejecutores son los patrones, mientras que las comunidades beneficiarias, los clientes, escenario que se complementa con los diputados, que al desempeñar un rol de intermediarios obtienen beneficios electorales, pero a la vez pecuniarios.

El diputado, intermediador en la red clientelar, beneficia su imagen electoral frente a los futuros votantes, a la vez que soborna a las empresas ejecutoras. El clientelismo y la corrupción entran a formar parte de una misma ecuación, subordinando el bien común al beneficio privado.

Cada gobierno pone su granito creando programas o fondos específicos, consolidando el modelo clientelar en una sociedad donde ni siquiera se han construido las capacidades para asegurar las funciones básicas del Estado, como la seguridad y la justicia.

El modelo clientelar va generando, a su vez, un sistema paralelo del gasto público que busca evadir los controles institucionales y que en Guatemala ha adquirido proporciones descabelladas a través de la proliferación de los fondos sociales, los fideicomisos, y las ONG ejecutoras de obra pública.

Las páginas de los diarios nunca serán suficientes para dar cuenta del festín y derroche que genera esta arca abierta, donde los justos son una especie de inadaptados, extraños e incómodos seres que hay que desterrar.

* Director de Acción Ciudadana

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