Con sello personal

Edwin Ramírez “Bambuchia” y su misión de hacer reír

El comediante, guionista, productor y director proyecta su propuesta de humor familiar a través del cine, el teatro y las redes sociales.

Edwin Ramírez, conocido como "Bambuchia" se destaca en el teatro, el cine y las redes sociales. (Foto Prensa Libre: Cortesía Bambuchia Producciones)

Cuando Edwin Ramírez Toledo (Guatemala, 1987) tenía 12 años, su papá trabajaba como paramédico en el área de rehabilitación del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS). Para ese entonces, Edwin ya había incursionado como actor en la Universidad Popular y en Teatro Abril y acababa de descubrir su talento para escribir sketches. Con apoyo de su padre iba a los hospitales y ofrecía actuaciones para divertir tanto a los paramédicos como a quienes recibían los servicios médicos.

“Me impactó ver cómo las personas, a pesar la situación difícil que estaban viviendo, sonreían con mi actuación y se les olvidaba por un momento su dolor.  Ahí pensé: ‘No puedo ser doctor, ni componerles sus piernas, pero en este momento del día los hago felices. A esto es a lo que quiero dedicar mi vida’”, relata.

A partir de entonces, tuvo una misión muy clara: brindar instantes de felicidad a su público.  Durante años lo ha hecho a través del teatro, la radio, la televisión, el cine y las redes sociales. Edwin, quien es conocido en el ámbito artístico como Bambuchia, no solo cumple con el trabajo como comediante, sino que lo hace con un sello de originalidad y una ética que es reconocida por el público. “Me gusta divertir y mover esos sentimientos bonitos en las personas” y para ello recurre a un humor que él mismo define como blanco, respetuoso y, a veces, ingenuo.

Con su propia productora, fundada hace 15 años, ha producido dos películas, cinco obras teatrales y cientos de contenidos para redes sociales. El próximo sábado 29 de agosto cierra una temporada de año y medio con la obra Misión espacial: Jupiternango, en el teatro de la Cámara de Industria.

En esta ocasión, conversa acerca de su trayectoria, su visión del arte de hacer reír y sus proyectos.

¿Hay antecedentes artísticos en su familia?

Dicen que mi abuelo, aunque no hacía teatro, actuaba en carpas en su pueblo. Nunca lo pude ver. Pero eso dicen mis tíos. Además, mis papás son divertidos. Les gusta hacer chistes.

¿Contó con el apoyo familiar?

Mis papás siempre me apoyaron mucho en el área artística porque nunca fui de jugar futbol, básquet o voleibol. Yo estaba en pintura, música o actuación. A los nueve años, me inscribieron en la Universidad Popular (UP), en clases de actuación.  Ahí casi siempre terminaba en papeles de comedia. Como que la vida me fue empujando a esa rama. En la UP conocí a amigos que me llevaron al Teatro Abril. Primero, mis papás me llevaban a ver las obras y luego a actuar. Se volvió parte de mi vida.

¿Qué experiencias recuerda de esas primeras etapas?

A mi papá le gusta la actuación, pero nunca se dedicó a eso. Él era paramédico en rehabilitación del IGSS y ahí tuve la oportunidad de escribir mis primeros pequeños sketches. Había muchas celebraciones para los enfermeros y para las personas que cuidaban en los hospitales. Yo escribía y los presentábamos con la ayuda de mi papá.

¿Cómo comenzó a escribir?

Cuando estuve en la UP y en el Teatro Abril, me fui dando cuenta que también podía escribir guiones. Me puse a estudiar cómo se hacía un sketch y las estructuras para escribir para teatro. Luego, me fui a la radio y aprendí a escribir los guiones para presentar comedia en radio, y después fuimos a la televisión que es otro mundo distinto.

¿En qué radios y en qué canales trabajó?

