Pluma invitada

Brete eleccionario engrosa ubérrima crisis de la Nación

Cuando los guatemaltecos conscientes, honestos y responsables, concluido el proceso electoral en primera vuelta, esperaban ansiosos un débil pero firme inicio del anhelado cambio para el país violentado en sus derechos ciudadanos desde hace años, por tanta inmundicia política, humana y social, surgieron graves acusaciones, anomalías y hasta denuncias de supuesto fraude, según algunos buenos o malos políticos que están bajo investigación por el Tribunal Supremo Electoral y por el Ministerio Publico, con su llegada un tanto tardía.

El pueblo espera que no suceda ningún peligroso desastre nacional. Los presidenciables, Sandra Torres y Alejandro Giammattei, ganadores en primera ronda, preocupados, por supuesto, por esta delicada, sorpresiva y misteriosa situación, se alistan para ir en busca del guacamolón, como nueva presidenta o mandatario de Guatemala. Alcaldes y diputados triunfadores al Congreso y Parlamento Centroamericano —muy cuestionado por la ciudadanía—, aún pendientes de tal pesquisa, festejan victoria, algunos para recuperar pronto su dinero invertido con jugosos sueldos y futuras prebendas, legales o no, dependiendo de su honestidad, mientras que los perdedores se lamentarán.

Buena mayoría de candidatos pagó a sus electores en muchos casos hasta quinientos quetzales por voto, a la pura brava, inclusive cerca de los lugares de votaciones y en presencia de opositores, obsequiando, además, previos y posteriores fabulosos festejos, comidas, fiestas y hasta inversiones en pequeños proyectos comunales. Fatal, pero real, incremento de repudiable crisis que golpea fuertemente al pueblo pacífico, aguantador, pero también indiferente sin reacción alguna a tan triste y cruda realidad que les daña en lo más profundo de su vida.

El pronto resultado legal, justo y ejemplar, es esperado por los organismos Ejecutivo, Legislativo y Judicial, candidatos ganadores y perdedores, pero especialmente por el pueblo, esperanzado en su mejor porvenir, incluyendo políticos decentes y también mafiosos. Ojalá llegue en paz, sin intereses y arrebatos de ninguna naturaleza, luchando por enterrar tanta inmundicia política, corrupción, violencia, inseguridad, inmundicia, impunidad y criminalidad.

La votación fue minoritaria, todos lo saben, pero eso queda atrás. De más de ocho millones de electores registrados, solamente acudieron cerca de cuatro millones; sin embargo, la población tentativa asciende a la fecha a cerca de Q18 millones. Los jóvenes, futuros ciudadanos —irónicamente no votaron—, otros electores marcaron nulo, favoreciendo sin pensarlo a posibles no calificados. Ante tan oscuro panorama, solamente queda respetar el resultado de la investigación avalada por Dios, para bendición de Guatemala,, que tanto la necesita.

Este complicado evento eleccionario, insistimos, debió ser un acontecimiento estrictamente cívico democrático, pero los tradicionales malos políticos lo oscurecieron en su etapa preelectoral con asesinatos de candidatos y luego, concluida la elección, protestas, manifestaciones, agresiones y crímenes, alegando anomalías y presunta intención fraudulenta, que deben ser esclarecidas legalmente y castigados los responsables.

La millonaria inversión económica en estas elecciones generales, agotador trabajo por varios años, extensa planificación, adiestramiento de personal, impresión de diversa documentación, habilitación de locales, seguridad, transporte y mucho más, no pueden perderse.