Historia de Guatemala: Condenan a conjurados de Belén, 1808

Un traidor bastó para que el 21 de diciembre de 1813 arrestaran a quienes se reunían secretamente en el convento de los belemitas.

Condenan a conjurados de Belén
Ventana del instituto Belén, cuyo inmueble alguna vez albergó el convento de la Orden de Belén. Tenía una placa en recuerdo de los conjurados de 1813, pero fue robada. Fotografía Esbin Garcia 17-02-21

Sucesos como la Independencia de Estados Unidos, las sesiones de las Córtes de Cádiz y la posterior promulgación de la Constitución de 1812 en España acicatearon ideas de mayor descentralización administrativa y económica, a la vez que alimentaron las aspiraciones independentistas de algunos sectores en las colonias de América.

Desde 1811 hasta 1818 ocupó el cargo de capitán general de Guatemala don José de Bustamante y Guerra, quien hizo honor a este segundo apellido con su combate frontal a cualquier expresión, crítica o acción relacionada con la independencia. Fue un férreo opositor de la Constitución española y ante el llamado a la insurrección de los religiosos Hidalgo y Morelos en la Nueva España (México), preparó tropas y creó el “cuerpo de voluntarios de Fernando VII”.

En este contexto tuvieron lugar reuniones secretas en el Convento de Belén, las cuales comenzaron el 28 de octubre de 1813, por invitación del prior fray Juan de la Concepción a algunos religiosos, ciudadanos y militares, quienes juraron secreto absoluto sobre lo discutido. En esos encuentros se habría leído la proclama que lanzó en México el sacerdote José María Morelos y se conversó acerca de las vías para buscar la sustitución de Bustamante. No se habló de planes estructurados al detalle. A comienzos de noviembre se celebró una reunión, esta vez en la casa de Cayetano y Mariano Bedoya, hermanos de doña Dolores Bedoya de Molina y cuñados del doctor Pedro Molina. Fray Juan fue electo como líder.

Así también llegaron los tenientes José de la Llana y Mariano Sánchez, y Joaquín Yúdice. Este último fue el delator: denunció las reuniones ante sus superiores.

El 21 de diciembre comenzaron las capturas. Nunca se encontró un documento que hiciera constar un plan revolucionario o emancipador, pero De la Llana afirmó haberlo visto y que el levantamiento se había planificado para la noche del 24 de diciembre.

El objetivo era destituir a Bustamante, liberar a los encarcelados por el levantamiento de Granada, Nicaragua; tomar las arcas reales y expulsar a los españoles que se opusieran con el apoyo de los militares involucrados.

Los hermanos Bedoya afirmaron en el juicio que la llamada conjura o conspiración de Belén no era tal, que no existía un plan. Declararon haberse reunido para hablar de temas diversos y jugar naipes, aunque reconocieron que en aquellas partidas hubo libre expresión de ideas sobre el gobierno, las Cortes y el capitán general. Fray Juan de la Concepción coincidió con ellos al indicar que solo exponían opiniones y discutían noticias llegadas de otros lugares.

No se sabe si Bustamante exageró los argumentos a fin de dar un golpe contra la élite criolla, a la cual pertenecían los Bedoya. Según el historiador Alejandro Marure, se infló el caso para darle aire de grave delito con el propósito de frenar más intentos independentistas.

Sentencia a muerte

En septiembre de 1814 se condenó a la pena de muerte a 15 de los acusados. Los militares José Francisco Barrundia y Joaquín Yúdice, el sacerdote indígena Tomás Ruiz y fray Víctor Castillo recibieron la pena de garrote vil. Se amarraba al condenado a una silla cuyo respaldo, a la altura de la cabeza, tenía un collar de cuero que se le sujetaba al cuello, y con un movimiento de torniquete provocaba lentamente la asfixia. Los otros 11 fueron sentenciados a la horca: fray Juan de la Concepción y fray Manuel de San José; los sargentos León Díaz, Felipe Castro y Andrés Dardón; Juan José Alvarado, Juan Fernández, Cayetano Bedoya, Manuel Ibarra, Mariano Cárdenas y el indígena Manuel Tot. El fraile mercedario Benito Miquelena fue condenado a 10 años de cárcel en África, y Francisco Montiel y José Ruiz a ocho, en el mismo penal. Al sargento Rafael Aranzamendi se le sancionó por no avisar a tiempo.

El nivel social y relaciones de varios de los prisioneros influyó para que se les conmutaran las penas. Pasaron cinco años en prisión, pero en condiciones muy difíciles e insalubres. El 13 de diciembre de 1819 fueron indultados del delito de rebelión, decreto que envió el rey el 12 de mayo de 1817.

El sacerdote Ruiz fue sometido a períodos de aislamiento y privaciones. Al salir se marchó a Chiapas, donde falleció a los 47 años. Después de la Independencia, a Yúdice le dieron un cargo en las Verapaces, y a Cayetano Bedoya lo enviaron a México como portavoz de la declaración de emancipación.

Condenan a conjurados de Belén
José Joaquín de Bustamante y Guerra es considerado el más cruel de los capitanes generales de Guatemala. Foto Hemeroteca PL

CAPITÁN GENERAL

José de Bustamante y Guerra era originario de Santander, España, tenía una brillante hoja de servicio en la Marina y llegó al grado de capitán de Fragata. En 1789 intentó un viaje alrededor del mundo: de Cádiz se desplazó a Sudamérica, bordeó el continente y llegó al océano Pacífico, hasta las Filipinas. También trató de ir a África, pero por reyertas entre España y Francia no pudo completar la travesía. En 1796 fue gobernador de Montevideo, y de 1810 a 1817, capitán general de Guatemala. Murió en 1825.

Historia General de Guatemala, Hemeroteca Prensa Libre.