El arte de la mentira
Inherente al ejercicio político es la habilidad para ocultar información y manipularla a voluntad. Al parecer, en las últimas décadas los deberes de un funcionario electo por la ciudadanía son de cumplimiento discrecional, entre ellos el respeto a la ley de acceso a la información, la honestidad en el desempeño del cargo, la responsabilidad en la toma de decisiones, la visión de servicio a la comunidad. Esos factores —de observancia obligatoria para un empleado público en cualquier país democrático— se han transformado en meros recursos discursivos para uso proselitista, pero nunca parecen haber formado parte de un marco de conducta ética.