Estuve en Infinita, Alfa y Radio Mía. En televisión, estuve en Guatevisión, Canal Antigua e hice algunos trabajos muy esporádicos en Canal 3 y 7. Fue una experiencia única. Cada medio de comunicación tiene su universo y su forma de escribirse y actuarse. Esa combinación me ayudó mucho cuando ya estábamos en las redes sociales a escribir y producir.  Luego ya nos fuimos al cine.

¿Cómo fue la incursión en cine?

 Eso fue ya recientemente en 2019 hicimos nuestra primera película El técnico del Internet, que escribí para cine. Hace dos años hicimos Un piloto a la carrera que rompió récord de taquilla. Esta fue escrita, dirigida y producida por mi persona. Me da un poco de pena ser solo yo, pero así es.

¿Vale la pena hacer cine en Guatemala?

Dicen que es parte de la memoria de las naciones y los pueblos. Cuando se hace una película, independientemente de la que sea, se guardan nuestras formas de hablar, nuestro lenguaje, cómo se ve el mundo en el momento de la producción. Entonces sí vale la pena muchísimo, tanto para la memoria histórica como para hacer crecer un mercado que está cautivo. La gente está esperando películas de Guatemala. Nos dimos cuenta cuando salió nuestra más reciente película. Tuvimos récord de taquilla en cines porque era guatemalteca. Además de todo el trabajo que hubo de mercadeo antes y la gente recibió muy bien.

¿Cómo elige hacer humor familiar y no de otro tipo que pareciera más comercial?

Desde que fundé Bambuchia Producciones, hace 15 años y produjimos nuestra propia obra, con mis guiones, la idea fue hacer un humor familiar. En ese momento la comedia estaba muy sesgada a las obras para adultos. Más fuerte tanto en temática como en lenguaje. El mercado así lo pedía. Yo buscaba que a las obras de teatro que presentara pudiera ir toda la familia y pasársela bien. A veces yo mismo iba con mis papás o mis abuelitas a ver alguna comedia y después decía: ‘Ay no, aquí no tuve que haber traído a mi abuelita o a mis suegros’, por ejemplo.

Pero, ¿no fue muy difícil enfrentarse a las exigencias del mercado?

Fue una lucha de unos tres años o un poquito más en los que las personas no creían que lo que estaba haciendo era una comedia familiar. Nos llamaban las mamás para decir: “Dice que es comedia familiar, pero fui con mi hija a ver una obra que decía comedia familiar y viera lo que nos salió”. Y yo le decía: ‘Si no le gusta nuestra obra, yo le devuelvo su dinero’.  En nuestros anuncios aún aparece esa advertencia. De esa manera soyyo quien se arriesga…  Fue una lucha, pero también las personas aprendieron a reconocer nuestro estilo.

¿Cómo define el “Estilo Bambuchia”?

Todavía estoy por definirlo: es un humor sano, positivo, que trata de nunca ofender, ni hacer daño. Es un humor noble, ingenuo, positivo, familiar. Con mucha expresión física y gestual. Además de juegos de palabras y humor de situación.

Además del estilo, ¿qué otros factores cree que han sido determinantes para el éxito?

Siempre he dicho a mi equipo: “hagamos que a las personas les guste la comedia guatemalteca bien hecha y bien producida”.

¿Cómo se dio el salto a las redes sociales?

Cuando estaba en la televisión, comencé a subir mis sketches a las redes sociales. En ese tiempo empezaba Facebook.  Me di cuenta de que las personas que visitaban las redes no eran las mismas que veían la televisión. Las plataformas empezaron a crecer. Entonces, enfoqué mi energía en el teatro y en las redes sociales. La gente lo recibía muy bien y empecé a adaptar los contenidos a formatos de redes sociales. Yo era de los actores de teatro que estaba en redes sociales y eso no era muy bien visto en ese tiempo.

Las redes sociales se han convertido en uno de los espacios en los que Bambuchia y su equipo proyectan su talento. (Foto Prensa Libre: Cortesía Bambuchia Producciones)

¿Cuándo creció más la popularidad en las redes sociales?

