Escenario
Cuatro causas de beatificación que avanzan en Guatemala
En Guatemala hay hombres y mujeres que, por su manera de vivir y el amor por las enseñanzas cristianas, se encuentran en proceso de beatificación, entre ellos Ernesto Cofino, María Teresa Aycinena y Piñol, Fray Augusto Ramírez Monasterio y el padre Hermógenes López Coarchita .
Imágenes de Ernesto Cofino, María Teresa Aycinena y Piñol, Fray Augusto Ramírez Monasterio y el padre Hermógenes López Coarchita quienes se encuentran en proceso para beatificación. (Fotos Prensa Libre: cortesía Opus Dei, familia Rami´rez Monasterio y Asociación Pro-canonización de Madre María Teresa y Parroquia de San José)
Existen varias causas abiertas para beatificaciones en Guatemala, entre las cuales destacan las de fray Augusto Rafael Ramírez Monasterio, del padre Hermógenes López Coarchita, del doctor Ernesto Cofiño y de María Teresa de la Santísima Trinidad.
El tiempo para nombrarlos beatos depende de varios factores. Uno de ellos es la cantidad de devotos; cuando hay mayor devoción, el proceso se agiliza en el Vaticano. También influye el trabajo de especialistas —abogados, teólogos, psicólogos—, que requiere tiempo y recursos.
Lo esperado es que los beatos lleguen a ser santos; ese es el camino natural. Sin embargo, algunos permanecen como beatos porque no se reconoce un segundo milagro, explica el sacerdote Luis René Sandoval, director de Comunicación del Arzobispado de Santiago de Guatemala.
Para ser beato se necesita un milagro, y para ser santo, dos. En varios casos, la fase diocesana ya concluyó y se encuentran en la etapa romana. Por ejemplo, el padre Hermógenes López Coarchita y el doctor Ernesto Cofiño ya avanzaron en la diocesana, y fray Augusto ya terminó la fase romana, y se espera la próxima beatificación.
Como fieles, lo que corresponde es orar y pedir su intercesión para que la Iglesia reconozca el camino a su santidad, dice Sandoval.
Por ejemplo, san Juan Pablo II, que falleció en el 2005, fue beatificado el 1 de mayo del 2011 por el papa Benedicto XVI y canonizado el 27 de abril del 2014, debido a la gran devoción hacia él que existía desde el inicio, conocida como “santo súbito”.
“Varias congregaciones y comunidades están promoviendo nuevas causas a través del tribunal eclesiástico. Esto también transmite un mensaje importante: que se puede ser santo hoy. Incluso en el mundo actual, hay ejemplos de vida que inspiran. Todo pecador puede llegar a ser santo”, comenta Sandoval.
Ernesto Cofiño
La vida y legado del médico guatemalteco Ernesto Cofiño dieron un paso hacia la santidad luego de que el papa Francisco reconociera sus virtudes heroicas.
El 14 de diciembre del 2023, Francisco firmó el decreto en el que se reconocen las “virtudes heroicas” del médico guatemalteco Ernesto Cofiño (1899-1991), lo que supone el primer paso para que prosiga la causa de beatificación.
Este laico, perteneciente al Opus Dei, nació el 5 de junio de 1899, en la Ciudad de Guatemala, y falleció en este mismo lugar el 17 de octubre de 1991.
Según la biografía de la página web del Opus Dei, Cofiño, quien estudió medicina en París, Francia, es considerado “el padre de la pediatría en Guatemala”. Se casó en 1933 y tuvo cinco hijos. Trabajó en favor de las personas más necesitadas, formó a miles de universitarios y fue reconocido por sus contribuciones científicas.
En 1956 descubrió su vocación en el Opus Dei. De 1951 a 1955 fue director del Centro Educativo Asistencial (antiguo Hospicio Nacional). También dirigió la Sociedad Protectora del Niño (1940-1946) y la Lucha Nacional contra la Tuberculosis (1945-1946).
