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Huehuetenango, Totonicapán, Alta Verapaz y Petén: su potencial para liderar el urbanismo sostenible en Guatemala
Guatemala tiene potencial para impulsar ciudades sostenibles mediante planificación estatal, coordinación municipal y atracción de inversión para mejorar la calidad de vida urbana.
Cobán, Santa Elena y Cuatro caminos muestran un alto potencial para convertirse en polos de desarrollo urbano sostenible, impulsando empleo, inversión y mejor calidad de vida. (Foto, Prensa Libre: ShutterStock)
El desarrollo de ciudades sostenibles se ha convertido en una necesidad urgente para países como Guatemala, donde el crecimiento urbano avanza a gran velocidad y genera desafíos cada vez más complejos.
Un estudio presentado por Urbop Ciudades sostenibles: traspasando la frontera de la metrópoli, explica que las proyecciones globales indican que entre el 68 % y 70 % de la población mundial vivirá en zonas urbanas para 2050, lo que presiona a los países para mejorar su planificación territorial, acceso a servicios y ordenamiento del suelo. Entre los principales retos se encuentran el uso excesivo de vehículos que dependen de combustibles fósiles, el crecimiento demográfico, la expansión informal y el desorden urbano.
Ignacio Bastarrechea, directo de proyectos Urbop, explica que las últimas investigaciones del sector coinciden en que el futuro de las ciudades debe integrar equidad social, eficiencia económica y sostenibilidad ambiental para garantizar mejores condiciones de vida.
El estudio surge como respuesta al acelerado proceso de urbanización y a los desafíos económicos y sociales que enfrentan ciudades como las de Guatemala, resaltando la urgencia de promover un desarrollo urbano sostenible y ordenado para descongestionar los centros urbanos y equilibrar el crecimiento en el territorio.
Urbanización acelerada y sus desafíos
Según las proyecciones del Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (Celade), revisión 2022, el país atraviesa una transformación urbana significativa: en 1995 solo el 36.6% de la población vivía en áreas urbanas, mientras que para 2024 la cifra aumentó a 56.8%. Las proyecciones indican que para 2050 cerca del 70% de los guatemaltecos residirá en ciudades (68.5%), lo que refuerza la necesidad de planificar adecuadamente su crecimiento.
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Para enfrentar esta realidad, el estudio mencionado recomienda fortalecer una planificación urbana institucionalizada, en la que el Estado lidere procesos a nivel nacional, regional y local mediante regulaciones realistas y aplicables. En este contexto, las mancomunidades, asociaciones voluntarias de municipios, representan una herramienta estratégica para impulsar soluciones coordinadas en el territorio guatemalteco.
Planificación e inversión: una alianza necesaria
Según explica Bastarrechea, la sostenibilidad económica de las ciudades requiere de la cooperación entre el sector público y el privado. Las inversiones inmobiliarias pueden dinamizar el desarrollo si se orientan hacia municipios con potencial económico y social, siempre respaldadas por análisis de capacidad municipal, condiciones socioeconómicas y estrategias de crecimiento.
Un ejemplo regional exitoso es el Plan de Desarrollo Urbano 2040 de Chihuahua, México, donde se han definido zonas estratégicas y un modelo de ciudad compacta y sustentable con metas claras sobre densidad, áreas verdes y dinamismo económico. En este esquema, el Estado define reglas, el sector privado ejecuta proyectos y la sociedad civil participa activamente.
Diego Bastarrechea
Durante el estudio se analizaron diversas regiones de Guatemala que cuentan con condiciones favorables para impulsar un crecimiento urbano más equilibrado y reducir la presión sobre la capital. Entre las que presentan mejores características para este proceso destacan Huehuetenango, Cobán, Petén y Totonicapán.
Huehuetenango: nodo económico fronterizo y urbano emergente
Además de su ubicación estratégica y el alto porcentaje de población joven, 39.6% segúne datos del INE al 2022, Huehuetenango concentra actividades económicas clave relacionadas con comercio transfronterizo, agricultura y servicios. Municipios como La Democracia y La Mesilla forman parte de corredores comerciales activos con México, lo que impulsa la demanda de infraestructura vial, vivienda y servicios urbanos.
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El departamento también posee sectores con potencial turístico, como el Parque Nacional El Mirador, los Cuchumatanes y la Laguna Yolnabaj, que podrían integrarse en una estrategia de desarrollo urbano orientado al turismo.
Asimismo, el crecimiento de universidades y los centros comerciales en cabecera fortalecen su papel como un polo educativo y comercial para el occidente.
