Guatemala, 26 de junio de 2009

CATALEJO
Sobre la consulta de los rectoresMario Antonio Sandoval

DE MIS NOTASPréstamos macondianosAlfred Kaltschmitt

SIEMPRE VERDELa ola de la muerteMagalí Rey Rosa

VENTANAUna hora históricaRita María Roesch

COLABORACIÓNSan Josemaría EscriváFrancis Wurmser (*)

IMAGEN ES PERCEPCIÓNBrenda Sanchinelli IzeppiHistoria y honor
Se cumplen 138 años de la fundación del Ejército de Guatemala, el análisis retrospectivo nos permite interpretar la importancia de este hecho histórico. En la revolución liberal de 1871 se conformó la moderna estructura militar, el anhelo del general Justo Rufino Barrios fue llevar desarrollo e industrialización al país, introduciéndolo exitosamente en la dinámica económica y política internacional es él quien trae al país los primeros misioneros protestantes, además de reformar en pro de la educación laica y pública; la historia de nuestro país no puede desprenderse de los hechos generados por la institución militar.
¿Qué hubiera sido de Guatemala sin la institución armada?, se sigue señalando el aspecto de las violaciones a los derechos humanos durante la época del conflicto armado, pero nada se dice en cuanto a que el Ejército redujo sus filas como se estableció en los acuerdos de paz. Cuando el conflicto termina, la institución armada acepta las nuevas tareas que se le asignan, con honor, obediencia y profesionalismo.
Por el contrario, la insurgencia jamás ha pedido perdón por los crímenes cometidos, secuestros, adoctrinamiento ateo y la destrucción de la infraestructura nacional.
Cargando con el peso del pasado, con errores y aciertos, la institución militar realiza hoy tareas de protección a la ciudadanía, ayuda humanitaria; en los desastres son ellos y sus botas quienes cargan a los soterrados y perdidos entre el lodo y el fango, reconstruyendo puentes y aldeas.
Ellos se han adaptado siempre a las exigencias de los tiempos, han modernizado su sistema educativo a estándares internacionales, han adoptado la doctrina moderna de defensa y derechos humanos.
Ellos son la última reserva moral de este país, donde el sector privado en raras ocasiones ha pensado en términos del bienestar de todos, donde algunos rectores universitarios juegan a políticos que les importa el destino de la gente. Donde muchos profesionales hacen de su carrera una vergüenza, valiéndose de ella para delinquir con guantes blancos.
Los militares inculcan en sus filas el amor a la patria y el cumplimiento del deber, aun acosta de su propia vida, y son ellos hoy en quienes el país descansa para afrontar las amenazas no tradicionales y emergentes, debido a la debilidad, corrupción y carácter sanguinario de las fuerzas de seguridad civil.
El honor es la riqueza más grande que puede poseer un ser humano, y los militares, como hombres y mujeres de honor, han sido protagonistas de la historia de nuestra patria, aunque a algunos no les guste esta verdad.
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