Guatemala, 26 de marzo de 2008

CATALEJOPetróleo y ley oferta-demandaMario Antonio Sandoval

PUNTO DE VISTAViolencia en VenezuelaSadio Garavini Di Turno

COLABORACIÓNHacia atrásJaime Francisco Arimany Ruiz

ECLIPSEAbogacía y notariadoIleana Alamilla

A CONTRALUZEscenas de migrantesHaroldo Shetemul

CARA PARENSAbraham Samuel Pérez¿Le lavo su carro, don?
A pesar de no ser políticamente correcto, analizar un problema desde una visión pragmática ayuda a no sesgarse ideológicamente. Al final del día, buscamos lograr en Guatemala una economía de mercado sana, que brinde oportunidades a todos y permita a la vez el desarrollo humano.
Parafraseando a Lizardo Sosa: “Mercado donde sea posible y Estado donde sea necesario”. Dicho esto, me refiero al artículo del doctor Hugo Maúl, a quien guardo respeto y aprecio; mas no puedo decir lo mismo de su columna del lunes 17, titulada “¿Le lavo su carro, don?”. Hugo Maúl cuenta la historia del Canche, que lava carros en la llamada informalidad, dejando ver que formalizar una empresa (es decir, inscribirse legalmente, pagar impuestos y cumplir la ley) no es lo idóneo, dadas las particularidades en Guatemala.
Pienso que el análisis de Hugo está incompleto. No hace falta recordar que, para emprender el negocio de lavado de carros, el Canche debe utilizar agua entubada que la municipalidad proporciona. O que para lavar los carros no debe “pagar” un local, o que cuando está oscuro, los postes de luz alrededor son los que iluminan su actividad, o que para ir a su casa, al Canche no le alcanzaría pagar un taxi privado, sino deberá usar un maltrecho bus subsidiado… and there is no free lunch! Si contabilizáramos todos los costos que el Canche recibe por parte del Estado a través de subsidios, o como un free rider, lavar el carro tendría un precio mucho más alto del que cobra el Canche. Tal vez lo mismo que los car-wash de la zona 4, donde el Canche no podría competir.
Entonces, para ser justos y objetivos con el análisis, veamos la película completa: quienes trabajan en la economía informal reciben beneficios que el Estado brinda, pero no están aportando a cambio. Los emprendedores formales en esa industria, que hicieron todos los trámites para formalizarse, dan factura, pagan sus impuestos y, al final de todos los costos, sacan sus utilidades netas, compiten en desigualdad con el Canche. Yo le pregunto a Hugo, si no existieran los servicios públicos que el Canche recibe “gratis”, ¿será que el Canche produciría suficientes ingresos como para pagar a sus hijos escuela y universidad privada, llevarlos al hospital privado o pagar taxi cada vez que va a lavar carros? No se busca promover que el Estado brinde soluciones a los problemas que las personas por sí mismas pueden afrontar. Se busca que el Estado cree las condiciones mínimas para que las personas salgan adelante por sí solas.
Finalmente, bajo el argumento “políticamente correcto” de salir de la pobreza a través del libre intercambio, entonces, aunque suene cínico, los vendedores de discos compactos piratas, la trata de blancas o los traficantes de drogas también debieran justificarse.
Guatemala está en una espiral de ingobernabilidad, ocasionada por muchos factores, entre ellos, el desprestigio sistemático al Estado, al pago de impuestos, a la ética y a una sociedad menos desigual. El problema de evaluar la economía como una transacción de oferta y demanda únicamente es que los problemas sociales se obvian. La economía envuelve algo más importante que el dinero: el bienestar humano. Es allí donde termina el mercado y empieza la Ciencia Económica.
Samperez@url.edu.gt
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