Alfred Kaltschmitt
Licenciado en Periodismo, Ph.D. en Investigación Social. Ha sido columnista de Prensa Libre por 28 años. Ha dirigido varios medios radiales y televisivos. Decano fundador de la Universidad Panamericana.
NOTAS DE Alfred Kaltschmitt
Elecciones mudas, porque el 95 por ciento del tiempo, ¡oh democracia! los candidatos no pueden aparecer en ningún programa de radio, televisión, foro, debate, documental, video, etc, abordando temas que le incumben al demos —pueblo— porque al tenor de los vacíos de la actual revisada, modificada y desordenada Ley Electoral y de Partidos Políticos pueden ser descalificados por “campaña adelantada”. En su afán de evitar los excesos de los candidatos del pasado, las autoridades electorales botaron al bebé con todo y el agua, dejando un vacío peligroso, agazapado detrás de la “mentecilla” discrecional.
Donde dos o tres de ustedes estén reunidos, suban la antena y presten atención, porque “algo están tramando estos desgraciados”… —pareciera ser el rumor que deambula entre los corrillos y corredores de cabildeo políticos. Unos, negociando el presupuesto general de la Nación más alto de la historia; otros, confabulando para el caso el Infiernito; y otros, planificando las maniobras prelectoreras para eliminar competencia.
El viejo sabio Winston Churchill ya olía el venenillo del “manejo mediático” y de la “agenda setting”, en aquellos tiempos en que la letra impresa y la radio eran los altoparlantes que formaban opinión. Siempre se supo que la opinión pública era una amalgama de noticias, opiniones y conjuros envuelta en un bolsón difuso y cambiante llamado la “opinión pública”.
Si hay una demostración palpable de que las personas responden a los incentivos de un Estado funcional, en donde el respeto a la vida, a la propiedad y a la libertad permite un sistema que facilita la generación de riqueza, empleos y la producción de bienes y servicios, la caravana de migrantes es el mejor ejemplo.
Como si fuesen correntías hidrológicas, la industria de la conflictividad tiene varias vertientes por donde desfogan todas sus cargas oscuras, sus cuantiosos intereses económico-políticos y las estrategias para adelantar sus agendas espurias.
De cada 10 casos penales que entraron al sistema de justicia solo 3 fueron resueltos. /CIEN
Es evidente que lo que estamos viviendo el día de hoy es una confrontación ideológica disfrazada de argumentos relacionados con el combate a la corrupción y la impunidad. La estrategia es obvia: Se maximizan los errores del gobierno, sus pifias y torpezas, se minimizan sus logros, pero también los desaciertos y errores de una Comisión con casi 12 años en Guatemala, incluyendo el mal manejo de Guterres a las quejas del Gobierno de Guatemala, dadas a conocer públicamente por el embajador Skinner Klee. Minimizan también la salida de Estados Unidos del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, calificando al consejo “como hipócrita y cloaca de prejuicios políticos”.
Hoy martes el presidente de la República hablará en la 73 Asamblea General de la ONU. Es de esperar que en su discurso aborde las discrepancias que existen entre el gobierno de Guatemala y la ONU/Cicig y el deterioro a nivel de rompimiento a que han llegado.
Durante 11 años hemos tenido a la Cicig en Guatemala tratando de combatir la corrupción y la impunidad. Este columnista ha escrito a lo largo de esa década y pico muchas columnas. En ellas se puede seguir un interesante hilo histórico a través de las diversas fases de la Cicig, sus comisionados, sus desafíos, sus derrotas.
Henos aquí, 11 años después, tratando de reformar a la Cicig. Polarizados, entre movimientos organizados de la llamada sociedad civil, izquierda, progre, —o como se le quiera llamar— y una variopinta derecha, conservadora —o como se le quiera llamar— de diversas tonalidades.