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A CONTRALUZ La silla vacía
López Obrador aún se lamenta haber rechazado participar en un debate político clave en México, por soberbia y triunfalismo.
Por:
Haroldo Shetemul
EL 25 DE ABRIL DE 2006 se efectuó en México el esperado debate de candidatos presidenciales. Sin embargo, hubo una novedad: Andrés Manuel López Obrador se negó a asistir. Indicó que no participaría “por prudencia” y para “evitar que me ataquen”. Para esas fechas, este candidato, abanderado del Partido de la Revolución Democrática, punteaba en la mayoría de encuestas de opinión y por ello se consideraba seguro de triunfar. Esa noche debatieron cuatro aspirantes y hubo una silla vacía, como evidencia de que un candidato fue invitado y rechazó participar en la discusión de programas de gobierno, de cara al electorado mexicano.
DESPUÉS DE ESA muestra de arrogancia y triunfalismo, López Obrador vio cómo en pocas semanas su holgada ventaja comenzó a venirse a pique y el recién llegado Felipe Calderón, del gobernante Partido de Acción Nacional, ascendió en las encuestas. El final es muy conocido por todos: Calderón se alzó con el triunfo que, aunque cuestionado por lo cerrado de la votación, le valió quedarse con la Presidencia. Por supuesto, la realidad mexicana dista mucho de ser similar a la guatemalteca, pero desaprovechar la oportunidad de convencer a los indecisos por medio de presentar su programa de gobierno en forma más completa, puede ser un tremendo error para un político que quiere ganar más adeptos. Algo de lo que, quizá, aún se lamenta López Obrador.
OTTO PÉREZ MOLINA ha dicho que no volverá a debatir con su oponente. Es muy probable que sus estrategas le hayan indicado que ya tiene el triunfo electoral en la bolsa y que no vale la pena ponerse en un tú a tú con un candidato perdedor. Quizá le han dicho al oído que no le conviene echar a perder su única oferta política, seguridad a secas, ya que es tan elemental que no resistiría una discusión seria sobre el fracaso de las estrategias de mano dura en El Salvador y Honduras, y sobre el riesgo de la militarización del país. A ello se agrega el limitado discurso de este candidato. En las dos confrontaciones que ha tenido con Álvaro Colom, ambas en Libre Encuentro, Pérez Molina ha repetido una y otra vez el estribillo de “con carácter y decisión”, pero con un discurso vacío y con lugares comunes. Es posible que esa sea la razón de fondo de rehuir otras confrontaciones públicas.
EL PRESIDENCIABLE DEL PP afirma que no participará en el debate que está previsto para hoy, y que será difundido por televisión, radio y prensa escrita, porque Colom lo ha insultado y no quiere exponerse más. Pero si vemos en la práctica, Pérez Molina está recibiendo de su propia medicina. Durante más de un año, el PP se ha dedicado a desprestigiar a Colom y a la esposa de éste por medio de campañas negras por correo electrónico y pagándoles a algunos para que escriban barbaridades de su contrincante. Y para tratar de congraciarse con los medios de prensa, a los que ha dejado con los colochos hechos, les ha ofrecido un partido de futbol. Ya veremos quiénes caen en su juego político y que huele a un dulce soborno, muy deportivo, para que se callen la boca.
SI NOS ATENEMOS A las encuestas, Pérez Molina aún no podría cantar victoria. La encuesta publicada por Prensa Libre, elaborada del 18 al 25 de septiembre, le daba una ventaja de 8.8 por ciento sobre Colom. El estudio de Siglo Veintiuno mostraba una ligera diferencia de 7.6 por ciento, ya que se había hecho del 22 al 28 de septiembre. Sin embargo, el sondeo que presentó elPeriódico mostraba una variante significativa: solo 2.5 por ciento a favor de Pérez Molina, porque esa encuesta se hizo del 29 de septiembre al 6 de octubre. Esa tendencia nos mostraría un corrimiento de la opinión de los electores hacia un resultado muy cerrado y difícil de pronosticar. Ya veremos a quién va a beneficiar el espacio vacío que habrá hoy en la noche, cuando el único que se expondrá a un grupo de periodistas muy crítico será el presidenciable de la UNE. La mano dura parece que se aguadó.
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