Editorial

Prudencia y legalidad deben fortalecerse

Con el auge comercial de la época, las autoridades de Tránsito de varios municipios ya avizoran un flujo vehicular masivo en el área metropolitana, pero también en centros urbanos de todo el país, una previsión que debería servir para trazar planes para el manejo riguroso de la reglamentación respectiva y para invitar a la concienciación ética de quienes van al volante, ya se trate de pilotos particulares o asalariados, en viajes familiares o de rutas colectivas, en automotores livianos o pesados, sin dejar fuera de este llamado a las motocicletas.

En semanas recientes se han producido numerosos percances en calles y carreteras de todo el país, algunos solo han dejado daños materiales, pero en otros hay lamentable cauda de muertos, heridos y graves secuelas físicas que enlutan hogares e impactan económicamente a decenas de familias que pierden a uno o ambos padres. Es usual el intento por repartir responsabilidades entre los conductores involucrados, que a la larga resulta un ejercicio estéril si no contribuye a generar nuevas normas de convivencia vial. Tan solo en el 2018 hubo 6,480 incidentes viales que dejaron 1,489 muertos, equivalentes a cuatro personas fallecidas a diario, dato que debería constituir una obligada reflexión conductual.

Respecto del actuar de las autoridades de Tránsito, es urgente la aplicación de sanciones rigurosas contra toda persona que conduzca un vehículo bajo efectos de licor o que actúe temerariamente, al rebasar contra la vía, cruzarse semáforos en rojo o abusar del límite de velocidad. Acciones aparentemente inocuas como estacionarse en doble fila o detenerse en áreas sin autorización con luces de emergencia —sin que exista una— pueden llegar a ser generadoras de percances de terceros, por lo cual deben evitarse.

La prevalencia de los derechos del peatón debe ser reforzada: el respeto a los pasos de cebra, la cesión del paso a los transeúntes o la reducción de velocidad en áreas próximas a establecimientos educativos, mercados o centros comerciales. Esto a su vez conlleva un sentido de más prudencia para quienes se desplazan a pie, sobre todo en cuanto al cuidado de los niños, quienes lamentablemente terminan siendo víctimas mortales por descuidos de los adultos.

La actualización integral, técnica y pertinente de la Ley de Tránsito es una deuda que se hereda de Congreso a Congreso y de Gobierno a Gobierno, sin que nadie emprenda el esfuerzo de trazar una normativa funcional, adaptada a las exigencias de la época. Así también es necesaria una gran campaña nacional de educación y fomento de valores viales que permita atajar asertivamente todas aquellas conductas que tiendan a la imprudencia y exhiban un riesgo para las demás personas que se conducen por las vías públicas.

No debe quedar fuera de una futura normativa moderna la reglamentación para proteger también a los ciclistas, entre quienes hay también numerosas muertes, sobre todo en la provincia, debido a que son arrollados por pilotos de automotores de todo tamaño. También los motociclistas llevan las de perder a la hora de una colisión, sobre todo si llevan pasajeros y no portan casco protector. Se trata de un medio de transporte que se ha multiplicado abrumadoramente en la última década, por lo cual también su normativa figura dentro de las necesidades urgentes. Es diciembre, mes de unión y alegría: que no se ensombrezca a causa de la imprudencia.