En Cubulco se migra para huir de la miseria

La muerte de la guatemalteca María Herlinda Ruiz Tapería, de 23 años, en Veracruz, México, deja al descubierto la agonía que viven por la pobreza los 58 mil vecinos de Cubulco, Baja Verapaz, de donde era originaria la joven; y que como válvula de escape a esa miseria, se opta por migrar a Estados Unidos.

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Cubulco es el municipio más pobre de Baja Verapaz, condición que no ofrece trabajo a sus habitantes que ven en la migración su única opción. (Foto Prensa Libre: Érick Avila)
Cubulco es el municipio más pobre de Baja Verapaz, condición que no ofrece trabajo a sus habitantes que ven en la migración su única opción. (Foto Prensa Libre: Érick Avila)

Hablar de migrar a EE.UU. o tener un familiar trabajando sin autorización de permanencia en ese país es común en Cubulco y en las últimas dos décadas se popularizó ese recorrido debido a la penuria y falta de empleo.


Encontrar coyotes en Cubulco es fácil, lo más difícil para los pobladores del municipio es encontrar un aviso de empleo en esa región de Baja Verapaz, a 200 kilómetros de la Ciudad de Guatemala.

Los cubulenses están de luto por la muerte de la joven en México, sin embargo; aún consideran como opción de prosperidad la migración.

Manuel Ruiz, tío de María Herlinda, es un periodista comunitario que constantemente se entera de casos de migración, lo relató el viaje de su sobrina en una improvisada oficina mostrando una fotografía que le tomó en abril último cuando le celebraron el cumpleaños

Ella viajó para brindar “mejor calidad de vida” a su hijo de tres años. El consulado guatemalteco en Veracruz confirmó que el niño sobrevivió a la emboscada perpetrada el sábado último al grupo de 45 migrantes guatemaltecos.

“Su único deseo fue darle un mejor futuro a su hijo. Ella tomó la decisión, era madre soltera y  tenía problemas económicos, aunque la familia le aconsejó que no se fuera por los riesgos. En Cubulco no le fue bien, ella se graduó de perito contador, pero no consiguió trabajo”, explicó Manuel.

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María Herlinda no tuvo oportunidades de trabajo en Baja Verapaz y migró hacia Escuintla a principios de este año. Su oportunidad la encontró en una tortillería, pero las largas jornadas de trabajo y el salario mísero terminaron de sepultar sus sueños.

Ella residió en los últimos meses en Escuintla mientras su hijo lo cuidó su madre en Cubulco. Pocas veces pudo recorrer más de 275 kilómetros para ver a su pequeño y familiares aseguraron que ese desprendimiento le generó angustia.

A principios de noviembre María Herlinda regresó a Cubulco e informó a su familia que decidió migrar a EE.UU., su padre quien está trabajando en ese país le habría financiado parte del viaje. Las aspiraciones de prosperar la llevaron a decidir migrar junto a su hijo.

“Era una joven responsable y con deseos de superarse, lo que buscó fue trabajo digno y no hubo quien se lo diera. No solo es ella, le pasa a muchos jóvenes de Cubulco, acá no hay trabajo y los muchachos aunque sean profesionales o licenciados, terminan yéndose”, expuso Manuel.

María Herlinda Ruiz, murió en su intento de llegar a EE. UU. Ya había migrado de Cubulco a Escuintla en busca de trabajo, pero la paga no era suficiente. (Foto Prensa Libre: Érick Avila)

La única opción

A un kilómetro y medio del centro urbano de Cubulco, unas 200 familias conforman el caserío Chicuxtin, las calles son de terracería y los fuertes vientos levantan polvaderas. La municipalidad en algunas callen introduce tuberías para drenajes, pero el área aún tiene desafíos en servicios básico. Aún hay viviendas de adobe y muchos hogares se benefician de las remeses que envían los migrantes en EE.UU., sin embargo, una de las familias que nunca recibió ese respaldo fuer la de Karla (nombre ficticio), quien aún vive el drama de su esposo desaparecido cuando intentaba cruzar la frontera de EE.UU. y México.

Karla, de 26, relató que en el 2016, su esposo, de 28, desapareció cuando intentó llegar a territorio estadounidense. Pero antes de decidir emprender ese viaje, su familia protagonizó la migración interna.

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“Soy maestra y él era enfermero profesional, en el 2014 le dieron trabajo en un el área de Salud de San Benito Petén y nos fuimos a vivir allá. Éramos recién casados y en Cubulco no había trabajo. El problema fue que al finalizar el 2015 con el cambio de Gobierno el proyecto se acabó y se quedó sin trabajo, además; yo quedé embarazada”, contó Karla.

El desempleo causó que Juan decidiera migrar a EE.UU. y en el 2016 lo intentó, durante la tercera ocasión desapareció.

