Cómo los tuiteros se volcaron para construir una escuela de párvulos en una aldea de Yepocapa

San José Chuachilil está a 800 metros sobre el nivel del mar y hay que caminar tres horas desde Yepocapa. En la aldea hay 10 niñas y ocho niños, de entre 4 y 6 años, que desde esta semana acuden a una escuela distinta, construida con ayuda de muchos tuiteros y otras personas que apoyaron a Rony Chalí para cumplir el sueño de transformar las condiciones en las que estudiaban los pequeños.

Rony Chalí movió a la comunidad tuitera para construir una escuela de párvulos en  Chuachilil, Yepocapa, Chimaltenango, que fue inaugurada el domingo 7 de abril de 2018. (Foto Prensa Libre: Cortesía)
Rony Chalí movió a la comunidad tuitera para construir una escuela de párvulos en Chuachilil, Yepocapa, Chimaltenango, que fue inaugurada el domingo 7 de abril de 2018. (Foto Prensa Libre: Cortesía)

Se trata de la Escuela Oficial de Párvulos Labor San José Chuachilil, en Yepocapa, Chimaltenango, que hasta hace seis meses era una galera de madera y lámina picada. El calor era sofocante y los niños parecía que ni ganas tenían de estudiar, cuenta Chalí, quien aceptó contar esta historia.

“Uno emocionado se mete a ofrecer cosas y luego se da cuenta que es complicado”, reconoció al inicio de la charla. Chalí es parte de un Club de vehículos 4×4 que, durante la tragedia por la erupción del Volcán de Fuego, el 3 de junio del 2018, apoyaron con el traslado de víveres a varias comunidades alejadas.

Relató: “Con el Club nos fuimos al occidente de Yepocapa a buscar aldeas que no habían recibido ayuda. Casi no las visitaban por el acceso difícil. Vimos la comunidad con un camino malo, muy pobre y llegamos a la escuela a preguntar qué necesitaban. Hicimos una colecta y compramos 35 escritorios y cuatro ecofiltros”.

Así era la escuela de párvulos de Chuachilil, Yepocapa, Chimaltenango, hasta octubre del 2018. (Foto Prensa Libre: Cortesía)

 

“Cuando llevamos el mobiliario conocimos la escuela de párvulos, que era una galera de lámina, está a 800 metros del nivel del mar y el calor es exagerado. Adentro era un horno, yo me imaginaba a mi sobrino de 4 años ahí y esas condiciones eran inhumanas para los niños. Entonces pensé, si junté para los escritorios puedo juntar para la escuelita, ¿cuánto puede costar? si uso la misma lámina, si la gente pone mano de obra, no creo que salga muy caro, así que me decidí”.

 

Chalí y sus amigos visitaron al Cocode del lugar. “Ya no había marcha atrás, aunque la ayuda no fue como yo esperaba. Así que empecé a pedir apoyo en las redes sociales, increíblemente fue Twitter en donde me respondieron como nunca me imaginé. La respuesta fue grande. La gente depositaba sin saber quién soy”, expresó.

Construcción de la escuela de párvulos en Chuachilil. (Foto Prensa LIbre: Cortesía)

 

Cuando llegó el primer deposito de Q1 mil fue muy emocionante para Chalí. “Un mensaje fue el que me hizo comprometerme más, decía: Ahí está el depósito, ahora ayúdame a devolverme la fe en la humanidad”.

Varios domingos, Ronny Chalí viajaba a la aldea para ver los avances de la obra. (Foto Prensa Libre: Cortesía)

 

Todo se fue dando en el camino. Un tuitero hizo el diseño; otro, los planos, y uno más elaboró el presupuesto. Durante los trabajos se percataron de que no podían utilizar la misma lámina, por lo que aumentaron los gastos. Además, los pobladores son agricultores, no albañiles, así que hubo que contratar la mano de obra para la obra.

 

“La maestra de la escuela se involucró todos los días en el proyecto, iba y venía, y me consiguió a los albañiles, que no estaban en el presupuesto de Q35 mil, pero había que construir. Solo entre el pago de albañiles y la compra de la lámina acanalada, que tampoco estaba incluida, se invirtió Q19 mil”, explicó Chalí.

Los niños ahora reciben clases en un edificio formal. (Foto Prensa Libre: Cortesía)

 

Mientras tanto las donaciones seguían llegando. Un amigo le donó a Chalí un inodoro y lavamanos adaptados para niños, otros le dieron cemento, hierro, arena, la conexión eléctrica, otros insumos y dinero.

 

Cuando avanzó el proyecto y la gente vio que era cierto llegó más apoyo, incluida una oenegé que tenía recursos para invertir en esa área. “Con fondos ya soñamos más grande, queríamos ventanas y puertas bonitas, nada tradicional. Los niños estudiaban en pupitres tradicionales, para niños grandes, y los tuiteros opinaban que esas no eran las condiciones adecuadas, que necesitaban mesas especiales para interactuar”.

Varios tuiteros sugirieron que se construyera un área de juegos para los niños. (Foto Prensa Libre: Cortesía)

 

Vio fotos en internet de mesas modulares y un amigo suyo que vive en Estados Unidos le escribió para saber cómo podía ayudar y le envió el dinero para los escritorios y otro tuitero, empresario, le donó 10 más.

