catalejo

Algunas cifras de la consulta popular

Mario Antonio Sandoval

Todos los plazos se cumplen, dice el refrán español y los chapines agregamos “ni goma que no se quite…” Dentro de seis días, los guatemaltecos decidiremos si asistimos o no a las urnas para la consulta popular acerca de Belice, tema en el cual el Estado guatemalteco decidió gastar 300 millones de quetzales y el presidente Morales, imbuido en patrio ardimiento, participa en una cruzada personal para convencer a los ciudadanos de votar por el Sí. Lamentablemente, el jueves habló del “congreso y el senado” de Inglaterra, así como de la promesa de la corona británica de pagar una carretera con “coronas (!!!) inglesas”. Sin duda, una nueva muestra de humor negro, y de “material para los medios”, como con acierto dijo de inmediato.

La gran pregunta acerca de la consulta mencionada se refiera a si en realidad resultará inútil porque Belice dijo oficialmente estar pensando en hacerla “a final de año o el año entrante”. Se empalma con las palabras de don Jimmy, quien no parece entender el motivo de tal suceso, ni el significado de la pregunta, cuyos tecnicismos imposibilitan la comprensión de los votantes y significará un aumento del ausentismo, incluso entre quienes son alfabetos. Si gana el Sí, solo significa el apoyo de los ciudadanos a llevar el caso a la Corte Internacional de Justicia, cuyo veredicto es impredecible para la posición guatemalteca y, además, inapelable. Belice, estoy seguro, seguirá siendo nuestro… vecino. Guatemala, como siempre, está y estará sola.

En Guatemala, desde 1983 se han realizado dos consultas populares, ambas para autorizar cambios a la Constitución. La primera fue en 1994 y hubo un ausentismo del 85%, con una participación de 637 mil votantes. La segunda, en 1999 y no llegó el 82% de los votantes. Para calcular la participación del domingo 15, en vista de haber 7,556,874 votantes vigentes, pero los datos del TSE predicen (con datos de enero pasado) un total de 7,522,921, es decir: 33,953 menos. Si participa el 18%, como ocurrió con la segunda consulta, irá a manifestarse por el sí o por el no una cifra aproximada de 1.3 millones, es decir, casi el doble de 1999, aunque la cantidad de votantes es también ahora aproximadamente el doble de la de ese año.

En otras palabras, en mi caso personal, no creo poder alcanzar esa cifra. Para poder calificar esa consulta como significativa, debería participar la mitad más uno de los votantes, es decir 3.7 millones de personas. Imposible. Muchos factores influyen: edad, nivel educativo, falta de dinero para ir a los lejanos centros de votación, falta de comprensión del motivo y del significado de la consulta. Algunos analistas señalan el efecto contraproducente de la campaña pro consulta del mandatario, quien podría recibir una especie de voto de castigo contra él, sobre todo en los lugares departamentales donde ha recibido abucheos. Se puede repetir el resultado favorable al “No” de la consulta para integración de los acuerdos de paz al sistema legal.

El resultado favorable solo tiene un efecto positivo: demostrar la voluntad chapina de cumplimiento de decisiones tomadas a nivel internacional, aunque ello no sirva de nada si Belice no hace la consulta. En ese caso, las críticas en Guatemala se centrarán en la inocencia de nuestros negociadores. Iré a votar por el Sí, consciente de la inefectividad de hacerlo y solo porque de lo contrario será necesario hacer más consultas. Todo quedará como ha estado siempre y, en la práctica, el gasto para la consulta es un dinero cuyos fines en educación, salud, carreteras, etcétera, hubieran sido efectivos. Me molesta la propaganda oficial, porque hacen creer a los guatemaltecos en la solución de ese caso. Eso no es cierto, y, en todo caso, sería un milagro.