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Sembrar a ciegas ya no es opción: si el clima falla, la agricultura puede usar datos
Nuevas plataformas permiten prever riesgos como sequías o heladas en Guatemala y decidir mejor qué producir. Pero, sin reglas claras y herramientas simples para los agricultores, ese potencial podría quedarse a medio camino.
La implementación de herramientas tecnológicas podría no solo ayudar a los productores a saber qué sembrar, sino anticiparse a ventos climáticos. (Foto Prensa Libre: Freepik).
El Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA) lanzó esta semana el Geoportal, una herramienta tecnológica que permite monitorear los distintos cultivos del país. A través de esta plataforma se puede visualizar cómo las condiciones climáticas de cada región pueden impactar en la producción agrícola.
También permite identificar amenazas climáticas en tiempo real, como sequías, heladas o inundaciones, que podrían afectar las cosechas. Además, permite identificar áreas potenciales de cultivo; es decir, se pueden ingresar las coordenadas del terreno y saber qué producto es apto para cosechar en ese suelo.
De acuerdo con Marcos Rodríguez Barco, especialista en sistemas de información de la Asociación Nacional del Café (Anacafé), el agro en el país enfrenta fuertes desafíos en productividad y competitividad. “Hay muchos factores externos que afectan la productividad, como el cambio climático, los desafíos económicos y los precios. Una salida para poder estar vigentes y competitivos es tener una agricultura basada en datos, lo cual se logra auxiliándose de tecnologías digitales”, mencionó.
Reconoció que las entidades han ido avanzando en la producción de datos y que el país se encuentra en una mejor posición que hace años en cuanto a herramientas tecnológicas. Además, señaló que el paso que dio el MAGA es un aporte intermedio. “El producto construido hoy lo miro con buen potencial para técnicos, no tanto para el usuario final. En el caso de las fichas agroclimáticas, sí hay bastante potencial, porque ya está como para el consumidor final”, comentó.
Añadió que las herramientas digitales deben ser fáciles de comprender para los agricultores. “Tenemos que crear aplicativos que sean usables para el productor, que sean lo más sencillo posible. Pensemos en el productor más pequeño, que tenga tal vez el nivel más bajo de alfabetización digital”, dijo.
Para Barco, los próximos pasos son, primero, generar evidencia del uso de la información que ya se encuentra publicada; lo segundo es generar inteligencia agrícola a partir de esos datos. “No solo es papel del MAGA, sino de todas las partes interesadas”, dijo.
Además de las herramientas desarrolladas por instituciones nacionales, el monitoreo agrícola también se apoya en sistemas internacionales de observación de la Tierra. Uno de ellos es Copernicus, el programa satelital de la Unión Europea (UE), que ofrece datos sobre variables climáticas y ambientales. “Es un conjunto de satélites que toman datos de distinta naturaleza y, dependiendo de los intereses del usuario, estos datos se pueden utilizar para distintos análisis”, explicó Claudia Barillas, oficial de proyectos de la Delegación de la UE en Guatemala.
Según indicó, la información generada por estos satélites permite analizar distintos factores que influyen en la agricultura. “Copernicus da datos bastante importantes para este tema: la actividad de fotosíntesis, que mide la salud de la cobertura vegetal; la temperatura y la humedad del suelo”, señaló Barillas.
A estos indicadores se suman otros datos climáticos que también pueden ser utilizados para el análisis agrícola. “Información sobre lluvia, viento o radiación solar. Al utilizar esos datos se pede determinar cuál es la cobertura vegetal que hay en determinada área, cuál es su salud o identificar riesgos como incendios, inundaciones o deslaves”, agregó.
Fernando Zuluaga, gerente del Sector Agrícola de Agexport, explicó que contar con información estratégica, no solo de georreferenciación, sino también con herramientas de inteligencia, permite buscar nuevos mercados con mayores oportunidades para los agricultores guatemaltecos. “Permite la búsqueda de mercados con mayores oportunidades para los productos agrícolas que tiene Guatemala, tanto los que ya exporta como aquellos con potencial de exportación. Permite entrar con mayor posibilidad de competitividad a esos mercados”, dijo.
Agregó que Guatemala tiene alrededor de 300 agroclimas, lo que le da un potencial de producción invaluable. “Esta es la oportunidad para que, apoyándonos en herramientas de esta naturaleza, es decir, tanto la georreferenciación como los estudios de mercado, estos elementos permitan establecer una planeación que es muy importante para, con visión de futuro, obtener una orientación estratégica en cada una de las cadenas de valor que queramos impulsar”, mencionó.
