Salud y Familia
¿Por qué la fraternidad o hermandad es más importante que nunca en la actualidad?
La fraternidad y las relaciones humanas de calidad no solo fortalecen los vínculos afectivos, sino que también pueden mejorar la salud mental y física.
La fraternidad humana comienza en la vida cotidiana: en cómo tratamos a nuestros vecinos, compañeros de clase, colegas y desconocidos. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)
La Real Academia Española describe que la fraternidad es la amistad o el afecto entre hermanos o entre quienes se tratan como tales. Pero ¿cómo se vive ese apoyo en la actualidad y por qué se dice que no ha perdido vigencia y, por el contrario, es importante fortalecer el vínculo de unión, afecto y solidaridad entre las personas?
Un artículo de The Washington Post destaca que las conexiones sociales sólidas, especialmente las de alta calidad, se asocian con beneficios psicológicos y fisiológicos. Las amistades pueden reducir el riesgo de problemas de salud mental, como la ansiedad y la depresión, e influir en la respuesta al estrés y ayudarnos a ver las cosas desde una perspectiva diferente, según investigaciones.
Un estudio reveló que las personas que imaginaron a un amigo antes de calcular la pendiente de una colina la percibieron menos inclinada que quienes imaginaron a una persona neutral o a alguien que les disgustaba, lo que sugiere que el apoyo social puede hacer que los desafíos en nuestro entorno físico parezcan menos abrumadores.
En su investigación, Holt-Lunstad y sus colegas descubrieron que las relaciones ambivalentes —en las que se pueden experimentar sentimientos tanto positivos como negativos, como los que provoca un amigo divertido, pero poco fiable— se relacionaban con una presión arterial más alta en los participantes cuando conversaban con esas personas sobre acontecimientos negativos de la vida. Esto sugiere que este tipo de amistades podría no ser tan útil en momentos de estrés como las amistades más estables.
Y, en general, las personas con relaciones sociales más sólidas tienden a vivir más que quienes viven más aisladas. Un amplio metaanálisis reveló que el aislamiento social, la soledad y vivir solo se asociaban con un mayor riesgo de mortalidad de entre el 26% y el 32%.
Sandra Racionero-Plaza, psicóloga de la Universidad Loyola Andalucía, destaca en el artículo Relaciones humanas de calidad como contexto de salud y libertad que la neurociencia ha demostrado que las relaciones tóxicas también afectan negativamente el desarrollo cerebral. Los avances en las técnicas de neuroimagen ya han permitido evidenciar que la adversidad producida por el estrés tóxico deteriora la actividad y la estructura del cerebro.
Estudios en este campo han demostrado que, en situaciones de estrés tóxico, se pierden conexiones neuronales e incluso se produce muerte neuronal en el hipocampo, la principal estructura subcortical encargada de la memoria, y en la corteza prefrontal media, área del córtex cerebral implicada en funciones mentales esenciales para las personas, como la planificación de tareas y la resolución de problemas.
Mejorar la conexión presencial

En su reciente visita a Guatemala, Claudio Mazzucco, máximo dirigente mundial de la Orden Rosacruz AMORC (Antigua y Mística Orden de la Rosa-Cruz), y José Botello, dirigente de la Gran Logia de Habla Hispana para las Américas, explicaron que la fraternidad tiene un origen fundamental en diferentes organizaciones como las que dirigen.
Mazzucco es ingeniero químico y hace una comparación: “Para mí, es natural reflexionar a partir de conceptos relacionados con la química. Cuando pensamos en la materia, en el origen del universo y en el Big Bang, vemos las primeras formas de materia: los primeros átomos que comenzaron a unirse para formar moléculas. Con el paso de millones de años, esas moléculas fueron formando estructuras cada vez más complejas. En nuestro planeta, esas estructuras dieron origen a las proteínas y aminoácidos; luego, a las células, los tejidos, los órganos, los seres vivos y, finalmente, a las organizaciones sociales”, describe.
El ingeniero agrega que, cuando observamos toda esta historia, entendemos que en la naturaleza existe un principio de agregación. “La naturaleza trabaja uniendo elementos distintos para formar estructuras más complejas, capaces de expresar mejor toda la inteligencia de la creación. No somos solamente una parte de la naturaleza: somos el universo mismo pensando, soñando y amando. Somos el planeta”, describe Mazzucco.
La idea fundamental detrás de esto es la unión, no la fragmentación. “La naturaleza agrega y crea: desde los átomos más simples hasta las estructuras humanas que luego forman organizaciones sociales. Cuando reconocemos todo lo que nos une y comprendemos que compartimos una misma historia —desde las bacterias hasta los seres humanos— nace en nosotros un sentimiento interior de fraternidad”, explica.

