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Guatemala, 11 de julio de 2008

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Revelaciones: Una familia honorable 

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Por Margarita Carrera

De manera nítida y elegante, como acostumbra, F&G editores acaba de publicar la novela Una familia honorable, del guatemalteco Rafael Cuevas Molina, residente en Costa Rica en donde trabaja en el Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional.

Un profesional altamente calificado que, además, ha publicado novelas tanto en Costa Rica como en Guatemala, también un poemario y ensayos sobre la cultura centroamericana.

Lo primero que me impresionó de Una familia honorable es el manejo que Cuevas tiene de la narrativa. Se nota que conoce bien este género literario. La novela se lee sin mayores tropiezos e interés creciente. En la contraportada del libro se dice que esta obra “puede ubicarse en el género de la literatura de posguerra en Centroamérica. Los personajes viven y actúan en los primeros años del siglo XXI, pero años atrás cada cual estuvo ubicado, queriéndolo o no, en espacios distintos y, a veces, opuestos, dentro de una sociedad herida por la guerra (…)”. Tanto las mujeres como los varones son delineados perfectamente, develando cada uno su forma de ser, de pensar, de actuar. En una sociedad dramática, cada cual tiene un papel específico dentro de la guerra sucia. Otra cosa que me admiró de Cuevas Molina es su conocimiento del alma femenina, sobre todo la mujer de clase media alta, con sus bondades, prejuicios, inquietudes. La primera parte se llama “Tía Edith y la Casa Grande”. Los miembros de una familia guatemalteca giran alrededor de Tía Edith, madre soltera de un hijo niño-hombre, Robertito. Se relaciona, entre otros parientes, con sus sobrinos Gerardo y Ricardo. El primero, narcotraficante, acusado de ser jefe de un escuadrón de la muerte que ha cometido crímenes de lesa humanidad. El segundo, Ricardo, con altos ideales, perteneció a la izquierda involucrada en el conflicto armado. Cuando niños jugaban en la Casa Grande de la Tía Edith, que los quiere a ambos y disculpa, siempre que puede. Éstos serían los personajes centrales de la obra, añadiendo a la esposa de Gerardo, Patty Chula, que se enamora de Ricardo a través de cartas por correo electrónico. Pero sin revelarle que es esposa de Gerardo. Así, la segunda parte se titula “Patty Chula, Gerardito el desmemoriado y Ricardo”. Cuando Patty llega a conocer a Ricardo personalmente, éste le revela quién es, en verdad, Gerardo, su esposo; y luego le expone sus ideas: “salían a relucir las injusticias sociales, la represión de la oligarquía, el ejército asesino, las heroicas guerrillas y el compromiso consecuente con la causa del pueblo (…)” Patty Chula entra en conflicto amoroso, cuando Ricardo se aleja y deja poco a poco de escribirle. En verdad no es el héroe de la novela. Vive con su compañera con la que tiene hijos, pero lo único que le interesa es su trabajo como investigador en una organización dedicada a la defensa de la biodiversidad del área centroamericana. Al descubrir esta nueva pasión, Ricardo no tiene tiempo para nadie. Gerardo, por su lado, trata de cubrirse después de que en la prensa su nombre es señalado.

Pero Cuevas ve con escepticismo sus personajes. Sin duda todos se encuentran inmersos dentro de la crisis de la posguerra y son egoístas, aunque unos se hundan en el mal, y otros luchen por un mundo más justo. Si algún defecto tiene la novela es la falta de pasión.

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