Hubo tuits negativos de personas que desconfiaban del proyecto porque desconocían el destino de los fondos y otros le decían que para qué publicaba lo que hacía si era donación, pero Chalí tenía la responsabilidad de mantener informados a sus donantes y de ser transparente.

 

El trabajo fue arduo. Los padres de familia cargaron en la espalda los materiales de construcción donados y los subieron por los 800 metros de la cuesta que los lleva a la aldea, pues solo pueden subir vehículos de doble tracción y nadie por ahí tiene uno. “Lo vi como algo bueno, porque era algo que les iba a servir, que iban a trabajar por ello, para que no fuera solo regalado, para que se involucraran y lo sintieran parte de ellos”.

La escuela se terminó y entonces vino la decoración. “Me imaginé unos murales y le tomé foto que publiqué en Twitter. Hubo voluntarios para pintar, también sugerían ideas de juegos con llantas y un fin de semana fuimos a acampar con mis amigos e hicimos el parque, nos ayudaron los padres y los albañiles, nos donaron la pintura para la escuela y las llantas”.

Voluntarios pintan la escuela de párvulos de Chuachilil, Yepocapa, Chimaltenango. (Foto Prensa Libre: Cortesía)

 

Después de seis meses de trabajo, el domingo 7 de abril, la escuela quedó inaugurada. “Mis amigos y sus esposas no dejaban de llorar, los niños hicieron bailes y otros actos. Se les llevó cupcakes y horchata para festejar, todos estaban muy contentos. Fue bonito ver cómo nos recibieron”, cuenta Chalí.

Agradecimiento

María del Carmen Sujuy Zamora desde hace 10 años es maestra en la escuela de Párvulos Labor San José Chuachilil. Vía telefónica dijo a Prensa Libre que la situación en el lugar es crítica.

“Hay mucho calor, las personas que colaboraron para construir la escuela lo hicieron fuera de la política, lo hicieron con afecto, los niños están felices, nunca habíamos visto un proyecto así”, expresó.

La maestra agregó: “Yo fui con todos, con el alcalde, pero nunca nos han apoyado, hace 10 años que doy vueltas para construir la escuela, pero solo me habían dicho que era difícil porque el proyecto era muy pequeño”.

“Gracias a Dios se logró el sueño de los niños, de la comunidad y de la maestra. Yo esperaba que algún día se hiciera. Uno ya puede trabajar en un lugar digno donde los niños se divierten. Gracias a todos esos donantes, nos faltan algunos detalles como la cocina, pero la gran parte está lista”, dijo.

Añadió: “Es una bendición porque de la nada las personas donaron para hacer realidad los sueños de los niños, ahora es una escuela modelo”.

Sujuy Zamora pide a las autoridades que prioricen la educación en las aldeas. “Ellos están hasta allá arriba y no ven las necesidades que tienen los maestros y los niños. A veces nos exigen buena educación, pero no hay condiciones ni buenas instalaciones”, señaló.

“Que se pongan la mano en la conciencia, que vengan a ver las condiciones en las aldeas porque no es lo mismo que les cuenten. Que les pongan atención a los niños porque tienen derecho a una buena educación en un lugar digno donde recibir el pan del saber”, manifestó.

Cree en la educación

Chalí es ingeniero agrónomo, trabaja en una empresa de agroquímicos en la capital, en donde vive hace un tiempo, e invirtió varios domingos para llegar a la aldea.

Aunque nació en Chimaltenango, Chalí migró junto a sus padres a San Marcos para luego huir del conflicto armado interno se fueron a Tapachula, Chiapas, México; luego regresaron a San Marcos en donde vivió en una finca de café. “Vivíamos en un rancho, mi papá era mozo, tuve una infancia muy pobre, pero la recuerdo muy alegre”, comentó.

La inspiración para este parque, para la escuela, salió de las redes sociales y búsquedas en internet. (Foto Prensa Libre: Cortesía)

 

“Yo estoy muy agradecido con la educación pública porque gracias a eso pude llegar a ser ingeniero agrónomo. Estudié en la escuela del rancho, la verdad era cumplido con las tareas, y luego me fui a estudiar los Básicos con una beca en una Escuela de Formación Agrícola, como era internado tenía todo; después me pasé a una escuela de agricultura en Bárcenas, Villa Nueva, y al llegar a la Universidad de San Carlos también me dieron una beca para mi manutención mientras estudiaba”.

Niños de la aldea Chuachilil, en su antigua escuela, construida con parales y láminas. (Foto Prensa Libre: Cortesía)

 

Chalí considera que la educación cambia la vida de las personas. “Mi papá me dijo un día que hay que estudiar porque la vida en el campo es muy difícil. Yo pienso lo mismo en los niños del área rural y las grandes diferencias en las que viven. La educación puede cambiar a muchos. Sueño con que alguno de ellos -los niños de Chuachilir sea doctor, ingeniero, músico, escritor, algo grande”, manifestó.

La experiencia que el proyecto le dejó a Chalí es que hay mucha gente que quiere ayudar, pero no encuentran cómo hacerlo y cuando se les da la oportunidad lo logran. “Yo solo canalice esas ganas de ayudar”, dijo, antes de salir de viaje a Quiché.

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