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Tres Puntos...: Mayro de León... el pintor
Por:
Guillermo Monsanto
¿Por qué el pintor? Bueno, también es escenógrafo, dramaturgo, actor, cineasta, poeta, filósofo, buen lector y hasta un poco científico.
Todo ello sin mencionar que es un romántico empedernido. En otras palabras, tiene buen corazón. Su capacidad más notable es la cualidad de conmoverse, sinceramente, ante lo bello.
¿Qué tiene que ver todo este perfil con su trabajo? Mucho. En esencia, lo que él produce, es la traducción de sus referentes y sentimientos inmediatos. En Mayro de León hay una voluntad que, a partir de sus múltiples capacidades y conocimientos, le insta a explorar dentro de sí mismo.
En su pintura se percibe, sin lugar a dudas, que este creador pertenece a un universo de dimensiones más extensas.
La muestra retrospectiva que presenta en el Cantón Exposición de G & T Continental es una mínima parte, de un nutrido conjunto de lienzos, que el autor tiene acumulados como testimonio de su constante trabajo. Pinacoteca que él toma en cuenta, únicamente, como su archivo histórico.
Mayro de León es un pintor básicamente autodidacta. Por ello hay una particularidad, en su paleta de color, que llama la atención a primera vista. Esta es la preferencia hacia los colores terrosos que, acompañados de escasos cálidos, se matizan con mayor generosidad de lilas y azules intensos.
Característica existente en creadores desprendidos de la generación del ochenta, que es precisamente a la que Mayro de León pertenece.
Aunque el lapso evolutivo incluido en la exposición es breve, es posible encontrar algunas características de cambio a la par de otras que ha tendido a retomar como constante. Entre las últimas se localiza su interés por el estampado de diversidad de formas impresas con multiplicidad de recursos.
En "Atrapado" (1998) y en "Cédula" (2000), por ejemplo, utilizó huellas digitales de palmas y dedos. En otras obras se inclinó por crear lecturas valiéndose de sellos industriales. Tal es el caso de "Falso Juramento" (1998) y los papeles tapices que le dan otro carácter a "Palabras No Escritas" (2003) y "Sin Título" - de la serie desamores - (2004).
En esta muestra sobresale el expresionismo histriónico que le brindan las manos. Es a través de ellas que explora su propia esencia humanista y refleja diversidad de estados anímicos. Un último elemento, ajeno a los lienzos, complementa la visión general. Se trata de los títulos cuya misión es hacer pensar sobre el verdadero mensaje de las pinturas o al menos, el que De León quiere que se capte en ellas.
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