En el 2014, el sacerdote Santiago Callejo, quien postuló la causa de Cofiño, dijo en una entrevista que destacaba la generosidad de vida del doctor. “Ernesto fue un buen marido y padre, y quiso ser un buen médico porque sabía que el trabajo era su camino para servir a los demás, para cambiar el trozo de mundo que Dios le había encomendado. Nos muestra que el trabajo y la familia son los lugares donde estamos llamados a comportarnos como lo haría Jesús. Se empeñó con todo su corazón al servicio de los demás. Se preocupó por cultivar su propia vivencia cristiana y estimulaba la vida espiritual de quienes se acercaban a él”. Agregó que Cofiño “supondrá una inspiración muy cercana para la Iglesia en Guatemala” y añadió que su fama de santidad se ha extendido mucho en los últimos años: “A la postulación nos llegan a diario relatos de sitios muy diversos, aunque predominan las personas de su tierra natal y también quienes piden por su intercesión recuperar la salud, ya que era médico”.
“Es una figura muy actual, y no solo porque vivió hasta finales del siglo XX y su fallecimiento es relativamente reciente. Pienso que en él nos podemos reflejar muchas personas: fue, entre otras cosas, padre de familia, abuelo, amigo, estudiante, médico y profesor. Le tocó vivir circunstancias duras, como el fallecimiento de su esposa a una edad relativamente joven, cuando su último hijo tenía apenas 7 años. Tuvo que afrontar también numerosas situaciones sociales y profesionales complicadas”.
María Teresa Aycinena y Piñol
Nació el 15 de abril de 1784, en el seno de una familia de influyentes comerciantes de la Capitanía General de Guatemala.
Como se acostumbraba en la época, su madre fue en el hogar la principal educadora de María Teresa, y parte importante de esa formación ocupaba el tema de las “buenas maneras” y la religiosidad. La formación del hogar se reforzaba en el semi internado de la Presentación.
Desde los 13 años quería consagrarse al Señor, pero todavía no tenía la edad para entrar al convento; además, durante años sufrió enfermedades y toda clase de pruebas de salud.
Entre los años 1815-1821, María Teresa experimentó una serie de fenómenos místicos: aparecen en su cuerpo los estigmas de la Pasión, además de los éxtasis, visiones, raptos, suspensiones y otros eventos, según la página oficial que promueve la causa.
El 16 de diciembre de 1826 se hizo la última elección de priora en la Madre María Teresa, que había tenido que dejar el priorato de la anterior elección, pues la Asamblea de la Nación la declaró nula, y en su lugar puso una suplente que gobernara el convento.
El 29 de noviembre de 1841 fallece, a los 57 años, en su ciudad natal, Nueva Guatemala de la Asunción.
El 12 de noviembre del 2006, la Asociación Pro-Beatificación Madre María Teresa Aycinena nombró como postulador para la fase diocesana al sacerdote Jesús María Sarasa, natural de Navarra. El nombramiento contó con el visto bueno del arzobispo Rodolfo Cardenal Quezada Toruño el 13 de noviembre del 2006.
Un año después, el 12 de diciembre del 2007, Sarasa entregó una carta de petición para el inicio de la causa al entonces Arzobispo Metropolitano, monseñor Rodolfo Cardenal Quezada Toruño.
El 6 de enero del 2016 fue nombrado postulador de la causa el sacerdote Romano Gambalunga, OCD, postulador general de los carmelitas descalzos, con sede en Roma.
El 19 de enero del 2018, en congreso ordinario, la Congregación para las Causas de los Santos concedió voto afirmativo sobre la validez de la Investigación Diocesana del Proceso de Canonización. El 3 de mayo del 2018, el sacerdote Luis David Pérez, OCD, vicepostulador de la causa, fue notificado del nombramiento de monseñor José Jaime Brosel Gavila como relator de la Causa de la Madre María Teresa. Se elaboró la Positio, que debe presentarse a la Congregación para las Causas de los Santos.vvvv
Fray Augusto Ramírez Monasterio
El 22 de enero del 2026, el papa León XIV autorizó al cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, la promulgación del decreto que reconoce el martirio del sacerdote franciscano guatemalteco fray Augusto Rafael Ramírez Monasterio, de la Orden de los Frailes Menores.
Con esta aprobación, fray Augusto pasa de ser siervo de Dios a venerable, el segundo paso en el camino hacia la beatificación. El decreto reconoce oficialmente su martirio durante el conflicto armado interno en Guatemala.