“Esa es la fraternidad: un sentimiento profundo que surge de la reflexión y que nos permite sentirla verdaderamente, no solamente hablar de ella”, dice el líder.
Botello destaca, además, que en el mundo actual, quizá más que en cualquier otro momento de nuestra historia, uno de los aspectos más importantes es la presencia física. “Las circunstancias de la vida y la tecnología nos han fragmentado. A veces parece que estoy en contra de la tecnología, pero no es así. Amo la tecnología y todo lo que ella ofrece. Sin embargo, considero que la tecnología tiene su lugar y la espiritualidad, otro, comenta.
Asegura que a veces creemos que ambas pueden mezclarse completamente, pero la historia nos ha mostrado que no funciona de esa manera. Por eso, uno de los papeles importantes es ofrecer espacios, como la institución que representamos, para fraternizar: estar juntos, verse, darse la mano, abrazarse y compartir alimentos y momentos importantes, dice Botello.
“La fraternidad también nos acerca a la empatía, una de las expresiones más humanas que existen. Es la capacidad de sentir el sufrimiento y la alegría del otro”, dice Mazzucco, quien agrega que el trabajo interior perfecciona el sentimiento de empatía y compasión. "Eso es lo que verdaderamente nos hace humanos", resalta.
Los entrevistados hacen énfasis en que la fraternidad es un proceso gradual que también desarrolla otras cualidades, como la tolerancia y la comprensión. “Todos somos diferentes y tenemos historias distintas, y aprender a comprender eso forma parte de la fraternidad”, concluyen.
Según datos de la encuesta mundial de Gallup, la valoración de la vida entre los menores de 25 años en Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda ha disminuido drásticamente (casi un punto en una escala de 0 a 10) durante la última década, mientras que el promedio para los jóvenes en el resto del mundo ha aumentado.
Una encuesta internacional realizada a jóvenes de 15 años en casi 50 países sugiere que el uso intensivo de las redes sociales está asociado, en promedio, con una disminución significativa del bienestar entre los estudiantes encuestados, aunque cualquier efecto depende en gran medida del tipo de plataforma de redes sociales que se utilice, de cómo se utilice, así como de factores demográficos como el género y el estatus socioeconómico.
La evidencia global deja claro que la relación entre el uso de las redes sociales y nuestro bienestar depende en gran medida de las plataformas que utilizamos, quién las usa, cómo y durante cuánto tiempo. El uso intensivo se asocia con un bienestar mucho menor, pero quienes se mantienen alejados de las redes sociales también parecen perderse algunos efectos positivos. Más allá de la complejidad, es evidente que debemos esforzarnos al máximo por recuperar el carácter social de las redes sociales.
Otros factores que destaca la encuesta es que las conexiones sociales y el sentimiento de pertenencia, están asociados con cambios mucho mayores en cómo los encuestados se sienten acerca de sus vidas.
En la vida cotidiana
En sí, existen personas que disfrutan de la soledad en diferentes momentos. Sin embargo, la ciencia también explica que el equilibrio es necesario y que fortalecer la amistad y la fraternidad resulta beneficioso.
Gretchen Reynolds, en el libro Los primeros 20 minutos, habla sobre hallazgos científicos que revelan cómo ejercitarnos al máximo, entrenar mejor y vivir más. Además, describe un experimento que detectó que, en una especie de ratas gregarias y sociales, sus cerebros no se beneficiaban tanto del ejercicio cuando permanecían solas como cuando compartían jaulas.
La soledad aumenta el nivel de hormonas del estrés en el cerebro de los animales. El ejercicio añadía estrés y, al parecer, anulaba los efectos positivos de la actividad física. En cambio, las ratas en jaulas compartidas produjeron abundantes neuronas nuevas durante el ejercicio; los roedores solitarios, no.
De igual manera, un estudio de la Universidad de Oxford explica que hacer ejercicio en pareja o con seres queridos libera más endorfinas que entrenar de manera individual. Estas actividades producen una sensación de bienestar o satisfacción emocional, además de que se asocian con la reducción del dolor y la inflamación.
La Organización de las Naciones Unidas también destaca que la fraternidad humana para la paz y la cooperación se fundamenta en un reconocimiento sencillo: las personas de todas las religiones y creencias realizan una contribución valiosa y duradera a la humanidad.

El 4 de febrero, Día Internacional de la Fraternidad Humana, recuerda que pertenecemos a una sola familia humana, diversa en cultura y creencias, igual en dignidad y más fuerte cuando elige el respeto en lugar de la desconfianza.
“En un momento de crecientes tensiones y polarización, la fraternidad humana no es solo un ideal; es un compromiso práctico para vivir juntos en paz y proteger los derechos y la dignidad de cada persona”, dice la organización.
En el 2026 se invita a priorizar el diálogo sobre la división. “Dialogar no significa que debamos estar de acuerdo en todo. Significa escuchar, hablar con responsabilidad y reconocer la humanidad del otro, especialmente cuando sentimos miedo, enfado o incertidumbre”, agrega la ONU.
También significa rechazar la discriminación, el racismo, la xenofobia y el discurso de odio, y crear espacios, tanto en línea como fuera de ella, donde las diferencias puedan debatirse sin convertirse en fuente de daño.
Todos debemos recordar que la fraternidad humana comienza en la vida cotidiana: en cómo tratamos a nuestros vecinos, compañeros de clase, colegas y desconocidos; en cómo compartimos información; y en cómo reaccionamos cuando alguien es discriminado por su identidad o creencias.
“Juntos podemos construir un mundo basado en la compasión y la igualdad de derechos para todos y vivir en paz como una única familia humana”, dice António Guterres, secretario general de la ONU.

