Escenario

Gran Museo Egipcio narra la magnificencia del antiguo Egipto

Artefactos que narran la magnificencia del Antiguo Egipto se exhiben en un monumental recinto, cuya construcción se prolongó dos décadas.

Gran Museo Egipcio: 20 años de un sueño hecho realidad

Las 12 salas de exhibiciones del Gran Museo Egipcio, en Egipto, están organizadas por períodos históricos, desde el predinástico —año 3000 a. C.— hasta la etapa copta —siglo VII de nuestra era—. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)

A poco más de cien años del descubrimiento del mayor tesoro arqueológico del siglo XX, la tumba del faraón Tutankamón, a finales del año pasado abrió sus puertas el Gran Museo Egipcio (GME), proyecto que tardó 30 años en concretarse, único recinto de su tipo en el mundo, a raíz de lo cual se han renovado las demandas de la devolución de invaluables piezas originarias del Antiguo Egipto resguardadas en museos europeos.

Fastuosa fue la inauguración del GME, el 1 de noviembre, la cual congregó a 79 delegaciones internacionales que incluían a jefes de Estado y miembros de la realeza, quienes llegaron para admirar, especialmente, los cinco mil 500 objetos que encontró el arqueólogo británico Howard Carter en la tumba de Tutankamón, en 1922, y que datan de hace tres mil 300 años, son exhibidos por primera vez en un solo lugar y algunos de los cuales nunca antes fueron vistos. Presentaciones de artistas egipcios y esplendorosos juegos artificiales, de luces y de drones estuvieron a la altura del evento.

El complejo del GME, que abrió al público el 4 de noviembre y cuya construcción tuvo un valor de US$1 mil millones, es enorme: ocupa 258 mil pies cuadrados —unos 24 mil metros cuadrados—, a tan solo dos kilómetros de las Grandes Pirámides de Giza y a ocho km de El Cairo, por lo que se convirtió en el museo más grande del mundo dedicado a una civilización.

El colosal recinto alberga alrededor de cien mil artefactos, bien preservados, del Antiguo Egipto, como rollos de papiro, textiles, sarcófagos, cerámica y momias, que han fascinado no solo a arqueólogos e historiadores, sino a la humanidad en general.

Una imponente estatua de granito de Ramsés II, de tres mil 200 años y 11 metros de alto, da la bienvenida a los visitantes al GME. La escultura fue transportada en un vehículo de 128 llantas, a una distancia de 30 km.

En el diseño del museo se observan motivos piramidales y angulares, elaborados en concreto, vidrio y piedra caliza local. En la fachada destaca la translúcida piedra de alabastro. Fue diseñado para que sus exhibiciones fueran iluminadas con luz natural, y no artificial.

Entrada al Gran Museo de Egipto, inaugurado el 1 de noviembre último, en la cual una impresionante estatua de Ramsés II da la bienvenida a los visitantes. El recinto, ubicado a ocho kilómetros de El Cairo, alberga la colección más grande sobre el Antiguo Egipto. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)

La entrada lleva a una espectacular escalera de seis pisos de altura, en la cual resplandecen varias estatuas faraónicas de gran tamaño.

Las 12 salas de exhibiciones están organizadas por períodos históricos, desde el predinástico —año 3 mil a. C.— hasta la era copta —siglo VII de nuestra era—. Desde el museo se pueden observar las famosas pirámides de Giza.

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Pero la atracción principal, como se indicó anteriormente, son los tesoros del faraón-niño Tutankamón, que ascendió al trono a los 9 años y cuyo gobierno duró apenas 10. Entre estos objetos destaca un trono cubierto de oro, con piedras preciosas y patas de animales talladas, así como su armadura corporal, exhibida por primera vez. Las famosas piezas faraónicas pueden ser admiradas en una nueva cámara, más grande que en la que se exhibían anteriormente, en el museo en El Cairo.

Para quienes se interesen en los mitos y debates vinculados con la prematura muerte de Tutankamón, pues algunos expertos refieren que fue asesinado, existe un área que explora las nuevas tecnologías forenses y análisis genéticos que arrojan teorías sobre su deceso.

Máscara fúnebre de oro puro, encontrada en la tumba de Tutankamón y que se exhibe en el GME, como la pieza estrella. (Foto Prensa Libre, Shutterstock)

Llaman especialmente la atención las figuras que representan a personajes que desempeñaban diferentes oficios cotidianos en el Antiguo Egipto, como cerveceros, panaderos, ganaderos o agricultores. Asimismo, bustos de mujeres que muestran diferentes estilos de peinado.