Los beneficios
La incorporación de herramientas tecnológicas en la agricultura puede generar cambios en la forma en que se toman decisiones y se gestionan los cultivos. Barco explica que uno de los principales efectos es la mejora en la eficiencia de distintos procesos que tradicionalmente requieren una alta inversión de tiempo y trabajo en campo. “Hay muchos procedimientos, por ejemplo, el muestreo de plagas, que requerían muchas horas hombre. Con estas aplicaciones se reduce en gran medida el tiempo”, indicó.
Otro cambio, según Barco, está relacionado con la capacidad de analizar con mayor profundidad los sistemas productivos, lo que permite tomar decisiones con base en información y no únicamente en la experiencia o la intuición. “Necesitamos una agricultura basada en datos para la toma de decisiones. El principal cambio que se está logrando es dejar de tomar decisiones basadas en la intuición o en aventurarse a los cambios climáticos, sino anticiparse”, explicó.
Desde el sector productivo, Carlos Bácaro, gerente general de Palín, S. A., y Guatemala Real Café, considera que la incorporación de nuevas tecnologías también permite mejorar los procesos en la cadena del café, tanto para exportación como para consumo interno. “Afianzar nuestros procesos con nueva tecnología nos permite garantizar que aún mejoremos nuestros procesos de café para poder hacer una exportación o un consumo local de nuestro café de manera adecuada”, indicó.
Zuluaga coincide en que la innovación tecnológica puede tener efectos en la productividad y en la capacidad del país para responder a las demandas de los mercados internacionales. Según explicó, la incorporación de herramientas tecnológicas y agroinsumos de última generación puede contribuir a mejorar la eficiencia en el uso de recursos. “Si nosotros no pensamos hoy en día en innovar con nuevos criterios técnicos, con nuevas herramientas tecnológicas y con nuevos agroinsumos de última generación, no podríamos avanzar”, indicó.
Zuluaga señaló que el uso de tecnología también permite cumplir con los protocolos sanitarios y fitosanitarios que exigen distintos mercados para la importación de productos agrícolas. “A partir de la innovación podemos entrar con alta producción, alta productividad, alta eficiencia en el uso de los recursos y con el cumplimiento de protocolos que los mercados internacionales hoy demandan”, afirmó.
En ese contexto, añadió que la adopción de tecnología en el sector agrícola no solo responde a una tendencia, sino a una necesidad. “Hoy en día, el uso de la tecnología en el medio rural no es únicamente una opción, es un requerimiento que vamos a tener que ir sensibilizando a la población para su uso”, señaló.
Bácaro también indicó que la implementación de tecnología permite mejorar la trazabilidad de los procesos productivos, un aspecto cada vez más solicitado en los mercados. “Utilizar una nueva tecnología nos garantiza que podamos tener mejores procesos, pero eso también afianza la trazabilidad que nos solicitan. Un proceso con mayor tecnología tiene mayor índice de inocuidad y mejores controles”, explicó.
Apoyo a pequeños productores
Zuluaga subrayó la importancia de que estos procesos incluyan a pequeños productores y comunidades rurales. “Tenemos pequeños y microproductores a los que tenemos que apoyar e impulsar para poder incorporarlos a encadenamientos productivos”, indicó.
Según explicó, el acceso a tecnología, capacitación e infraestructura puede influir en el desarrollo de las áreas rurales y en su integración a los mercados. “Los esfuerzos para poder educar y dotar de infraestructura tecnológica juegan un papel fundamental en el desarrollo rural y el desarrollo agrícola del país”, afirmó.
Advirtió que la falta de acceso a estas herramientas podría tener consecuencias para la competitividad del país en los mercados internacionales. “Se van a perder mercados, se van a perder ingresos y se va a perder la divisa del país”, señaló.
Sin embargo, agregó que el impacto más significativo podría darse en las áreas rurales que tienen potencial productivo pero que, sin apoyo o inversión, podrían quedar rezagadas. “Lo más importante que se va a perder es la capacidad de producción y de desarrollo de áreas y territorios rurales que, teniendo potencial, si no se les da la oportunidad pueden quedar en rezago y en condiciones de pobreza o pobreza extrema”, indicó.
Bácaro considera que la incorporación de tecnología en el sector agrícola debe darse de manera transversal, incluyendo a productores de distintos tamaños. “Todo esto se trata de implementar de manera transversal, desde los pequeños productores hasta los grandes. La tecnología poco a poco va llegando”, afirmó.
