“Hay buena voluntad para poner en marcha procesos de paz”: el papa Francisco concluye histórica visita a región arábiga

El papa Francisco dijo este martes que en Emiratos Árabes Unidos ha encontrado “buena voluntad para poner en marcha procesos de paz” en países de esa región golpeada por los conflictos y las desigualdades, como el Yemen, tras una visita histórica de tres días.

Francisco ofició una misa ante 170 mil personas al término de su visita a la región.  (Foto Prensa Libre: AFP)
Francisco ofició una misa ante 170 mil personas al término de su visita a la región. (Foto Prensa Libre: AFP)

“Sé que es difícil dar una opinión después de dos días y de haber hablado sobre el asunto con pocas personas. Yo diré que he encontrado buena voluntad para poner en marcha procesos de paz. Esto es lo que he encontrado”, dijo el papa en declaraciones a los periodistas en el vuelo que lo llevó de regreso de ese país, según informa el portal Vatican News.

Respondía así a la pregunta de si había advertido alguna reacción de sus interlocutores al llamamiento que hizo por la paz en el Yemen, donde fuerzas de EAU combaten junto con Arabia Saudí en apoyo del Gobierno y contra los rebeldes.

“Yo interpreto todos los gestos de bienvenida como gestos de buena voluntad; cada uno los hace según las propias culturas… Un común denominador de las cosas con quienes he hablado sobre las situaciones bélicas. Usted ha mencionado la del Yemen: he encontrado buena voluntad para poner en marcha procesos de paz”, insistió.

El pontífice se convirtió en el primero que ha visitado esta región cuna del islam y donde la comunidad cristiana está integrada por inmigrantes, principalmente de la India y Filipinas, a lo que ha pedido que estén “arraigados en Jesús” para que no se sientan lejos de su hogar ni solos sin los suyos.

Acerca del documento sobre la fraternidad, diálogo y paz, firmado por Francisco y el gran imán de Al Azhar, Ahmad Al Tayeb, institución de referencia del islam suní, dijo: “Fue preparado con mucha reflexión y también rezando, el gran imán con su equipo y yo con el mío”.

Papa recibe un obsequio en su vuelo de Abu Dhabi a Roma. (Foto Prensa Libre: AFP)

“Hemos rezado tanto para lograr hacer este documento, porque, para mí, solo hay un gran peligro en este momento: la destrucción, la guerra, el odio entre nosotros. Y, si nosotros, los creyentes, no somos capaces de darnos la mano, abrazarnos y tampoco de rezar, nuestra fe será derrotada”, subrayó.

Y agregó: “El documento no se ha separado ni un milímetro del Vaticano II… Fue hecho en el espíritu del Vaticano II”, dijo en respuesta a algunas críticas por supuestamente dejarse instrumentalizar por los musulmanes.

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Señaló que “también el documento condena la violencia y a algunos grupos que se dicen islámicos (los sabios dicen que no es el islamismo) y persiguen a los cristianos”.

“Recuerdo a un papá con tres niños, tenía 30 años, lloraba: “Soy islámico, mi esposa era cristiana, vinieron los terroristas del EI (el grupo yihadista Estado Islámico), vieron la cruz y dijeron: ‘Conviértete’, y la degollaron frente a mí”. Este es el pan nuestro de todos los días con los grupos terroristas, la destrucción de la persona. El documento ha condenado esto”, subrayó.

“Oasis de paz”

El lunes, Francisco ofició una gran misa en el estadio de Abu Dabi, donde se dirigió a los cristianos de este país y de todo el golfo Pérsico, a los que les pidió que “sean oasis de paz” en la tierra desértica de la península arábiga.

“He venido a daros las gracias por el modo como vivís el Evangelio que hemos escuchado”, dijo el papa emocionando a unas 170 mil personas, 50 mil de ellas presentes en el interior del estadio y el resto en el exterior, muchos llegados de otros emiratos o de los países árabes vecinos.

“Vosotros aquí conocéis la melodía del Evangelio y vivís el entusiasmo de su ritmo. Sois un coro compuesto por una variedad de naciones, lenguas y ritos; una diversidad que el Espíritu Santo ama y quiere armonizar cada vez más, para hacer una sinfonía”, agregó.

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La homilía del pontífice, en italiano, fue traducida al árabe por un sacerdote, y subtitulada en inglés en una gran pantalla que presidía el estadio en la parte opuesta del altar, ante una audiencia que rezó y cantó principalmente en inglés.

