Prensa Libre - Edición Electrónica

Guatemala, 26 de marzo de 2008

Tipo de cambio

US$1.00 | Q7.60

Búsqueda

  

Archivo digital

Publicidad

Economía

Economía para todos

El viernes negro de 1929 en Guatemala 

Valentín Solórzano, historiador econó- mico, narra la Gran Depresión de 1929.

“(...) un negro presagio cubría el cercano porvenir, y todos estaban conscientes de que algo de extraordinaria trascendencia estaba ocurriendo y que pronto se harían notar las consecuencias”.

Especiales
Fotogalerias
Fotogalerias
Entretenimiento
Mapas de Guatemala
Publicidad

Por josé molina calderón

Opinión

Valentín Solórzano narró en 1989 lo que vio y vivió en la Gran Depresión de 1929.

Viernes negro

“Finalizaba 1929, dejando la decena de 1920 el mejor de los recuerdos, y posiblemente el último de tranquilidad y verdadera paz para la humanidad.

Era niño y estaba aún en el colegio, y mis padres estaban en Europa de paseo, haciendo lo que hicieron otros cafetaleros guatemaltecos, que entusiasmados con los altos precios y la estabilidad financiera de aquella dorada época, no ahorraban, no se preocupaban del futuro, muchas veces la mayor parte de ellas se endeudaban, pero no había que preocuparse, porque “el grano de oro” daría para todo y para todos.

La tarde del 29 de octubre fue precisamente la última en el colegio, y al regresar a casa con grandes letras negras se hablaba del crack de la Bolsa de Nueva York en el Diario de Guatemala, uno de los más leídos de la época.

La tía, a cuyo cuidado habíamos quedado mi hermano menor y yo, hizo negros pronósticos con inteligente intuición de lo que sucedería.

Mi padre regresó precipitadamente de Europa y noticias alarmantes se oían circular respecto de personas que habían sido, para mí, siempre monumentos de solidez económica, de riqueza y de prosperidad. ¡Dicen que don Enrique de tal compró mucho café a Q25, y la caída en el mercado es a Q9 el quintal!

¡Se dice que don Carlos de cual está quebrado por compras de café a precios altos, y que los futuros no son ni la cuarta parte de lo que él pagó! ¡Se dice que don Máximo sutano ha parado de comprar! ¡Que don Otto mengano se ha quedado con el café de mucha gente a quien le compró a Q25 ó Q30, y que no sabe qué hacer con él!

Las festividades de Navidad y Año Nuevo de aquel último girón de los 1920 se celebraron todavía alegremente con champán y suntuosos bailes en los clubes de Guatemala, pero un negro presagio cubría el cercano porvenir, y todos estaban conscientes de que algo de extraordinaria trascendencia estaba ocurriendo, y que pronto se harían notar las consecuencias.

Cafetaleros quiebran

Muchos conocidos compradores y exportadores de café quebraron, y muchos finqueros empezaron a pasar las de Caín para pagar sus deudas, ya sea a los exportadores, o a los pocos bancos que entonces otorgaban créditos de avío.

Se empezaron a vender los Packards, muchas familias empezaron a apretarse el cinturón, y yo, con alegría por una parte y tristeza por la otra, vi regresar a mis dos hermanos mayores que estudiaban en Alemania.

Para empeorar la situación, a mediados del año 1930 se enfermó y se agravó aquel noble gobernante que fue el general don Lázaro Chacón.

Alrededor de su enfermedad se tejían toda clase de conjeturas, y en su casa situada en a 6ª Av. entre 5ª y 6ª calles, que ocupó después muchos años la Embajada de México y el Instituto de Turismo, iban y venían sus angustiados amigos y colaboradores.

Nosotros seguíamos de cerca la situación, porque mi padre había sido su ministro de Agricultura y lo unía a don Lázaro una sólida amistad.

Finalmente, la Asamblea Legislativa decidió entregarle el poder por incapacidad física del gobernante, al primer designado, Baudilio Palma.

Don Baudilio era del clan de los Chacón, de los Castañeda, de Zacapa, de los Paz y de una pléyade de hombres progresistas y honestos, que lucharon con mi padre en las lides políticas, y por eso su nombramiento nos alegró, aun cuando sintiéramos tristeza por la partida del general Chacón, quien salió hacia Estados Unidos en búsqueda de salud.

Ametralladoras

Estábamos jugando desprevenidamente con mis hermanos, el 17 de diciembre de 1930 en la casa situada en la 7ª avenida y 3ª calle, cuando comenzó un nutrido tableteo de ametralladoras.

Grandísimo fue nuestro susto al ver tendidos en la banqueta de nuestra casa a numerosos soldados que disparaban, quienes entraban por la 3a. calle y callejón Manchén, y otros, por la 4ª y 6ª avenida, y atacaban la Casa Presidencial.

Siguiendo las modalidades de la época, toda la familia se encerró en un cuarto y forraron las paredes con los colchones de las camas, para evitar el peligro de las balas.

Eran todavía las 7 de la noche y parecía ser que no se había resuelto la situación. Pero como no se cortaron los teléfonos, recibíamos constantes noticias, y una de ellas fue la de la muerte del coronel Filiberto Aguilar Bonilla, prestigioso militar graduado de la Academia de Segovia, España, y que era amigo de la familia.

También supimos de la muerte del general Mauro de León, ministro de la Guerra en el gabinete de don Lázaro Chacón”.

Portada | Nacionales | Departamentales | Económicas | Opinión | Deportes | Cultura | Buena Vida | Espectáculos

© Copyright 2007 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.

Políticas de Privacidad | Contactos | Sus comentarios sobre el sitio