Fray Augusto, como era conocido, viajó a España para ser ordenado sacerdote y luego regresó a Guatemala para ejercer su labor pastoral. En 1975 fue asignado a la iglesia Cristo Rey, en la zona 15 de la capital. Posteriormente fue nombrado padre superior del templo de San Francisco El Grande, en Antigua Guatemala, donde participó también en el proceso de santificación del Hermano Pedro.
Ejerció su ministerio hasta el 7 de noviembre de 1983, cuando fue asesinado. “Nuestra familia ha sido profundamente católica. Mis abuelos siempre tuvieron el deseo de que uno de sus hijos fuera sacerdote”, recuerda Gerardo Villamar Ramírez, sobrino del religioso, y relata que se enteraron del reconocimiento por medio de Ana Judith Morales Ramírez, historiadora que durante años recopiló documentos y redactó el expediente. “Como familia, nos sentimos profundamente agradecidos y comprometidos. Sabemos que este reconocimiento implica también una responsabilidad: promover la devoción y dar a conocer su testimonio. Notas como esta motivan esa devoción futura”, afirma Villamar.
El 25 de enero, la familia del futuro beato se reunió en el templo de San Francisco El Grande, para conocer los procesos por venir.
Luis René Sandoval, director de Comunicación del Arzobispado de Santiago de Guatemala, explicó: “La palabra beato significa feliz, y es feliz quien sigue a Cristo hasta las últimas consecuencias. Esta beatificación será un ejemplo de vida”.
Por su parte, Fray Edwin Alvarado, rector del templo de San Francisco El Grande, expresó: “Me llamaron a las 5 de la mañana desde la Curia General. Recibir una noticia tan grande por teléfono fue muy emocionante. Inmediatamente la compartí con la Fraternidad”.
Alvarado contó que la aprobación del Papa permitió hacer pública la información: “La causa fue presentada por el cardenal Semeraro y aprobada de inmediato. Luego, la Curia General la publicó y se difundió oficialmente por medios vaticanos”.
“Desde ese día he recibido mensajes de felicitación. Hay personas que conocieron al padre Augusto, incluso niños que hoy son adultos y que fueron sus alumnos de música”.
Hermógenes López Coarchita
Guatemala está a la expectativa de la respuesta sobre la causa de beatificación del sacerdote Eufemio Hermógenes López Coarchita, que analizan los consultores teólogos del Dicasterio de los Santos, en Roma.
El padre Hermógenes López Coarchita nació en Ciudad Vieja, Sacatepéquez, el 16 de septiembre de 1928, y fue el tercero de ocho hermanos. A los 15 años ingresó al Seminario Conciliar de la Arquidiócesis, y el 7 de noviembre de 1954 fue ordenado sacerdote.
Llegó a San José Pinula el 28 de noviembre de 1966, donde acompañó y sirvió al pueblo durante 12 años, hasta el 30 de junio de 1978, cuando fue asesinado cuando volvía de visitar a un enfermo.
En el 2006 se solicitó a la Congregación de las Causas de los Santos que se introdujera la petición de beatificación.
López Coarchita se pronunció en contra del reclutamiento militar forzoso de los jóvenes y se opuso a un proyecto de traslado de agua de San José Pinula hacia la capital. El 29 de junio de 1978 le envió una carta al presidente Kjell Eugenio Laugerud García, en la cual le pedía la “supresión del Ejército Nacional”.
Al día siguiente, hombres armados lo emboscaron en la carretera de la aldea San Luis a San José Pinula y le dieron muerte. Su caso forma parte del informe de la Comisión de Esclarecimiento Histórico de Guatemala.
Los feligreses de San José Pinula, a quienes él llamaba con cariño “mis pinulas”, esperan con ansias que la respuesta sea positiva y así poder ver que su antiguo párroco avance en el camino hacia los altares.
“Ya tenemos la ametralladora comprada. En mi casa esperamos con mucha esperanza y fe la respuesta del Vaticano, para que pronto se dé su tan merecido ascenso a los altares. El padre Hermógenes ha estado siempre presente en nuestras familias y en la vida de fe de nuestro pueblo, desde que éramos niños. Es un ejemplo de vida cristiana, humildad y servicio al prójimo”, expresa Graciela García.
Mientras su causa de beatificación y canonización es analizada en Roma, el pueblo católico de Guatemala espera que en los próximos días el proceso avance.

