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El desconcierto de los apachurrados

Antonio Mosquera Aguilar http://registroakasico.wordpress.com

Gobernar siempre significa beneficiar y postergar intereses. Es patente ese rumbo de pérdidas y ganancias en la economía. La responsabilidad no se encuentra en manos invisibles ni númenes desconocidos. Un conjunto de decisiones crean cortos circuitos en el crecimiento de la riqueza nacional.

Los migrantes, asustados por la retórica trumpista, envían mayores remesas. Se celebra el envío de Q39 millardos en el último semestre. Una cifra impresionante representativa de casi la mitad del gasto estatal. Como se sabe, son fondos privados pero la conversión al dólar genera un respaldo en divisas muy fuerte. El Banco de Guatemala se ve en la necesidad de efectuar compras para evitar la depreciación sin control de la moneda estadounidense.

La banca central utiliza mecanismos tradicionales para evitar concentrar dinero ocioso. Lo devuelven a los bancos a través de deuda interna; pero por la esencia de la banca, no se aumentan los préstamos a los particulares. En efecto, se trata de bancos de operación comercial, por lo tanto solo fían si tienen garantía. Este es el primer corto circuito económico.

De esa manera se aprecia el quetzal en el tipo de cambio, pero incrementa su número. Los comerciantes se especializan en productos importados, legal y de contrabando, pueden venderlos a mayor precio, pues realizan las compras en dólares y las ventas en abundantes quetzales. En el 2017 la inflación llegó casi a 6%, superior a todas las tasas obtenidas por ahorro. Resulta la paradoja de baja del poder adquisitivo del quetzal en el país y subida de las compras en el extranjero por la apreciación del quetzal. Nuevo corto circuito.

Aunque las remesas llegan a las clases populares, otorgándoles mayor poder de compra, debido a carecer de canales y acceso a una inversión productiva en sus negocios, lo utilizan en compras de las mercancías usuales, a mayor precio. En otras palabras, la vida sigue igual.

Al no existir ningún proyecto de modificación de la estructura de clases, la disponibilidad de mayor efectivo no se traduce en una mejora de la calidad de vida. La expresión monetaria consiste en la estabilidad macroeconómica frente al rigor microeconómico. Los campesinos, para poner un caso, tienen mayor disponibilidad de dinero, pero los bienes de producción suben de precio al estar concentrada la importación en unos cuantos. Por lo tanto, no se puede confiar en la iniciativa privada, pues resulta más fácil subir el precio de lo que se vende, en lugar de enfrentar mayores trabajos al introducir tecnología adecuada en la pequeña propiedad. Solo los productores que pueden controlar la perversión neoliberal de la política monetaria incrementan su riqueza.

Supuestamente con la liberalización de la importación se corrige esta deformidad del mercado. Se confió en el TLCEUCA+RD para generar mayor dinamismo en la economía, pues permitiría acceder a los bienes industriales a un precio adecuado. No obstante, la naturaleza monopólica de los negocios se impone, al ralentizar y hasta agostar a la importación. En efecto, las importaciones entre 2010 y 2015 provenientes de EE. UU. han disminuido en 1.8% y las exportaciones del país también han disminuido en 0.8%. En otras palabras, no van bien las cosas con el libre comercio, hay otro corto circuito.

Corregir la marcha hacia abajo es difícil cuando todas las energías se concentran en insultar, generar acusaciones, denuncias y activismo. Toda la atención sobre lo importante se difumina. Solo se escuchan los cantos de sirena sobre prosperidad y cooperación, por los interesados en continuar su dominio mundial.

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