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Entre extorsiones y callejones sin salida: la vida de tres policías en zonas de alta incidencia de las pandillas

Los agentes relatan riesgos, amenazas y traslados lejos de sus hogares.

PNC y Ejército patrullan zona 3 ciudad de Guatemala

Policías patrullan la zona 3, una de las áreas más asediadas por las pandillas y el narcotráfico. (Foto Prensa Libre: PNC)

Hablar con un pandillero haciéndose pasar por víctima. Correr tras una alerta de disparos en callejones donde la patrulla ya no puede ingresar. Permanecer hasta 17 horas en una parada de buses, expuesto al frío, al calor y a las amenazas. Para tres agentes de la Policía Nacional Civil (PNC), el riesgo no es un hecho aislado: es parte de la rutina.

“Todo sucede en cuestión de segundos. Uno tiene que estar preparado, porque no sabe cuándo el delincuente puede disparar”, relata Heller Abady Xitumul Morales, quien acumula nueve años y cuatro meses de servicio. Su primer destino fue la Comisaría 12. Recién graduado, fue asignado a sectores como La Maya, San Rafael, El Limón, Las Ilusiones y áreas de San Pedro Ayampuc y Palencia.

“Uno ha visto en las noticias que son zonas rojas, pero no es lo mismo escucharlo que vivirlo. Como ser humano, uno siente temor”, reconoce Xitumul Morales. Pasó más de cuatro años en la zona 18. Recuerda una alerta por disparos en un sector de calles angostas. La patrulla avanzó hasta donde fue posible. Más adelante solo había callejones.

“Muchas veces solo se puede ingresar a pie o en motocicleta. Eso aumenta el riesgo. En esos momentos la reacción es automática: prepararse, cubrirse, evaluar. Es difícil explicar lo que se siente. La reacción es inmediata. En esa ocasión no fue necesario disparar. Se pidió apoyo y el patrullaje continuó”, explica Xitumul Morales, pero la tensión no desaparece al finalizar el turno.

La Policía Nacional Civil desarrolla operativos en la colonia El Paraíso Dos en la Zona 18 capitalina y registran a motoristas. (Foto Prensa Libre: Érick Ávila)

Negociar bajo amenaza

Para Elder Velásquez Martínez, con 12 años en la institución, el riesgo adopta otra forma. Como integrante de la División Nacional contra el Desarrollo Criminal de las Pandillas (Dipanda), debió hablar directamente con extorsionistas, haciéndose pasar por víctima.

“Durante esas conversaciones uno debe medir cada palabra. Ellos amenazan con matar o hacerle daño a la familia si no se paga”, explica.

Las entregas “mano a mano” son de los momentos más delicados. El agente que simula el pago puede ir sin arma visible, mientras otros compañeros permanecen estratégicamente ubicados.

“La parte más difícil era tenerlos enfrente. Uno no sabe si van armados o si vienen acompañados”, recuerda.

Las primeras veces sintió temor. Con el tiempo aprendió a manejarlo, aunque asegura que nunca desaparece. “La clave está en la organización y en el respaldo del equipo”.

Gracias a esos operativos, varios comerciantes dejaron de pagar extorsiones. “La gente es agradecida. Eso motiva a seguir”, añade.

Los policías participan en operativos contra extorsionistas y asesoran a víctimas para detener a los delincuentes. (Foto Prensa Libre: Juan Diego González)

Puestos fijos y amenazas

Gerson Ordóñez, también con 12 años de servicio, recuerda su primer destino en la colonia El Milagro, zona 6 de Mixco.

Una vivienda fue atacada a balazos porque la dueña se negaba a que su hija fuera sometida a una iniciación de la pandilla. La PNC instaló un puesto fijo para protegerla.

“Estuvimos semanas dando seguridad. Después logramos capturar a los responsables”, cuenta.

En otra ocasión, un pandillero detenido por portar un arma ilegal recuperó su libertad en cuestión de horas. Días después lo encontraron nuevamente en el sector.

“Nos dijo que no nos convenía registrarlo, que algo nos podía pasar”, relata.

A pesar de las amenazas, continuaron con los controles. “El compromiso es seguir trabajando”.

El uniforme y la vulnerabilidad

Los tres coinciden en que el uniforme modifica la percepción del riesgo.

“Cuando uno está equipado siente esa valentía para actuar, pero cuando se quita el uniforme, esa valentía baja”, dice Xitumul Morales.

Fuera de servicio, muchos optan por no portar arma y cambiar rutinas. Avisan a la familia en qué colonia estarán asignados antes de cada turno. La incertidumbre también se comparte en casa.

Xitumul Morales es originario de San Miguel Chicaj, Baja Verapaz. Antes de ingresar a la PNC nunca había estado en la capital. “Para uno y para la familia es impactante. El ambiente es totalmente diferente”, afirma.

Los agentes de la PNC portan uniforme con un distintivo en el que está su nombre y apellido. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Origen y asignación

La composición de la fuerza policial revela una concentración regional marcada en el origen de sus agentes.

Jutiapa y San Marcos aportan juntos el 54% del total de policías del país. De Jutiapa son 8 mil 881 agentes y de San Marcos, 5 mil 158. Suchitepéquez, Baja Verapaz y Alta Verapaz aportan alrededor de tres mil agentes cada uno, equivalentes a cerca del 7% por departamento.

En contraste, Sacatepéquez registra 281 agentes originarios e Izabal, 294, siendo los departamentos que menos policías aportan. Sin embargo, la procedencia no determina el destino de servicio.

El departamento de Guatemala concentra el 65% de los agentes asignados, debido a la densidad poblacional y a la incidencia criminal. Le siguen Escuintla, con el 4%; San Marcos, con el 3%, y Huehuetenango, con el 2%.

Esto implica que miles de agentes del interior son destinados a la capital y sus municipios, donde operan estructuras de pandillas y redes criminales más complejas. Para muchos, el traslado representa adaptarse no solo a la violencia urbana, sino también a la distancia familiar y a jornadas más exigentes.

Cifras y presión interna

Actualmente, la Policía Nacional Civil cuenta con 43 mil 527 agentes. Para el segundo semestre del 2026 se prevé la graduación de 3 mil 297 nuevos policías.

En el 2025, dos mil 162 agentes fueron denunciados ante la Oficina de Responsabilidad Profesional. De ese total, 152 fueron destituidos tras comprobarse irregularidades. La institución reconoce que entre los padecimientos más frecuentes se encuentran el estrés, la gastritis, la diabetes y el sobrepeso.

“El trabajo puede ser muy cansado. A veces el tiempo de almuerzo no existe cuando hay emergencias”, señala Velásquez Martínez.

Xitumul Morales coincide: “El cansancio es físico y mental. Con los años uno se acopla, pero el desgaste siempre está”.

Salir sin certeza

Las situaciones de riesgo no siempre terminan en intercambio de disparos. A veces se traducen en amenazas, en persecuciones truncadas por callejones, en negociaciones donde cada palabra cuenta.

El miedo no desaparece; se transforma en un estado de alerta permanente.

“Ha sido una experiencia con cosas buenas y malas”, reflexiona Xitumul Morales. “Pero seguimos aquí”.

Al día siguiente volverán a patrullar, sin certeza de cómo terminará el turno, pero con la convicción de que el riesgo forma parte del oficio.

ESCRITO POR:

Edwin Pitán

Periodista de Prensa Libre y Guatevisión desde hace 14 años. Especializado en radio, prensa y televisión. Periodista del año de Prensa Libre en 2018. Productor de la emisión en directo de Noticiero Guatevisión.