Deporte Internacional

Richard Carapaz, de sobresalir en la Vuelta Ciclística a Guatemala del 2013 a conquistar el Giro de Italia

Una bicicleta que rodaba sin neumáticos le hace recordar su niñez. Sobre ella, rescatada de la chatarra y guardada como reliquia familiar, pedaleó el ecuatoriano Richard Carapaz, quien este domingo se convirtió en el segundo latinoamericano en conquistar el centenario Giro de Italia. Hace seis años participó en la Vuelta Ciclística a Guatemala.

El ecuatoriano Richard Carapaz (Movistar) rompió todos los pronósticos anteriores a la disputa del Giro de Italia al convertirse este domingo en Verona en el primer ciclista de su país en ganar una Gran Vuelta por etapas (Foto Prensa Libre: AFP)

El ecuatoriano Richard Carapaz (Movistar) rompió todos los pronósticos anteriores a la disputa del Giro de Italia al convertirse este domingo en Verona en el primer ciclista de su país en ganar una Gran Vuelta por etapas (Foto Prensa Libre: AFP)

“Esto lo inició como un juego, pero con la perseverancia llegó a la cúspide”, dice Cristina, una de las dos hermanas de Carapaz, en referencia a la vetusta BMX de color azul, cuyas ruedas están tomadas por el óxido.

Emocionada hasta las lágrimas tras ver a su hermano coronarse campeón del Giro de Italia 2019, Cristina sostiene que “tenía la plena seguridad de que Richard iba a ser un gran triunfador”.

Sobre la vieja bicicleta el nuevo monarca del Giro recorría los polvorientos y empedrados caminos de su aldea Playa Alta, enclavada en la cordillera de los Andes y fronteriza con Colombia (norte de Ecuador).

Cuando era niño, Richy, quien el pasado miércoles cumplió 26 años luciendo la ‘maglia’ rosa de líder del Giro, sufrió el robo de la única bicicleta de la familia.

Hace unos 15 años, su padre Antonio, dedicado al transporte de chatarra y a la agricultora, llegó a casa con un cargamento del que la pequeña BMX fue recuperada sin asiento, ni frenos ni pedales.

Carapaz, conocido como la Locomotora por su fortaleza para escalar, la puso a rodar en “esqueleto”, ascendiendo y descendiendo caminos de su humilde caserío, asentado sobre los tres mil metros sobre el nivel del mar.
Tal era la condición de la bicicleta, que frenaba con las suelas sobre el aro.

Hoy la hazaña de Carapaz llevó al presidente de Ecuador, Lenín Moreno, a plantear la eliminación de los impuestos a la importación de bicicletas de competencia, como una manera de alentar ese deporte en el país.

“Mi bici era especial”, dijo en un reciente video divulgado a través de su cuenta en Twitter Carapaz, quien se convirtió en el primer ecuatoriano y segundo latinoamericano, después del colombiano Nairo Quintana (2014), en ganar el Giro.

El ciclista, quien milita en el Movistar Team, logró en el giro a Guatemala del 2013 conquistar la categoría Sub 23.

Además, quedó en el segundo lugar de la etapa que ese año terminó en Huehuetenango. En la clasificación a general quedó en el noveno puesto.

Reliquia familiar

La vieja BMX está guardada “como reliquia de la familia”, indica Cristina, de 27 años. En 2017, cuando Richy ya militaba en el equipo español Movistar, ella y una prima limpiaron la bicicleta abandonada en el rincón de una bodega.
Ahora está dentro de casa. Cuando en una ocasión Carapaz la vio exclamó “recordar es vivir”, cuenta Cristina.

En paredes de la humilde casa de los Carapaz, asentada en una colina desde la que se divisan verdes montañas, cuelgan medallas y cuadros con fotos, recortes de prensa y camisetas del ciclista como la ‘maglia’ blanca que consiguiera en 2018 por ser el mejor juvenil del Giro. La malla lleva una dedicatoria: “Con mucho amor para mis padres Ana y Antonio”.

También adorna el maillot con el que ganó la Vuelta a Asturias en 2018, otra dedicada a sus progenitores por parte de La Locomotora, que hasta la adolescencia ayudó a la familia con el sacrificado trabajo en el campo.

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Carapaz, casado con la ecuatoriana Tanya Rosero y con dos hijos (Santiago, de cinco años, y Sofía, de dos), hizo “bici por hacer” hasta los 15 años de edad. “Tengo que comerme al mundo con la bici”, decidió entonces, como él mismo relatara, militando en los equipos ecuatorianos Panavial y RPM.

En 2015 pasó al colombiano Strongman-Campagnolo, que al siguiente año lo dejó ir al español Lizarte, en el que estuvo unos meses como escalón previo al Movistar. Cristina señala que Lizarte invitó a Carapaz por seis meses a prueba y sin sueldo. “Como siempre ha sido arriesgado, Richard dijo: ‘me voy'”, anota.

El técnico colombiano Luis Alfonso Cely, quien lo dirigió en el Strongman-Campagnolo, expresó que Carapaz “es un gran escalador, tiene una gran potencia en los remates de alta montaña, es un corredor que se defiende bien en la contrarreloj”.

Y lo demostró este 2019 al mantenerse como líder indiscutible desde la decimocuarta de las 21 jornadas hasta subirse este domingo al podio en Italia, hasta donde viajaron sus padres, su esposa y sus hijos para acompañarlo.

Mientras tanto en Ecuador se prepara un recibimiento con su comida favorita: Cuy (conejillo de indias) a la brasa, acompañado de papas, mellocos y habas, y el endulzado morocho (maíz duro) con leche.

También volverá para a ser homenajeado por los vecinos del empobrecido caserío de Playa Alta, donde Carapaz tiene una escuela de ciclismo que lleva su nombre y en la que practican una docena de estudiantes de nueve a 17 años.

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