EDITORIAL

Duros desafíos para la región

La XXVI cumbre que se celebra en Antigua Guatemala es una de las más atípicas de los últimos cónclaves en que se reúnen los mandatarios de la región y en la que también participan el rey de España y representantes de Portugal, aunque en esta ocasión lo primero que debe destacarse es la ausencia de varios mandatarios, precisamente porque encaran problemas en sus países.

El último en oficializar su inasistencia fue el presidente de Nicaragua, quien había dejado para última hora su participación; pero en caso de haber llegado, habría sido recibido por un pequeño grupo de nicaragüenses expatriados que desde ayer iniciaron una protesta contra la tiranía ortega-murillista, causante de una de las mayores expulsiones de personas.

Sin embargo, también como telón de fondo de la cumbre, está presente la caravana de migrantes que salió de los países del triángulo norte de Centroamérica, un tema ineludible y contrastante con las aspiraciones planteadas en la agenda de preocupaciones, tanto de los cancilleres como de los empresarios y de los mandatarios, pues intentan encontrar responsables de ese abandono del terruño.

Solo desde que estalló la crisis en Nicaragua se calcula que cerca de cinco mil nicaragüenses habrían arribado a Guatemala, sin contar con los que se han asentado en Costa Rica y miles más que habrán llegado a otros países, incluido Estados Unidos, posibilidad factible para un reducido sector.

A este drama se une el de Venezuela, cuyo presidente tampoco asistió a esta cumbre, pero que carga sobre sus hombros un drama superior al de los países centroamericanos, pues las cifras de venezolanos que han abandonado el país se cuentan por decenas de miles.

La preocupación por la situación migratoria, aunque no es un tema específico de la agenda de mandatarios, sí es algo ineludible, pues a países del llamado Triángulo Norte se une Nicaragua, cuyo gobierno se ha convertido en una réplica de la dictadura somocista, provocando un éxodo sin precedentes. Solo en Guatemala se calcula que podrían residir unos 20 mil nicaragüenses, víctimas de las tiranías de las últimas décadas.

Otro tema insoslayable en estas reuniones es el abordaje de la prosperidad, estancada por la corrupción, la impunidad y un débil esfuerzo de los aparatos de justicia por combatir la impunidad, aunque a veces la certeza jurídica también se vuelve tormentosa por el inexplicable proceder de los órganos jurisdiccionales, lo que socava cualquier posibilidad de estabilidad.

Aunque la historia sobre estas cumbres deja más bien una sensación de insatisfacción, son foros en los que se debe abordar la problemática regional y darle sentido a retos como el que se plantea en este cónclave, de alcanzar una “Iberoamérica próspera, inclusiva y sostenible”.

Un duro desafío, porque los temas de trasfondo son de compleja resolución y los cuatro países centroamericanos involucrados en esos retos están dando muestras de poco respeto por la institucionalidad, y más bien los mayores esfuerzos, por lo menos en tres de estas naciones, avanzan por la vía contraria, al desplegar una maquinaria para cerrarle el paso a la consolidación de estas democracias, un síntoma preocupante.