El cuerpo sin vida de una persona, que elevó a 20 la cifra de fallecidos, fue hallado en la finca, al igual que el resto de las víctimas, de acuerdo con las autoridades, que no han informado de heridos o sobrevivientes de este ataque, cuyas causas se investigan y cuyos responsables son buscados.
La madrugada del 21 de mayo, hombres armados y vestidos con uniformes policiales llegaron a la finca cuando las víctimas se preparaban para trabajar en una plantación, en la aldea Rigores, de Trujillo, Colón, en el Caribe hondureño.
El presidente hondureño, Nasry “Tito” Asfura, dijo que la matanza “no se va a quedar impune” y anunció un despliegue conjunto de las fuerzas de seguridad en Colón, una zona conflictiva debido al narcotráfico y a una histórica disputa agraria que ha dejado unos 200 muertos en las últimas décadas.
Hasta el momento, las autoridades que investigan la matanza no tienen pistas sobre los responsables del asesinato múltiple, entre cuyas víctimas hay tres menores de entre 14 y 16 años, y tres mujeres que eran hermanas.
“Como Estado estamos trabajando para que la justicia llegue”, enfatizó Asfura, quien recalcó que su Gobierno va a “enfrentar este flagelo sin temor y con fuerza”.
Al menos 11 de las 20 víctimas comenzaron a ser sepultadas en un cementerio de Rigores, en medio del llanto y la exigencia de justicia de sus familiares.
La disputa de tierras en Colón se remonta a la venta de propiedades otorgadas a campesinos mediante una reforma agraria, hace medio siglo, a grandes empresarios agrícolas, terrenos que reclaman las nuevas generaciones.
Según las autoridades locales, este histórico conflicto agrario se ha recrudecido en los últimos años debido a la infiltración del narcotráfico y de bandas criminales, además de la injerencia política en la zona.
“No le puedo decir qué es lo que pasó”, dijo a EFE Armando Suchite, padre de Elmer y Wilmer Suchite, de 25 y 22 años, asesinados en el ataque del jueves, pues ambos “solo se dedicaban a trabajar”.

