Catalejo

Día de carruajes, visas, lentitud legal y amenazas

Mario Antonio Sandoval

Guatemala es inverosímil: tiene apariencia de verdadera. Lo increíble es lo común y esto facilita la tarea del comentario periodístico, y siempre hay un tema. Pero a veces hay varios y todos son “realismo mágico”. El lunes fue uno de esos, porque en pocas horas se conocieron varias realidades muy difíciles de creer. Lo más sobrecogedor fue ver a los dos mil hondureños cruzando la frontera oriental del país, sobre todo a niños llevados en carruajes o de la mano de madres de expresiones desesperadas. No era un lejano país de África: sucedía a pocos kilómetros de Esquipulas, donde irónicamente fueron firmados los acuerdos de paz. Las fotos y videos rompían el corazón, y demostraron la grave realidad en territorio de la república hermana.

Los policías enviados a detenerlos no cumplieron la orden: saben de la desesperación de no tener trabajo, de ser víctimas directas de la violencia e indirectas de la corrupción, pero también del derecho humano a migrar. Ningún agente chapín del orden agrediría a una masa humana desarmada, como sí lo hicieron los esbirros de Ortega en Nicaragua. A nadie le sorprendió el aumento del número, cuando grupos de guatemaltecos se unieron ayer, en una marcha seguramente incontenible hasta la frontera con México. Esto comprueba la crisis causada por ellos a cuatro países, uno de ellos la mayor potencia militar del mundo, cuyo presidente ayer mismo amenazó a Honduras, vía uno de sus mensajes de twitter, de quitar la asistencia a ese país, y el vicepresidente Mike Pence les exigió a los presidentes de Honduras y Guatemala mayor cooperación.

Mientras, en la capital, la nueva jefa del Ministerio Público comprobó su poca capacidad de entender cómo serán interpretadas sus acciones, caracterizadas por su lentitud y causantes de resquebrajamiento de su imagen de aplicación pronta de la ley, así como de cumplir los requisitos para expulsar a los fiscales encargados de casos de alto impacto. En vez de señalar sus motivos el mismo viernes, habló hasta el lunes como respuesta a las numerosas críticas por redes sociales. Es inaceptable la incapacidad de no analizar consecuencias e interpretaciones, talvez equivocadas pero válidas. Si bien sus acciones deben ser legales, el factor tiempo es fundamental: si esos despidos implican meses de nuevas investigaciones, es imposible explicarlos como acciones con malas motivaciones.

Afirmar su intención de investigar a su antecesora se convierte, dentro de este ambiente, casi en una amenaza. Por su parte, la licenciada Thelma Aldana también demostró poca astucia al no tomar en cuenta la investigación en respaldo de sus decisiones, bien o mal intencionadas. De haber algo ilegal o errado, sus enemigos políticos celebrarán ante la posibilidad de consecuencias mayores. El gobierno, por su parte, denegó las visas de cortesía a los investigadores de la Cicig y con ello se debilita hasta convertir en un tigre de papel a esa entidad internacional, vergonzosa pero necesaria, solicitada por Guatemala a causa de los casi increíbles abusos de corrupción desde hace muchos años. El más sencillo análisis lleva a la conclusión del fracaso de la lucha contra la corrupción.

Mientras tanto, el peor de los Congresos en la historia del país continúa sus maniobras para crear engendros legales y burlas a la capacidad de discernimiento de los ciudadanos. Se puede señalar entonces la existencia de una conspiración en contra de los países del ya exiguo Triángulo Norte, proveniente de fuera, así como de una acción similar interna en Guatemala. En esas circunstancias, pensar en elecciones verdaderas es una utopía: el país está capturado por toda clase de maleantes, con el agregado de la actitud pusilánime y conformista de la mayoría de ciudadanos. Podría parafrasearse al autor Carlos Samayoa Chinchilla en su libro Madre Milpa y decir, como él escribió hace más de medio siglo: “Qué triste suerte la de la Guatemala sin suerte”.