Pluma invitada

Las arenas de competencia y la oportunidad estratégica de América Latina

La región puede capturar valor mediante la adopción acelerada de estas tecnologías.

En el entorno global, las reglas cambian rápidamente y el crecimiento se concentra en “arenas de competencia”, concepto analizado por McKinsey en los últimos tres años. Impulsadas por disrupciones tecnológicas y mayor inversión, estas arenas han crecido cerca de cuatro veces más rápido en valor de mercado y 10 veces más en ingresos que el resto de las industrias. En el centro destacan dos olas: la base de inteligencia artificial —semiconductores, servicios en la nube y software de inteligencia artificial (IA)— y la digitalización —publicidad digital, comercio electrónico, ciberseguridad y videojuegos—.


El avance no es marginal: desde 2022, las industrias base de la IA han generado cerca de US$500 mil millones en ingresos adicionales y más de US$11 billones en valor de mercado, impulsadas por mayor inversión en infraestructura tecnológica, especialmente en capacidad de cómputo, y beneficiando a empresas con escala global. Sin embargo, es un crecimiento altamente concentrado: alrededor del 90% del valor de mercado se ubica en empresas de Estados Unidos y China, mientras América Latina participa con cerca del 5% del valor y apenas el 1% de los ingresos globales. Aun así, no todo está perdido.


Una de las principales fortalezas de la región son sus recursos naturales: concentra cerca del 70% de las reservas globales de litio y alrededor de un tercio de las de cobre, minerales claves para múltiples arenas. A su vez, la región muestra dinamismo en ciertas arenas, como digitalización, al contar con capacidades locales para competir.

Aunque la región no parte desde el centro, su combinación de recursos, posición geopolítica y mercados en expansión le da una base para integrarse estratégicamente si actúa a tiempo.


Oportunidades en todos los frentes: la arena de IA, por ejemplo, se estructura en cinco capas: energía, recursos, cómputo, modelos fundacionales (LLM) y aplicativos, como ha señalado Jensen Huang, CEO de Nvidia. En nuestro caso, Guatemala ya puede jugar en las capas de energía y recursos, pero es necesario invertir para competir en la de cómputo —creando data centers—, donde la latencia y su ubicación representan una ventaja. Y, finalmente, los emprendedores tienen un rol clave en la capa de aplicativos, enfocándose en soluciones locales en sectores como logística, salud o servicios.


Otra dimensión clave es la posición geopolítica de América Latina: su relativa neutralidad y relaciones comerciales diversificadas la hacen atractiva para inversión extranjera directa, con anuncios greenfield que crecieron de US$379 mil millones (2018- 2021) a US$541 mil millones (2022-2025), reflejando mayor interés en desarrollar capacidades productivas vinculadas a estas arenas. A la vez, la región puede capturar valor mediante la adopción acelerada de estas tecnologías, lo que podría elevar significativamente la productividad y generar incrementos de ingresos de decenas o cientos de miles de millones de dólares hacia 2040.


El principal reto para los líderes empresariales en América Latina es definir en qué eslabones competir con ventaja, tomando decisiones sobre inversión, alianzas y capacidades con visión a largo plazo. Estas arenas seguirán concentrando talento y valor, por lo que ignorarlas implica rezago, mientras que aprovecharlas puede impulsar una transformación estructural. Aunque la región no parte desde el centro, su combinación de recursos, posición geopolítica y mercados en expansión le da una base para integrarse estratégicamente si actúa a tiempo.

ESCRITO POR:

Santiago Carbonell

Socio de McKinsey & Company

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