Migrantes

De no hablar inglés a ser líder migrante en EE. UU.: La historia del guatemalteco Luis Gómez

Desde Totonicapán hasta Nueva York, el guatemalteco Luis Gómez transformó años de esfuerzo en una historia de superación y servicio.

Luis Gomez

Toda la familia de Luis Gómez asistió a la declaratoria del Día de la Herencia Guatemalteca, el 29 de diciembre de 2025, en la residencia del alcalde de Nueva York. Aquí está Luis junto a su esposa, dos hijas y su hijo. (Foto cortesía Luis Gómez)

Luis Gómez llegó a Estados Unidos en 1990: exactamente un 4 de julio. “Era un día de alegría enorme, con luces artificiales y fiesta, pero a sus 18 años no hablaba inglés, no conocía prácticamente a nadie y solo llevaba consigo lo que había aprendido en su natal San Francisco El Alto, Totonicapán”.

“Soy francisquense”, dice sin titubeos. Creció entre el altiplano, pero también en Morales, Izabal, y luego en la ciudad de Guatemala. A los 12 años empezó a trabajar en talleres de carros, impulsado por su mamá. Empezó barriendo el taller, pero observando, aprendiendo.

Nunca imaginó que aquel oficio le permitiría ganarse la vida en New Jersey y hasta llegar a tener su propio taller. Hoy, Luis Gómez es notario, asesor de impuestos y también líder migrante guatemalteco. Estuvo presente junto a su familia en el primer Día de la Herencia Guatemalteca, declarado por la Ciudad de Nueva York el 29 de diciembre del 2025. Y esta es su historia.

Luis, ¿recuerdas tu primer día en Estados Unidos?

Completamente. Fue un 4 de julio de 1990, justamente el Día de la Independencia. Imagínese: yo era joven, una alegría inmensa, pero al mismo tiempo un reto increíble. No conocía el idioma, no conocía las costumbres, estaba en un país completamente distinto. Era una mezcla muy fuerte de emociones.

¿En dónde naciste y creciste?

Yo nací en San Francisco El Alto, Totonicapán, y estoy muy orgulloso de ser francisquense. Después, por el ministerio de mi papá, que es pastor, nos movimos a Morales, Izabal, y más adelante viví en la capital.

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Toda la familia de Luis Gómez asistió a la declaratoria del Día de la Herencia Guatemalteca, el 29 de diciembre de 2025, en la residencia del alcalde de Nueva York. Aquí está Luis junto a su esposa, dos hijas y su hijo. (Foto cortesía Luis Gómez)

¿Cómo llegó al oficio de enderezado y pintura?

Empecé muy joven, tenía unos 12 años. Realmente fue idea de mi mamá. Ella me dijo: “¿Querés trabajar?”. Yo le dije que sí, pero que no sabía hacer nada. Y ella me respondió: “No te preocupes, hay que comenzar en alguna parte”. Así empecé, barriendo talleres, limpiando, observando. Poco a poco fui aprendiendo.

Sin duda, esa habilidad te acompañó al migrar

Sí. En Guatemala aprendí y, cuando vine a Estados Unidos, continué con ese trabajo. Viví primero en California unos seis meses y luego me establecí en New Jersey. Aquí trabajé muchos años en enderezado y pintura, más de 30 años en total. Primero trabajé para otros y después, aproximadamente en 2005, me independicé y tuve mi propio taller.

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Lo aprendido nunca se olvida: Luis Gómez ya no tiene el taller de enderezado y pintura, pero sí disfruta de tener nítidos sus vehículos. En sus ratos libres efectúa tareas como pintar o pulir algunas piezas. (Foto cortesía Luis Gómez)

Tengo entendido que eres pastor de una iglesia, ¿cómo llegó ese llamado?

El llamado siempre estuvo ahí desde que era niño, pero la verdad es que huí de él por muchos años. No quise tomar esa responsabilidad. Mi papá era pastor, yo crecí con su ejemplo, pero me resistí bastante tiempo.

¿Qué llevó finalmente a aceptar ese llamado?

Aquí en Estados Unidos conocí a un padre espiritual que me guio muy bien. Fui al seminario por tres años. Me gradué, pero aun así no serví, solo asistía a la iglesia. Pero en el 2014 me pusieron frente a una congregación. Ahí entendí que todo lo que había vivido —haber huido, las dificultades, los problemas— tenía un propósito. Empecé a predicar.

¿Sigues trabajando en enderezado y pintura?

No. Es toda una historia. Por un lado, el trabajo del taller bajó mucho y, por otro, me llamaron a trabajar y servir en una iglesia más grande que requería de más de mi tiempo. No podía estar en el taller y en la iglesia al mismo tiempo. Cerré el taller y acepté estar tiempo completo en la iglesia.

Sin embargo, la iglesia también se cerró y quedé en el aire. Ya no tenía el taller ni el ingreso que me proporcionaban en la iglesia. Fue un tiempo de mucho miedo e incertidumbre.

¿Y cómo empiezas a ser notario?

Mientras era pastor, comencé a estudiar notariado. Mi idea era servir a la comunidad en diversos trámites. Siempre llegaban preguntando por alguna gestión, dónde hacerla, preguntando por un notario. En el 2019 obtuve mi título.

Yo empecé haciéndolo de forma gratuita o a muy bajo costo. Después de la pandemia, se vino toda la demanda de personas pidiendo asilo. El hecho de hablar inglés y español, además de ser notario, me empujó a abrir la oficina física. Pienso que Dios fue abriendo esa puerta.

¿Qué servicios ofreces actualmente?

Principalmente traducciones, llenado de formularios migratorios, peticiones y ahora también asesoría de impuestos. Muchas veces hacemos trámites que un abogado no toma porque no representan mucho dinero, pero que son muy importantes. Sigue siendo un servicio, pero a la vez nos permite vivir. Me anuncié en redes sociales. Una persona le dijo a otra, y así fue creciendo.

En medio de esos momentos críticos, ¿qué consejo le das a alguien que se siente perdido y con miedo?

Confianza. Yo creo que Dios prueba nuestra fe. No significa quedarse acostado esperando que todo se resuelva solo, pero sí tener la certeza de que, si Él quitó algo, también va a suplir con algo más. A mí me quitó, pero él sabía por qué: para recibir algo más grande. Gracias a Él he podido apoyar a mis hijos.

¿Cuándo pudo regresar a Guatemala?

Volví después de 27 años. Fue una experiencia muy grande. Estar tanto tiempo fuera me había desconectado. Volver me recordó quién soy, dónde están mis raíces, el orgullo por mi pueblo, sus comidas, su cultura, su gente trabajadora.

Usted estuvo presente en el primer Día de la Herencia Guatemalteca en Nueva York. ¿Qué sintió?

Mucho orgullo. Primeramente, de haber nacido en Guatemala y de representarla acá. Ver al alcalde expresarse así hacia los guatemaltecos fue algo que realmente lo llena a uno de orgullo. Estaba junto a mi esposa, que es ecuatoriana, y mis hijos. Sueño con verlos servir a su comunidad hispana, al prójimo. Que se sientan orgullosos de sus raíces.

¿Sigue siendo pastor?

Más que pastor, creo que soy alguien que sigue aprendiendo a servir. Dios ha ido poniendo cada cosa en su lugar: el trabajo, la notaría, los impuestos, la familia y el ministerio. Hoy sirvo en la Iglesia Cristiana Jesús te llama, ayudo a la comunidad desde mi oficina y sigo orgulloso de mis raíces guatemaltecas.

Eso es lo que soy.

Texto extraído de la página de Soymigrante.com