El macabro destino de los cadáveres a los que les late el corazón
Sus corazones siguen latiendo. Orinan, sus cuerpos no se descomponen y son cálidos al tacto; sus estómagos retumban, sus heridas se curan y sus tripas pueden digerir los alimentos. Pueden tener ataques cardíacos, fiebre y sufrir de escaras. Pueden sonrojarse y sudar: incluso pueden tener bebés.