Trescientos restauradores trabajaron para que los objetos lucieran de nuevo su magnificencia. Además, unos 150 investigadores se dedican al estudio de artefactos en el Centro de Conservación del GME, formado por 17 laboratorios, uno de los más grandes de su tipo en el mundo, así como en la preparación de las piezas para su exhibición. Este centro conecta con el museo mediante un túnel de 200 metros de largo.

Para hacer más dinámico el recorrido y transportar al visitante a la vida diaria egipcia, el lugar cuenta con proyecciones que despliegan escenas de cazadores o agricultores.

La propuesta de su construcción pertenece al gobernante Hosni Mubarak, que se dio a conocer en 1992, y la primera piedra se colocó en el 2002. Entre el 2005 y 2008 comenzó la edificación. El actual presidente, Abdel Fattah el-Sisi, ordenó acelerar los trabajos en el 2015, y en el 2020, un 97% de estos se habían completado. En el 2024 se abrieron parcialmente al público algunas exhibiciones.

Varias causas retrasaron su apertura, como la revolución del 2011 y la contrarrevolución del 2013, así como crisis económicas y otras derivadas de la pandemia de covid-19.

¿Quiénes fueron los arquitectos?

Hace 22 se eligió a la pequeña empresa irlandesa de arquitectura Heneghan Peng Architects para encargarse del fastuoso diseño de uno de los museos más grandes del mundo, recuerda Roisin Heneghan, quien al principio pensó que la llamada se trataba de una broma, pues la firma estaba formada por solo cuatro personas, incluido su esposo, Shih-Fu Peng.

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Ellos fueron elegidos entre mil 556 participantes de más de 80 países, pero no se les permitió supervisar la construcción, como ocurre con muchos proyectos en esa región, señala Heneghan, quien añade que se hicieron algunos cambios al diseño original, pero que era algo de esperarse en un edificio de tal magnitud.

La pendiente del techo del museo apunta directamente al punto más alto de la Gran Pirámide de Giza, pero no más arriba, de modo que el edificio, a pesar de su enorme tamaño, no la eclipse, expone Heneghan. Visto desde arriba, las líneas de sus muros se alinean matemáticamente con el paisaje.
La idea era que el recinto fuera prominentemente horizontal.

Fachada del Gran Museo Egipcio, en Egipto, en la que se observan elementos piramidales. (Foto Prensa Libre, Shutterstock)

El diseño inteligente incluye un techo reflectante, protección solar exterior e iluminación de bajo consumo, a fin de ahorrar más del 60% en costos energéticos y para reducir en un tercio el consumo de agua.

Reclaman piezas

Para el gobierno egipcio, el GME simboliza sus más caras ambiciones para elevar su estatus como país, así como para incrementar los ingresos generados por el turismo —en el 2024 recibió a 15.7 millones de visitantes—. Incluso, el día de su inauguración fue declarado asueto oficial. El ministro de Turismo y Antigüedades de Egipto, Sherif Fathy, indicó que se espera la llegada de unos cinco millones de visitantes al año, por lo que desarrolladores inmobiliarios se apresuran a construir hoteles que contarán con 12 mil habitaciones para hospedarlos. Para alcanzar estos objetivos, Egipto ha vuelto con más ímpetu a demandar la devolución de las piezas más emblemáticas de esta civilización, las cuales se encuentran en museos europeos.

Mónica Hanna, una egiptóloga que vive en El Cairo, dijo al respecto: “Egipto tiene la capacidad, la voluntad y las instalaciones de clase mundial para albergar su propio patrimonio”.

Entre las piezas cuyo retorno se ha pedido están el busto de la reina Nefertiti, de tres mil 300 años de antigüedad, el cual se encuentra en el Museu Neues, en Berlín, Alemania; la Piedra de Rosetta, —fechada en el año 196 a. C., en la que se lee la inscripción de un decreto publicado en nombre del faraón Ptolomeo V, en tres escrituras distintas: jeroglíficos egipcios, escritura demótica y griego antiguo, gracias a lo cual se facilitó el desciframiento de la escritura egipcia—, en el Museo Británico, del Reino Unido, y el Zodiaco Dendera —data del año 50 a. C. y muestra un planisferio o mapa de estrellas y planetas—, en el Museo Louvre, en Francia.

Piedra de Rosetta, que se exhibe en el Museo Británico, en el Reino Unido, y que es reclamada por el gobierno egipcio. (Foto Prensa Libre: Shutterstock).

