Conozca la rutina de dos madres de niños con discapacidad y su perseverancia para sobresalir

Es común que padres de familia vayan a dejar a sus hijos al colegio o escuela; sin embargo, para madres con hijos con discapacidad la rutina es distinta, pues nos narran cómo es movilizarse con un niño especial por la metrópoli; además, los deben esperar el tiempo que dura la jornada de terapias.

Lorena Chacat junto a su hijo Andy, quien recibe atención en el Instituto Neurológico de Guatemala. (Foto Prensa Libre: Oscar Fernando García).
Lorena Chacat junto a su hijo Andy, quien recibe atención en el Instituto Neurológico de Guatemala. (Foto Prensa Libre: Oscar Fernando García).

Entre el bullicio de la ciudad de Guatemala, la jornada también comienza en el Instituto Neurológico de Guatemala, donde unas 60 madres de familia llegan a dejar a sus hijos con distintas condiciones.

Entre el grupo está Lorena Chacat, de 26 años, quien nos narra cómo se moviliza desde San Pedro Sacatepéquez, Guatemala, para llevar a su hijo Andy Arón Canel Chacat, de 4, quien fue diagnosticado con autismo.

La jornada de Andy dura casi seis horas, tiempo en el que Lorena pasa sentada bajo unos árboles, una frazada en el suelo en su compañía. La temperatura es baja, por lo que trata de abrigarse mientras llega la hora de salida del niño, quien también tiene problemas de crecimiento.

Su rutina

A las 5 horas ambos salen del caserío La Presa, San Pedro Sacatepéquez; Andy no camina, por lo que Lorena lo debe cargar durante una hora para llegar a un sector donde circulan microbuses, los cuales los llevan al área urbana del municipio para abordar un bus que los traslade a la capital.

No deje de leer:  Esta es la historia del vendedor de chicles que vivió en las calles y se graduó de bachiller

“Ya pronuncia algunas palabras, ya dice mamá”, resalta con alegría la madre de Andy.

Lorena externó que es estresante movilizarse en bus, pues el alto volumen de la música en la unidad y el tránsito alteran a Andy. “Me toca abrazarlo y calmarlo, porque a veces llora”, manifestó la madre de familia.

Blanca Salvador y su hija Virginia salen del Instituto Neurológico de Guatemala. (Foto Prensa Libre: Oscar Fernando García).

Dos veces a la semana el menor recibe terapia y por la distancia hacia su vivienda y el factor tiempo, Lorena lo debe esperar, “lo hago porque lo amo, a veces quisiera llorar, pero cada día debo tener fuerzas”, resaltó.

Lorena agregó que el retorno es igual, pues le espera otro largo trayecto en buses y para cargar en brazos a su hijo.

Con una mirada de esperanza, esta madre de familia espera que su hijo supere la adversidad y sea independiente.

Añadió que les hace falta un lugar más cómodo para esperar a sus hijos, por lo que hizo un llamado a personas altruistas que deseen apoyar al Instituto Neurológico de Guatemala para construir el recinto, pues muchas madres que esperan a sus hijos se ven afectadas por las inclemencias del tiempo.

Para leer más: Esfuerzo de abuelo por sus nietos es recompensado por guatemaltecos

Otra historia similar es la de Blanca Estela Salvador Hernández, de 51, quien de lunes a viernes espera unas seis horas a su hija Virginia Marina Pirir Salvador, 8, con síndrome de Down.

Área donde Lorena Chacat espera a su hijo Andy, mientras recibe terapias. (Foto Prensa Libre: Oscar Fernando García).

Se levanta a las 3.30 horas para prepararle alimentos a sus otros cuatro hijos, luego alista a Virginia y a las 5 horas salen de su vivienda en El Milagro, zona 6 de Mixco.

A la menor le lleva preparado desayuno para que se alimente mientras abren el Instituto, ya que por el tráfico cargado deben estar a buena hora para las terapias.

Se movilizan en bus, el cual abordan en el predio, de lo contrario, ambas deben viajar de pie hacia la capital.

Apoyar a los hijos

“Todo niño necesita ayuda para defenderse en la vida”, resaltó Blanca, quien explicó que su rutina continúa en casa, pues al llegar debe hacer sus oficios y atender a Virginia.

Añade que movilizarse en la ciudad es difícil por la gran cantidad de vehículos, situación que la obliga a esperar a su hija.

“Mi hija es una bendición para mi vida, le agradezco a Dios por ella”, puntualizó Blanca, quien al igual que otras madres, también es aloja en una pequeña galera o la intemperie para esperar a la niña.

El Instituto Neurológico de Guatemala también hizo un llamado a las personas que deseen colaborar para construir un recinto donde las madres pueden esperar de forma más cómoda a sus hijos.

Galera donde Blanca Salvador junto a otras madres esperan a sus hijos mientras estos están en terapias. (Foto Prensa Libre: Oscar Fernando García).

Contenido relacionado

Beneficiados con becas en Taiwán cuentan su experiencia e invitan a participar en estos programas

El políglota Pedro Perebal busca fundar una escuela de idiomas para aportar al desarrollo del país

A sus 105 años, Matilde cumple su sueño y estudia segundo primaria

 

 

 

0