AZCCA, el refugio de contadores de cuentos cumple 32 años

La Asociación Zacapaneca de Contadores de Cuentos y Anécdotas (AZCCA) busca ser un punto de referencia para la oralidad en Oriente.

La sede de AZCCA es una construcción que tiene 300 años que fue otorgada como usufructo de 60 años por el Ministerio de Cultura y Deportes en el 2004. (Foto Prensa Libre: Cortesía Vilma Sánchez)
La sede de AZCCA es una construcción que tiene 300 años que fue otorgada como usufructo de 60 años por el Ministerio de Cultura y Deportes en el 2004. (Foto Prensa Libre: Cortesía Vilma Sánchez)

En junio del 2018, el periódico español El País publicó en su portal web un relato con autoría del escritor Mario Vargas Llosa, a propósito de su inadvertido paso por Guatemala durante ese año. En el texto, el autor inicia resaltando la cálida Zacapa, departamento que ruega a los lectores visitar, y especialmente, una vivienda del Barrio Las Flores, que es frecuentada por los peculiares “cuenteros” de Oriente.

La casa, que podría verse como una más de ese vecindario, resguarda la magia e ingenio de los narradores más peculiares de la comunidad, así como de municipios aledaños. El inmueble se distingue por un letrero que dice AZCCA, cuyas siglas corresponden a Asociación Zacapaneca de Contadores de Cuentos y Anécdotas. Desde la entrada, el lugar se reconoce inevitablemente como un refugio para las historias. Adentro prevalece la quietud, la que Vargas Llosa reconoció cuando apenas se encaminaba por los refrescados pasillos de la Asociación.

El valor de este refugio, que cumplió 32 años de hacer comunidad desde la oralidad, no lo dictamina la visita del Nobel de Literatura. Vilma Sánchez, quien preside la Asociación, argumenta que el lugar es valioso por la labor de quienes desarrollan el espacio. Su misión consiste en mantener viva la oralidad del Valle del Motagua. El cometido de los autodenominados azccanos se ha revindicado cada año desde 1987, en actividades donde se reúnen a relatar historias. Los partícipes de estos encuentros pueden adquirir otros títulos: contadores de cuentos y anécdotas, narradores, cuenteros, anecdotistas u oradores.

Muchos tienen algo que contar y otros algo que escuchar. El intercambio de relatos —ficticios o reales— sustenta la asociación que sigue viva después de tres décadas. Sánchez, quien la dirige desde 2018, agrega que otro de los objetivos de este centro es ser un referente cultural para la parte oriente de Guatemala.

En el lugar se reiteran actividades para estimular la mente e imaginación: presentaciones y discusiones de libros, foros de cine, talleres de narrativa y de oratoria, así como una creciente biblioteca que a ratos suele ambular en los municipios de Oriente.

Vilma Sánchez comparte que ha logrado reactivar AZCCA después de un tiempo de rezago. (Foto Prensa Libre: Alejandro Ortiz)

Una chispa que no se apaga

Los azccanos nunca se autodenominaron así. Al inicio no se pensaba siquiera en una agrupación que pudiera hacer lo que hasta la actualidad acontece en la casa del Barrio Las Flores. Todo empezó con Virgilio Cordón, quien se reunía periódicamente con amistades y familiares para relatar y escuchar anécdotas. Los encuentros eran presididos por Cordón en su casa campestre, donde los participantes aportaban chistes, leyendas y, por supuesto, experiencias propias. Después de mucho tiempo de reunirse de manera informal, Cordón definió junto al doctor Julio Morales —uno de sus allegados en las actividades— establecer una organización que recogiera los distintos elementos que abarcaba la oralidad en sus reuniones.

En 1987 la idea tomó forma, de manera que Virgilio y sus semejantes anecdotistas fueron recibiendo más adeptos. “Había tanto por contar,” expresa la directora de la hoy formada Asociación. Resalta que la labor de los primeros contadores de cuentos avivó incluso muchas de las historias que sus abuelos les transmitieron. Aunque en el longevo quehacer del grupo también ha habido espacio para la imaginación y las historias inventadas, las experiencias personales son las que más han tomado protagonismo en las juntas. Según Vilma, las narraciones han puesto de manifiesto la idiosincrasia de los habitantes de Oriente, y en especial la de los zacapanecos.

Sánchez apunta que la espontaneidad, la facilidad de palabra, el ingenio y el lenguaje particular para nombrar cosas, son características que tienen los habitantes de Zacapa, razón que les permite en muchos casos hilvanar fácilmente un relato. Tal versatilidad se vio plasmada en la publicación de un manual para conocer al oriental, que recopila los modismos y localismos utilizados en ese municipio y otros desde El Progreso hasta Gualán; todos adscritos en el Valle del Motagua.

Sin embargo, para la directora de AZCCA, además de las habilidades mencionadas, la chispa y el coloquialismo definen a un buen anecdotista. Ella añade que, quien relata un cuento tiene la ventaja de poder modificar la narrativa en la marcha, y puede adaptarse a las circunstancias. Con el lenguaje coloquial, a diferencia de uno literario o académico, se puede dar otra connotación.

Sánchez cuenta que esta vivacidad en la comunicación de muchos de los habitantes del Valle de Motagua se remonta a los orígenes de conquista del sector. De acuerdo con la directora, cuando los españoles se asentaron en el área había presencia de trovadores que relataban historias, mientras las musicalizaban. En consecuencia, dice, los relatos siguieron propiciándose en los municipios, pero sin el empleo de un instrumento musical.