Además de los argumentos para asegurar que la toma de estos objetos fue legal, bajo la dominación colonial, activistas afirman que la razón por la que estas piezas aún no han sido devueltas a Egipto es que los museos en ese país no demostraron la capacidad de proteger invaluables objetos, por las repetidas amenazas de daño o saqueo.

Por ejemplo, en el 2014, trabajadores que cambiaban las luces en el Museo Egipcio, en El Cairo, rompieron la barba de la máscara funeraria de oro del rey Tutankamón y la intentaron pegar para que no se detectara el daño. Años después fue restaurada.

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Estos argumentos quedaron en el pasado con la apertura del GME, además de que se debe considerar que Europa no está libre de la falta de protección de obras.

En el 2020, 70 artefactos egipcios, incluyendo sarcófagos, fueron rociados con aceite en el Museo de Berlín. Además, fue mediático el increíble robo ocurrido en octubre pasado de nueve joyas de la corona francesa en el Louvre, con un valor de US$102 millones.

Expertos egipcios exponen que la devolución de los objetos que se encuentran en Europa está relacionada con el sentido moderno de la ética y reparación histórica.

Para contribuir con la petición del retorno de estos artefactos, se lanzó a principios de noviembre último una campaña para presionar a los museos europeos, la cual ha reunido 300 mil firmas y se espera llegar a un millón.

Dicha campaña es promovida por el reconocido arqueólogo y exministro de Turismo Zahi Hawass, junto con Fadi Victor, un famoso creador de contenido egipcio. “Ver nuestros objetos robados todavía expuestos en el extranjero me produjo una fuerte necesidad emocional de hacer algo al respecto”, indica Víctor en un video que circula en redes sociales. “Ahora, nuestra gente tiene que decidir su futuro, que lo que fue tomado por la fuerza debe ser devuelto por la fuerza, pero no con violencia, sino con el poder de la voluntad de nuestra gente”, dice Hawass.

Al respecto, un vocero del Museo Británico, en Londres, indicó a The New Arab: “No hemos recibido una solicitud formal del gobierno egipcio para repatriar la Piedra de Rosetta. El Museo Británico trabaja con socios alrededor del mundo, incluyendo colegas en todo Egipto, en proyectos, exhibiciones e investigaciones”. Dicho museo enfatizó que no tiene la posibilidad de devolver piezas de manera permanente, salvo en circunstancias excepcionales. Luego de la inauguración del GME, Holanda anunció que devolvería un busto de piedra del rey Tutmosis III, de tres mil 500 años de antigüedad, decisión que ha recibido elogios.

Hay que recordar que Egipto prohibió la exportación de artículos históricos en 1983, pero se han hecho nuevos descubrimientos y la venta de artefactos en el mercado negro continúa siendo “rentable”.

Expertas guatemaltecas

“El Gran Museo Egipcio es una inversión millonaria para Egipto, si hablamos de su valor económico, pero también representa para este país y para el mundo una mirada más moderna hacia el Egipto Antiguo y la Egiptología”, señala María Fernanda Barrios, quien posee una maestría en Egiptología por la Universidad de Alcalá de Henares, España, y directora de la Academia de Egiptología de Guatemala. “Pensemos que preservar el pasado de Egipto es conservar el pasado de la humanidad, y es ahí donde yace su valor”, asevera.

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Entre las piezas expuestas que destaca Barrios está la barca solar del rey Khufu —de cuatro mil 500 años de antigüedad y una de las mejor conservadas en el mundo— o los tesoros de Tutankamón. “Es sorprendente descubrir cómo esta cultura evolucionó a través del tiempo y cómo tuvo contacto con otros pueblos, además de sus costumbres funerarias”, refiere.

“La construcción e inauguración del GME demuestra que el retorno de estas piezas —que se encuentran en Europa—, de gran importancia para la historia del Antiguo Egipto, depende mucho de la voluntad de estos museos de devolver esos bienes culturales, lo cual es un gran desafío. También influye mucho en este proceso la manera como las piezas fueron extraídas”, señala.

“Egipto ha invertido muchos años y recursos en construir un museo adecuado para albergar y presentar al mundo la enorme colección de piezas que tiene y que hablan de lo majestuosa y grande que fue la antigua civilización egipcia”, indica Marie André Destarac, doctora guatemalteca en Robótica, quien actualmente trabaja como miembro asociado en la Real Academia de Ingeniería de España, en Madrid, y que desde el 2013 pertenece a la Asociación Española de Egiptología.