“Él estaba seguro que la única oportunidad de ayudarme con el bebé era irse a EE.UU. y por eso insistió. Quería lo mejor para nuestra familia porque creía que en Cubulco no lograríamos superarnos“, relató.

Karla administra una venta de ropa y una tienda, asegura que no es suya y gana por llevar la contabilidad de los negocios. Con una foto en sus manos relató la agonía que ha vivido desde el 7 de mayo del 2016, cuando tuvo la última comunicación con su esposo.

Fue por medio de un mensaje de texto que supo de su esposo por última vez, y decía: “Estoy bien, estamos en Río Bravo, muy cerca de cruzar, mañana lo haremos y te cuento”.

El hijo de Karla tiene dos años y cuatro meses, la familia lo arropa y tratan de asegurarle un buen futuro en Cubulco, el municipio que tiene la brecha de pobreza más alta en Baja Verapaz con el 79.59 por ciento.

Profesionales sin trabajo

Hace siete años José Nazario Reyes, de 29, se graduó de Perito en Administración de Empresas, luego de que le entregaran su título se dispuso a buscar trabajo, pero no había empresas que requirieran sus servicios.

José visitó Rabinal y Salamá, tampoco había plazas de trabajo disponibles. Trató de no decepcionarse y se colocó en un trabajo arduo y que no tenía relación con lo aprendido en las aulas.

“Tocó tocar el piso y sentir la realidad, en Cubulco no hay trabajo para profesionales y menos para los que no estudian, es duro pero hay que intentar prosperar. En mi caso, me tocó irme de ayudante de albañil y le agarré gusto a ese trabajo, luego aprendí la albañilería y hace poco puse una mi tienda”, relató.

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José participa en obras sociales de la Juventud Nazarena Internacional, de una iglesia evangélica en la que les aconsejan a no migrar debido a los riesgos y tratar de crear y buscar oportunidades en Baja Verapaz.

Entre los jóvenes que acompañaron a José ayer a recoger desechos en la vía pública de Cubulco, estuvo Esperanza Matías Ávila, de 26.

Esperanza se graduó de maestra en el 2011 y no pudo dar clases como lo tenía previsto, desde entonces estudia un profesorado en la universidad, pero no confía en que esa especialización le garantice un trabajo, a menos que apoye a un candidato a la alcaldía y de ganar las próximas elecciones le asegure una plaza.

“Es  difícil porque no hay trabajo para los jóvenes. Los que son maestros se meten a apoyar a políticos, pero si pierden nada consiguen, a mí eso no me gustó y tuve que poner mi negocio de vender tortillas. Es humilde, pero ahora es mi trabajo”, indicó Esperanza.

La joven trabaja de 6 a 21 horas y al día llega a vender en promedio Q500 en tortillas, aunque debe restar los costos por gas y leña. Esperanza se vio en necesidad de hacer tortillas para respaldar económicamente a su familia, sus padres.

Esperanza pese a la responsabilidad que tiene en la universidad y su negocio, brinda algunas horas a la semana en la iglesia para aconsejar a jóvenes y evitar que migren debido a los riesgos.

Desigualdad e ignorancia

En la Cubulco un abogado y notario dedicó una tesis para abordar la migración que hay en ese municipio, es el único documento que aborda de forma científica las “causas y consecuencias de la migración en Cubulco, Baja Verapaz”.

El estudio fue elaborado por Alejandro Teletor Velásquez y señala como generadores de la migración a la pobreza y el bajo nivel educativo de la población.

El autor del estudio señaló: “Las causas de la miseria son varias, pero en la tesis se expone que el Estado asume que los migrantes cubulenses por medio de remesas resolverán la pobreza, eso es falso. Ellos –los migrantes- no pueden reemplazar  el deber del Estado. Acá se debe orientar a la gente en temas agrícolas y agroforestales, porque hay tierras en las que se siembra maíz y no son aptas para eso, esa carencia de información afecta”.

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Entre las consecuencias de la migración Teletor Velásquez, expuso: “Se señala en la tesis en las que se evidencia en que los migrantes invierten en infraestructura, es innegable que hay casos de hasta cuatro pisos en Cubulco, pero eso no es desarrollo integral porque queda demostrado que al retornar no pueden mantener el estilo de vida que brindaban con las remeses, es un desarrollo de espejismo”.

La mayoría de la población de Cubulco basa sus ingresos en agricultura de subsistencia con la producción de maíz, frijol, maicillo y hortalizas. Además, la investigación expone que la carencia de tierras dificulta la productividad.

“Ocurre también que los poseedores de tierra implementaron la estrategia de mitad y mitad. Ellos ponen la tierra y pequeños agricultores aportan herramientas, fertilizantes y mano de obra. Al final las cosechas se reparten mitad cada uno, eso es injusto, pero ahora así acceden a tierra las familias pobres”, denunció Teletor Velásquez.

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