En retrospectiva, esa agudeza por hacer públicas las experiencias, llevó a los primeros integrantes de la asociación de anecdotistas a recopilar distintas leyendas locales en antologías, que, hasta la fecha, suman tres volúmenes. Además de plasmar la oralidad de antaño en libros, los miembros también han tenido la posibilidad de publicar sus obras con asesoramiento de expertos en Letras que integran el grupo de oriente. A la fecha se han editado 163 títulos desde la agrupación.

Los azccanos de hoy

Las puertas de la vivienda están abiertas para cualquier persona que desee contar o escuchar experiencias. La directora del centro explica que los interesados en unirse a la familia de cuentacuentos deben llenar un formulario en el que se establezcan sus intereses dentro de la asociación (escritura, narración o docencia), posteriormente se discute la postulación en la junta directiva. Una vez es aprobada la solicitud, ya se puede ser miembro activo del grupo, y mensualmente aportar una cuota de Q25 para el desarrollo de la asociación. En la actualidad hay 64 integrantes cuyas edades van de los 23 a los 90 años.

Vilma asegura que no se requiere de conocimientos en Letras o carreras afines para ingresar al grupo. No hay patrones profesionales, dice. “Los azccanos se desvisten de cualquier connotación profesional. Lo que destaca acá es la oralidad, la espontaneidad y la sencillez,” recalca. La experiencia se adquiere en encuentros de formación, los cuales han hecho que personas que no tenían conocimientos técnicos en literatura publiquen sus obras con asesoramiento. También se imparten talleres de narrativa a los menores interesados en el tema.

Como toda historia, en la del centro también hay retos. En la actualidad, uno de ellos consiste en llegar a más personas y salir de un imaginario comunitario que ha dejado a AZCCA como un círculo “académico y de élite”. Vilma Sánchez comenta que hasta hace tiempo, la asociación se veía de esa manera, ya que concentraba un número reducido de personas. “Estamos tratando de romper con el concepto que esto es algo cerrado y elitista. Hay cabida para cualquier persona, siempre y cuando sea respetuosa de los principios,” propone. En el espacio se acoge a quienes practiquen respeto, integridad, compañerismo y honestidad.

Valor único

Las manifestaciones de la oralidad en la Asociación le han permitido un reconocimiento mayor a la agrupación. En 2014, el Ministerio de Cultura y Deportes (MCD) la declaró, mediante el acuerdo 620-2014 Patrimonio Cultural Intangible de la Nación, enfatizado en la Oralidad del Valle Medio del Motagua. Asimismo, la asociación guarda una relación con el MCD, ya que su inmueble pertenece a la cartera ministerial desde 2004, cuando les fue dado en usufructo. Esta acción fue facilitada durante el período presidencial de Alfonso Portillo, también zacapaneco y miembro de la Asociación.

La biblioteca de AZCCA cuenta con toda la bibliografía de las personas que se han involucrado en el proyecto. (Foto Prensa Libre: Cortesía Vilma Sánchez)

El mayor desafío para el grupo tiene una relación con ese hecho. Actualmente pretenden la institucionalización del espacio, con lo cual lograrían más apoyo económico de las autoridades para continuar con los trabajos. La directora expresa que es algo de carácter urgente, ya que se trata de un centro cultural reconocido como patrimonio, y el único como referencia para escritores y oradores en oriente. “El mérito lo tiene AZCCA por ser AZCCA, no porque su sede pertenezca al Ministerio de Cultura y Deportes,” dice Sánchez.

La visita del Nobel

Vargas Llosa visitó Zacapa en busca de la asociación. Según las anécdotas confirmadas por Vilma Sánchez, cuando el escritor preguntó a varios vecinos del departamento dónde se ubicaba la sede, estos no sabían. Sánchez relata que, una vez en el lugar, el peruano describió el espacio como “uno propicio para crear.” Esto reafirmó nuevamente la misión que tienen, dice.

La directora agrega que el grupo es uno de los pocos que preservan la oralidad en el mundo. Se tiene conocimiento que esto sucede de igual manera en el Qissa Khawani Bazaar (ubicado en Peshawar, Pakistán), donde yacen los afamados cuentacuentos de la zona. Sánchez agrega que los cuenteros del Valle del Motagua han sido reconocidos mundialmente por la naturaleza de su labor. Agrega que esto lo descubrieron con la llegada de Vargas Llosa, quien supo de la casa a través de la Unesco, cuya Directora General también ha visitado la casa del Barrio Las Flores.

De izquierda a derecha, Vilma Sánchez, Mario Vargas Llosa, Jorge Pinto (escritor azccano) y Álvaro Vargas (hijo de Vargas Llosa). (Foto Prensa Libre: Cortesía Vilma Sánchez)

Actualmente, la Asociación está poniendo en marcha un plan de salvaguardia, ya que la mayoría de los portadores de la oralidad del grupo oscila entre los 60 y 70 años. Por esta razón quieren recopilar la mayoría de las historias que retienen, y así dejar un registro para que no queden en el olvido.

En 2014, en paralelo al reconocimiento como Patrimonio Intangible, la agrupación hizo otro plan de conservación que consistió en hacer inventario de los narradores de la región del Valle del Motagua. En ese entonces contabilizaron 62 personas.

“A través de la oralidad se ha construido esta historia,” sintetiza Vilma Sánchez, quien a la fecha, mantiene intacto el legado que alguna vez emanó de la inquietud de Virgilio Cordón y sus amistades en un cálido escenario zacapaneco; mismo que sigue abrazando los interminables relatos de la comunidad.

Aunque los 32 años de la Asociación se conmemoran a principios de octubre, se llevará a cabo la celebración de aniversario el 7 de diciembre, en el Barrio Las Flores.

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