¿Cómo aprender a decir “no” de manera consciente?

Ciertos modelos sociales nos han enseñado que decir “no” es poco agradable, pero es necesario romper el patrón y encontrar el balance entre las propias necesidades y las de los demás.

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¿Cómo aprender a decir "no" de manera consciente?
Marcar límites en las relaciones entre pares es particularmente difícil. Pero se puede aprender. Foto Prensa Libre: Christin Klose/dpa

Ante el altar nupcial resulta poco deseable decir “no”, pero en muchas otras situaciones es liberador decir “no”.  A muchas personas les resulta difícil rechazar peticiones. ¿Tal vez le sucede que sobre su escritorio se va acumulando el trabajo, pero no puede decir que no a otras tareas adicionales? ¿O si sus amigos le piden ayuda, y su respuesta básicamente suele ser que sí?

Quienes constantemente quieren ser apreciados o complacer a sus interlocutores, rara vez rechazan las peticiones. ¿Pero por qué?

La psicóloga Nathalie Krahé comenta que allí desempeñan un rol importante tanto la propia personalidad, como la impronta individual y el entorno cultural. En los vínculos personales, además, es más dificultoso fijar límites, agrega.

Y, según apunta la experta, muchas veces el decir que sí se vuelve costumbre. Pero esto puede ser modificado, comenta la psicóloga en una entrevista.

¿Hay algunas personas que pueden decir “no” mejor que otras?

Aquí intervienen aspectos de la personalidad y modelos sociales. Si en mi entorno se permite o incluso se respalda decir que no y adoptar una postura de este tipo, entonces me resultará correspondientemente fácil.

Pero en caso de que haya tenido la experiencia de que un no sea algo no deseado e incluso materia de sanciones, entonces me comportaré de manera totalmente distinta.

Desde el punto de vista psicológico, la capacidad de autolimitarse de manera auténtica -es decir, de acuerdo con las propias necesidades y límites- es una expresión de autocuidado. Aquí se trata también de encontrar un balance entre las propias necesidades y las de los demás.

Si solamente se contemplan los propios deseos, rápidamente nos volcaremos al egocentrismo. Y esta actitud es difícilmente aceptable desde el punto de vista social.

 En caso de que no haya aprendido a decir que no, ¿todavía estoy en condiciones de realizar ese aprendizaje?

La buena noticia es que esto realmente puede entrenarse. La clave, en este caso, es la pausa. Ayuda, por ejemplo, darse un tiempo para pensar. En lugar de seguir el reflejo de decir que sí, brindarse la oportunidad de poner a prueba su verdadera disposición.

Por ejemplo, uno puede decir: “Todavía tengo que pensar sobre eso”. O: “Te vuelvo a llamar dentro de una hora para hablar de ese tema”. De esa manera, me concedo algo de tiempo y le dejo en claro a mi interlocutor que tomo en serio su solicitud.

E incluso cuando la respuesta posterior sea un no, trabajé el vínculo con cuidado. Por supuesto que al principio hay que elegirse áreas sencillas de ejercicio y no empezar de inmediato con las situaciones más desafiantes.

Al igual que en el entrenamiento deportivo, no hay que sobre exigirse y evitar los fracasos gestionados por cuenta propia. Porque, en el peor de los casos, esto puede conducir a un autoconvencimiento negativo. Un posible pensamiento que puede aflorar entonces: “Esto no lo voy a aprender nunca”.

Para decir concretamente que no, algo que es verdaderamente importante es mantener el contacto visual, evitar sonreír y hablar con voz firme. Porque, si no procede de esta manera, su interlocutor puede pensar que aún existe margen para negociar. Esto mismo puede ejercitarse frente a un espejo.

¿Debo tener cargo de conciencia si digo “no”?

Naturalmente que no debo tener mala conciencia si por buenas razones pongo límites y digo que no. Cada no hacia afuera es en definitiva un sí hacia mí o a los compromisos que ya tengo. De esta manera, también me ocupo de una gestión confiable de (mi) tiempo, de cara a numerosas tareas y situaciones complejas de vida.

Pero en caso de que esta sensación de malestar continúe, puede ser de ayuda hacerse comentarios positivos. “Tengo el derecho a prestar atención a mis límites y necesidades” o “no estoy exclusivamente para cumplir los deseos o necesidades de los demás” pueden ser frases valiosas a la hora de concederse ese permiso. Como una especie de antídoto, cuando el sentimiento de culpa quiere propagarse.

Otra advertencia desde el punto de vista psicológico: a quien tienda a hacer depender su propio valor de si los demás están de acuerdo con su comportamiento o de sí sus acciones resultan del agrado de los otros, le resultará de ayuda un profesional para romper con este patrón desfavorable.

 

Nathalie Krahé es psicóloga y atiende en Fráncfort, Alemania, un consultorio de coaching, supervisión y desarrollo de la personalidad. Es además miembro de la Asociación Profesional de Psicólogos Alemanes.