Alfred Kaltschmitt

Licenciado en Periodismo, Ph.D. en Investigación Social. Ha sido columnista de Prensa Libre por 28 años. Ha dirigido varios medios radiales y televisivos. Decano fundador de la Universidad Panamericana.

NOTAS DE Alfred Kaltschmitt

Es el solsticio de verano. Jesús presiente que el final se acerca, y se prepara para dejarse llevar por la inercia de las profecías escritas —entre otros— por el profeta Zacarías, cientos de años atrás, cuando escribió que “el Salvador sería traicionando por un amigo y vendido por 30 monedas de plata; que repartirían entre sí sus vestidos y  sobre sus ropas echarían suertes.  Que sería crucificado; le darían vinagre en vez de agua; que al medio día los cielos se harían oscuridad; y que sería enterrado en la tumba de un rico”,  Zacarías 11:12;  Salmo 22:18; 22:16; 69:21.
Normalmente inicio mi columna a partir del título. Es un norte que me guía en su desarrollo. Muchas veces comienzo en una dirección y la inercia temática me lleva por otra. En esta columna tengo varios puntos en el tintero motivando por salir. Veremos por dónde agarra.
En el tapete de nuestra realidad nacional en foros y encuentros se describe nuestra realidad en todos los ámbitos que impactan el futuro del país, tratando de demostrarnos una ruta en picada negativa, como si fuese un cometa a punto de desaparecer en la atmósfera dura, hostil de la resistencia al cambio.
En noviembre del 2016 —y con el apoyo de más de cien diputados—  fue aprobada de urgencia la ley que implementa la utilización de brazaletes electrónicos a reos que califiquen para medida sustitutiva. Se suponía que el Ministerio de Gobernación debía modificar su presupuesto en el 2017 para implementar el dispositivo de control.
Cómo nos suele suceder a los periodistas que hemos escrito por décadas, es imposible no repetir la misma posición sobre determinados temas cuyo abordaje sobrepasa las coyunturas y se vuelve agenda permanente pendiente.
Regreso de una visita a Corea del Sur impresionado del desarrollo y la prosperidad alcanzada por este país que en 1960 tenía un PIB per cápita de apenas US$158 y que hoy sobrepasa los US$28,000. Dos Coreas, una sumergida en la miseria, la represión y el subdesarrollo y la otra pujante, libre y próspera.  En el índice de libertad humana, Corea del Sur ocupa el puesto número 29.
En la contraportada del libro se lee “Los guatemaltecos no poseen hoy una verdadera seguridad social. El IGSS, creado en otra época y en el que tantas esperanzas se depositaron, no alcanza a proporcionar jubilaciones y pensiones dignas ni a brindar una efectiva atención en salud. Su historia es frustrante: a pesar de algunos intentos de administrarlo de una mejor manera, no ha logrado convertirse en el instrumento que Guatemala necesita para mejorar la calidad de vida de sus habitantes. ¿Por qué ha sucedido esto? ¿Es por los hombres que lo han dirigido o se trata de un fallo mas profundo, de lo errada de su misma concepción?
En estos momentos de alta crispación política quiero aportar a esta reflexión la palabra “encrucijada” Del Drae: 1. “Lugar en donde se cruzan dos o más calles o caminos 2. Ocasión que se aprovecha para hacer daño a alguien, emboscada, asechanza.  3. Situación difícil en que no se sabe qué conducta seguir.”
Un enero con fríos intensos y aires de alta crispación política se inició en el 2018. El tema del combate de la impunidad prosigue su hoja de ruta, reducida, para lamentos de unos y alegría de otros, a aforismos simplistas de “pacto de corruptos, etcétera...” Viene a colación el aforismo de Gustave Flaubert cuando dice:  “El futuro nos tortura, el pasado nos encadena. He aquí por qué se nos escapa el presente”.
“Dos momentos:  El primero cuando los rayos del sol se cuelan entre las ramas altas de los árboles, regalándole la sombra a los cafetales de esta hermosa hacienda antigüeña por donde camino temprano en la mañana.  Olor a tierra mojada y hojas haciéndose abono para obsequiarle sus nutrientes a las matas de café, cuyas hojas se encienden y se apagan con los rayos solares mañaneros.