En pandemia fue la explosión de las redes sociales y gracias a Dios yo ya estaba ahí. Fue una bendición para mí porque pude seguir trabajando. En ese momento, lógicamente, el teatro se detuvo completamente porque se cerraron los espacios públicos, pero yo tenía la plataforma en las redes. Estuve trabajando muchísimo y como estábamos encerrados en casa, hacía sketches de todo. Eso me ayudó a subir muchísimo en redes sociales y que nuevos públicos también. Como artistas nos pasa mucho que creamos algo increíble, pero nadie lo ve... Tengo amigos que son pintores, escultores y yo les decía “mostrá tu trabajo”.

¿Cómo ha ido conformando sus equipos?

Hubo momentos en los que casi me volví loco, porque acumulaba trabajo y no lo delegaba. Ya aprendí a formar equipos de trabajo y eso ha ayudado muchísimo a que podamos tener todo organizado y que crezca. En redes sociales hay personas que trabajan en edición, producción y ahora, también en subir el material ordenado. Eso lo hacía yo, pero gracias a Dios esto ha crecido y ya no podía. En teatro es muchísimo más grande porque hay equipo técnico propio y del teatro. Además, nosotros impulsamos unir la tecnología al teatro. Metimos pantallas led gigantes, efectos especiales con proyecciones y eso implica más personas.  

¿Y qué hay del cine?

Ahí todo es mucho más grande. La primera vez que lo hice dije: “¿en qué me metí”. Es un monstruo gigantesco de personas. Hay camarógrafos, pilotos, gente que se encarga de la comida, asistentes de producción, un montón de gente que cuesta un poquito coordinar, pero cuando a uno le apasiona esto, lo logra.

¿Qué nos cuenta del elenco?

Somos cuatro personas: Bambuchia (escribí la obra, la produzco, la dirijo), José Quevedo conocido como “Pacman”, Isabel Mazariegos y Josvin Mérida. A ellos les agradezco porque es un proceso largo agarrar mi ritmo, pero todos son maravillosos.

La obra "Misión Espacial: Jupiternango" ha estado en cartelera durante año y medio. (Foto Prensa Libre: Cortesía Bambuchia Producciones)

¿Además de estudiar teatro, qué otros estudios cursó?

Soy ingeniero químico. Esa fue la parte complicada porque los papás lo quieren ver a uno trabajando en lo que estudió. Pero me sirvió mucho, porque siempre he dicho que la universidad nos da una bolsa de herramientas para ir moldeando nuestra escultura en otras áreas. Después saqué una maestría en Mercadeo y luego saqué una en Expresión Artística y Gestión Cultural en la Universidad de San Carlos también. Creo que esa combinación de esas cosas locas me ha ayudado.

¿Qué mensaje es el que tiene la obra que está actualmente en la Cámara de Industria?

En esta obra hay muchos datos que son ciertos, porque la idea es que la gente también aprenda algo con lo que va a ver. Hay bromas que van a entender los niños y otras para los grandes. Siempre promovemos los valores. Habla de unos astronautas guatemaltecos en el futuro que tratan de descubrir un nuevo planeta. Tienen diferencias un químico con un físico y al final tienen que trabajar en equipo. Si lo descubren o no, tienen que ir a verlo.

Además de la experiencia en los hospitales, ¿qué otro momento significativo recuerda?

Ha habido muchos, pero la primera vez que vi un teatro totalmente lleno por una obra que yo escribí y produje y vi el aplauso de la gente que compró su boleto y decidieron llegar fue un momento único. Eso pasó con la obra El Ring de los Bomberos, hace casi doce años. Fue un momento que me marcó.

Siempre lo he dicho y le agradezco a Dios que desde que era muy pequeño supe que quería hacer mi vida en el escenario.

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En cartelera

La obra Misión espacial Jupiternango se encuentra en cartelera hasta el 29 de agosto. Las funciones se realizan los sábados, a las 19 horas.

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