Hace falta implementar políticas
Para que la incorporación de tecnología y el uso de información digital tengan un impacto en el sector agrícola, es necesario desarrollar políticas públicas que orienten estos procesos. Barco explicó que estas deberían partir de una comprensión de las necesidades del sector. “Deben estar basadas en tres principios fundamentales. El primero es tener una comprensión profunda de las necesidades del agro. Eso permite identificar, mapear los problemas, priorizar y organizar la generación de soluciones”, señaló.
El segundo principio está relacionado con la integración de los distintos actores que participan en el ecosistema. Actualmente, instituciones públicas, empresas privadas, gremiales, universidades y organizaciones de cooperación internacional desarrollan herramientas y generan información para el sector. “Muchos de esos esfuerzos tienen el potencial de unirse para no duplicar trabajo y crear algo más potente”, indicó.
El tercer principio que menciona está relacionado con el empoderamiento de las personas que trabajan directamente en el territorio. Según explicó, uno de los retos es que los productores participen en la generación de información que permita mejorar las herramientas digitales. “Hay que enseñarle al productor a dar retroalimentación a través de las aplicaciones”, indicó.
Barco explicó que tecnologías como los satélites generan grandes volúmenes de datos sobre lo que ocurre en las plantaciones, pero que estos requieren información proveniente del campo para ajustar y mejorar sus análisis. Sin embargo, recolectar esos datos a través de técnicos puede ser costoso. “Tenemos la gran oportunidad de que el productor nos brinde datos, pero históricamente en Guatemala no es fácil extraer datos del productor, porque muchas veces hay desconfianza sobre para qué se utilizará esa información”, señaló.
En ese sentido, considera necesario establecer políticas de gobernanza de datos que permitan organizar y clasificar la información generada en el sector agrícola. “La principal política pública debería ser una gobernanza de datos que permita identificar todas las fuentes de información, darles una etiqueta de calidad y organizar campañas de creación de nuevos datos o de normalización de los que ya existen”, explicó.
Además, planteó la necesidad de promover buenas prácticas en la generación de contenido digital y desarrollar mecanismos para reducir la desinformación. “También se necesita una política que fomente buenas prácticas de creación de contenido digital y otra que sea dura con la desinformación, dándole criterio al agricultor para consumir información confiable”, indicó.
Miradas al futuro
El uso de tecnología en la agricultura podría ampliarse en los próximos años, a medida que más productores incorporen herramientas digitales. Barco, de Anacafé, considera que el sector podría experimentar un proceso gradual de digitalización en el corto plazo. “Nosotros vemos a cinco años a muchos agricultores funcionando digitalmente. Los que logren agarrarle el sabor a la tecnología, ojalá pudiéramos ver a muchos de estos pequeños productores en ese formato”, señaló.
Barco también considera que en los próximos años podría mejorar la precisión de los pronósticos climáticos utilizados en la agricultura. “Vemos también un aumento de la precisión en los pronósticos climáticos en los próximos cinco años. Ese ha sido un desafío muy fuerte porque el clima es muy errático y, sobre todo, acá en Centroamérica, que es una región montañosa”, explicó.
Zuluaga, de Agexport, plantea que el desarrollo del sector agrícola requiere una planificación estratégica que trascienda los horizontes de corto plazo. “Esa visión estratégica yo diría no a cinco años, incluso habría que proyectarnos en el horizonte a diez o quince años”, indicó.
Paralelamente, señaló que también es necesario impulsar cadenas productivas orientadas a los mercados internacionales. “En una visión a cinco o diez años podemos establecer desde ya una estrategia de mediano y largo plazo para impulsar los encadenamientos productivos que son los más atractivos para los mercados internacionales”, afirmó.
Zuluaga explicó que para alcanzar estos objetivos se requiere una combinación de factores. “Si tenemos identificados los mercados, los protocolos fitosanitarios y sanitarios, la logística apropiada con aduanas, puertos, aeropuertos y fronteras eficientes, y esquemas de financiamiento que permitan acceder a agroinsumos, maquinaria y capital, esa es la oportunidad para que Guatemala tenga una estrategia de mediano y largo plazo exitosa”, señaló.
También destacó el papel del Estado en el desarrollo del sector agrícola, especialmente en áreas como la infraestructura, la educación y las políticas públicas dirigidas al campo. “El Estado tiene mucha responsabilidad en llevar al campo la educación y la formalización de los procesos de producción y transformación de la agricultura nacional”, indicó.
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