También hubo espacio para hacer oraciones en coreano, francés, tagalo, urdu, konkani y melayalam, estas dos últimas lenguas vernáculas del sur de la India.

Como símbolo de la importancia de la comunidad india en Emiratos, un matrimonio de indios de la región de Goa subió al altar para participar junto al papa en la eucaristía.

El papa citó una vez más a San Francisco de Asís, que ha sido una imagen muy presente durante toda su visita porque hace ocho siglos el santo acudió a Egipto para tender puentes con el sultán de los musulmanes Malik al Kamil. Y con esa misión llegó el pontíergoglio a Abu Dabi el pasado domingo.

En su homilía, señaló que “San Francisco recordó que el cristiano va armado solo de su fe humilde y su amor concreto” mientras otros visten armaduras, por lo que pidió a los creyentes que “no entablen litigios ni contiendas”.

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Los llamamientos a la convivencia y la paz han sido recurrentes en las palabras de Francisco, que empleó metáforas y símbolos para dirigirse a una comunidad de cristianos tan particular y diversa, en esta región cuna del islam.

Les aseguró que no están solos porque Dios está con ellos y “sabe abrir caminos en el desierto”.

Además de esas imágenes que llegaron a los fieles que asistieron a la misa, el papa hizo varios gestos, como el uso de un coche pequeño de una marca surcoreana para sus desplazamientos, como muestra de humildad.

 

Momento en que Francisco aborda el avión de vuelta a Roma. (Foto Prensa Libre: AFP)

“¡Que la paz esté con vosotros!”

En un acto previo el mismo lunes, Francisco y el gran imán de Al Azhar condenaron juntos toda discriminación contra las minorías religiosas y llamaron a la fraternidad.

El papa, vestido de blanco, y el gran imán sunita del instituto egipcio Al Azhar, el jeque Ahmed al-Tayeb, de negro, se mostraron juntos de manera fraterna, frente a la gran Mezquita Zayed -una de las más grandes del planeta-, y luego se besaron en la tribuna de la conferencia interreligiosa, bañada por una lluvia de hojas de olivo.

Este encuentro y diálogo interreligioso había sido impulsado por el papa y el gran imán de Al Azhar, institución más importante del islam sunita.

Al fin del encuentro, Francisco y el imán Ahmed el Tayeb firmaron una declaración conjunta en que comprometieron los esfuerzos de las dos religiones para “luchar contra el extremismo”.

Papa besa al imán Al-Azhar fue visto como un gesto histórico por la fraternidad y la paz. (Foto Prensa Libre: AFP)

“¡Al Salamò Alaikum!” (“¡Que la paz esté con vosotros!”), arrancó Francisco su discurso, en que reforzó la idea de la fraternidad, pero que incluyó referencias directas a la realidad cotidiana de los habitantes de Oriente Medio.

Se trata de un discurso de alto significado, ya que fue pronunciado en una región donde aún se constatan desigualdades evidentes y abundan las denuncias de discriminación religiosa.

Arabia Saudita, por ejemplo, prohíbe la práctica de cualquier religión que no sea el islam, pero el papa hizo una encendida defensa de la necesidad de garantizar libertad religiosa.

En su participación en el encuentro interreligioso, el pontífice formuló un pedido para otorgar “el mismo derecho a la ciudadanía” a personas de diversas religiones.

El pontífice evocó también la no violencia, la paz y el desarme, expresando firme oposición a la utilización de la religión para fines que no sean pacíficos.

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Para Francisco, “no hay violencia que encuentre justificación en la religión”.

“La fraternidad humana nos exige, como representantes de las religiones, el deber de desterrar todos los matices de aprobación de la palabra guerra”, indicó.

En la visión del pontífice, la guerra es sinónimo de “miseria” y “crueldad”.

Por eso, llamó la atención sobre cuatro países que sufren “las consecuencias nefastas” de conflictos: Yemen, Siria, Irak y Libia.

“Juntos, hermanos de la única familia humana querida por Dios, comprometámonos contra la lógica del poder armado, contra la mercantilización de las relaciones, los armamentos de las fronteras, el levantamiento de muros, el amordazamiento de los pobres”, dijo.

A todo eso “nos oponemos con el dulce poder de la oración y con el empeño diario del diálogo”, agregó.

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