“El museo que tenían antes pronto se quedó pequeño y con una infraestructura inadecuada para recibir a miles de visitantes que ansiaban ver momias, esfinges, esculturas y mobiliario, y, por supuesto, el famoso tesoro de Tutankamón”, añade.

La importancia de este museo, expone Destarac, radica en que Tutankamón fue un faraón que no vivió mucho tiempo. Su inesperada muerte hizo que tuvieran que enterrarlo en una tumba más pequeña de lo usual, y vemos con asombro todo lo que incluyeron en ella. “Nos hace preguntarnos qué albergó, entonces, la tumba de faraones que gobernaron mucho más tiempo y que sobresalieron por sus hazañas, como Seti I y Ramsés II”, destaca.

“También nos demuestra la relevancia que tenía para los egipcios la muerte y la vida en el más allá, y el cuidado que ponían en ello al preparar las tumbas”, explica.

En cuanto a los desafíos que representa la devolución de piezas por museos europeos, Destarac señala que el principal es la seguridad y el mantenimiento de estas. Por ejemplo, el Museo Neues de Berlín ha manifestado que es imposible movilizar el busto de Nefertiti, ya que es muy frágil y por esa razón no ha salido nunca del recinto. “Si Alemania aceptara devolverla a Egipto, ¿están preparados para cuidarla y mantenerla en óptimas condiciones?”, pregunta.

Egipto debe demostrar, también, que la seguridad de esas piezas está garantizada, no solamente durante el traslado de estas, sino dentro del museo. “Recordemos que en muchas ocasiones, en el pasado, han circulado noticias sobre piezas de arte egipcias que aparecen en el mercado negro luego de haber sido robadas de los almacenes en los que se resguardaban”, comenta Destarac, quien ha recibido numerosos cursos, conferencias y talleres sobre el Antiguo Egipto, tema por el cual se sintió atraída desde que tenía unos 8 años y su madre le regaló una enciclopedia en la que leyó sobre la vida y gobierno de Tutankamón. Desde entonces se interesó en el asunto e incluso aprendió a descifrar jeroglíficos.

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Ante la pregunta de cómo considera que Egipto debe enfrentar un aumento de visitas, pues algunas personas han compartido sus experiencias incómodas en ese país, Barrios señala que durante la apertura del GME se observaron medidas de seguridad que incluían presencia policial y fuerzas militares, por lo que esta debería continuar, para proteger al turista.

“Creo que Egipto también es un país de buenas personas y conviene ser precavidos, pero no se deben generalizar determinadas experiencias que lastimosamente han afectado a turistas”, sugiere.

Al respecto, Destarac expone que Egipto necesita de ese turismo para continuar su desarrollo como país, pues buena parte de su economía depende de este, por lo que debe abrirse al mundo y adaptarse a estilos de vida distintos al suyo.

Un aspecto relevante es garantizar la seguridad de las mujeres, especialmente si viajan solas, y para ello pueden implementarse mecanismos para protegerlas, añade.

“Debe también mejorar su infraestructura, al invertir en las carreteras que comunican los sitios arqueológicos, renovando sus sistemas de transporte y ampliando la oferta de hospedaje”, puntualiza.

“Lo que más me ha impactado al visitar sitios arqueológicos de Egipto es el enorme trabajo y logística que supuso para ellos su construcción, ya que son innumerables los detalles que tuvieron que atender y fueron múltiples las profesiones que se involucraron para llevarlos a cabo: arquitectos, ingenieros, escultores, pintores, albañiles y sacerdotes, entre otros”, cuenta Destarac. “Disfrutar de ellos miles de años después es un gran privilegio y debe hacernos razonar y meditar sobre la importancia que tiene conservarlo para que futuras generaciones los sigan valorando y admirando”, añade.

Pocos días después de su inauguración, al GME le tocó enfrentar su primera prueba de fuego, pues se emitieron siete mil boletos más de los que debían venderse. Frustrados por no poder ingresar, pues la capacidad es para 20 mil visitantes diarios, los turistas debieron ir a otros puntos de interés sin poder admirar las colecciones del flamante museo.

Fuentes consultadas: gem.eg; nytimes.com; edition.cnn.com; theguardian.com; newarab.com; thenationalnews.com y aljazeera

ESCRITO POR:

Brenda Martínez

Periodista de Prensa Libre especializada en historia y antropología con 16 años de experiencia. Reconocida con el premio a Mejor Reportaje del Año de Prensa Libre en tres ocasiones.