Alta Verapaz: territorio extenso, productivo y con presión urbana creciente
El avance de Cobán como centro regional de servicios, comercio y educación genera un crecimiento urbano acelerado que requiere ordenamiento. El departamento cuenta con una red de carreteras que facilita la conexión con el corredor turístico hacia Semuc Champey y con rutas estratégicas hacia Petén.
La región también posee potencial en sectores como agroindustria, café, cardamomo, producción forestal y turismo comunitario, lo que genera oportunidades de inversión que podrían aprovecharse para desarrollar zonas urbanas más formales, con mejores servicios básicos y empleo estable.
Municipios como San Pedro Carchá y San Juan Chamelco muestran una expansión urbana que podría consolidarse mediante modelos de ciudad compacta, corredores verdes y movilidad sostenible.
Sayaxché, Petén: puerta logística del norte y polo productivo
Además de su conectividad estratégica, Sayaxché es uno de los principales productores de aceite de palma, lo que atrae inversión privada y demanda mejor infraestructura vial, energía y vivienda.
Su cercanía con rutas hacia Raxruhá, Fray Bartolomé de las Casas y la Franja Transversal del Norte lo coloca en un punto ideal para un desarrollo urbano orientado a la industria y la logística.
El municipio también se beneficia de la presencia de áreas protegidas y zonas de valor ambiental, lo que permite integrar un modelo de desarrollo urbano que combine crecimiento económico y sostenibilidad.
Su baja densidad urbana representa una oportunidad para planificar desde cero modelos de ciudad ordenada, con usos mixtos y servicios eficientes.
Santa Elena, Petén: capital económica moderna y en expansión
Santa Elena se consolida cada año como uno de los centros urbanos más dinámicos del norte del país. Su rol como puerta de entrada turística hacia Tikal, Yaxhá y el lago Petén Itzá ha impulsado la construcción de hoteles, restaurantes, centros comerciales y servicios logísticos.
La expansión urbana desde Flores hacia Santa Elena responde a la necesidad de descongestionar la isla y trasladar actividades económicas hacia zonas con mayor disponibilidad de suelo.
En los últimos años han surgido proyectos inmobiliarios verticales, expansión comercial y mejoras en la red vial urbana, lo que indica un proceso de transformación hacia una ciudad regional moderna. Asimismo, su infraestructura aeroportuaria le da el potencial de convertirse en un hub logístico del norte, clave para la descentralización del país.
Cuatro Caminos, Totonicapán: intersección vital para el occidente
La relevancia de Cuatro Caminos supera su tamaño poblacional debido a su función como centro de conexión entre cuatro departamentos. Su flujo constante de transporte comercial y de pasajeros impulsa actividades como comercio, servicios automotrices, mercados y logística liviana.
El área tiene potencial para consolidarse como un subcentro urbano regional, con desarrollo de bodegas, centros logísticos, nuevas áreas comerciales y vivienda accesible para trabajadores que se movilizan entre Quetzaltenango y Totonicapán.
Además, su cercanía con centros educativos y zonas de ecoturismo, como Momostenango o los bosques comunales, lo convierte en un punto estratégico para diversificar su economía hacia servicios, MIPYMES y turismo sostenible.
El rol clave del Estado y las municipalidades
Los casos anteriores demuestran que la planificación urbana debe institucionalizarse. Solo desde el Estado, a través de un trabajo articulado entre los niveles nacional, regional y local, es posible enfrentar retos como el cambio climático, la movilidad, la infraestructura, el acceso a servicios básicos, la informalidad económica y la atracción de inversión.
Las municipalidades deben emitir regulaciones que generen incentivos reales de cumplimiento y fomenten ciudades pensadas en el bienestar ciudadano.
Sin olvidar que, se deben fortalecer la coordinación con municipios vecinos mediante mancomunidades, aprovechando estos espacios para promover un desarrollo ordenado y atraer inversión confiable.
Evitar repetir los errores del pasado
En una entrevista concedida a Prensa Libre, Bastarrechea explica que, ante las críticas sobre el riesgo de reproducir el urbanismo desordenado de la capital, el estudio recomienda que las autoridades locales actualicen sus planes de ordenamiento territorial con apoyo técnico de Secretaría General de Planificación (Segeplan). También deben reservar suelo para infraestructura esencial, promover inversión responsable y aplicar criterios sociales y ambientales para un crecimiento sostenible.
Por último el consultor, explica que Guatemala tiene una oportunidad histórica para descentralizar su crecimiento urbano y promover ciudades más sostenibles, siempre que el Estado asuma un rol protagónico, fortalezca las capacidades municipales y fomente alianzas con el sector privado. Con una planificación adecuada, regiones con alta conectividad y población joven pueden convertirse en motores de desarrollo y mejorar la calidad de vida de millones de guatemaltecos.


