Guatemala

252 municipios enfrentan vulnerabilidad alta y muy alta ante el déficit hídrico en Guatemala, según el Maga

Un análisis del Ministerio de Agricultura detalla cómo la combinación de altas temperaturas y aguaceros de corta duración mantiene en riesgo a las plantaciones del país.

Campo agrícola y condiciones de humedad del suelo en Guatemala

Los cultivos enfrentan condiciones de déficit hídrico y altas temperaturas. (Foto Prensa Libre: Maga)

En el campo guatemalteco puede registrarse un aguacero torrencial y, de forma simultánea, persistir una sequía severa en el suelo.

Esta aparente contradicción responde a una compleja dinámica climática en la que las fuertes llluvias no logra reponer las reservas hídricas que requieren los cultivos.

Frente a este panorama, el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (Maga) mantiene un monitoreo permanente sobre más de dos tercios del territorio nacional golpeados por el estrés hídrico.

Rafael López, director de Información Geográfica Estratégica y Gestión de Riesgos del Maga, aclaró que la evaluación técnica de la institución se enfoca en dos variables meteorológicas y agronómicas interconectadas: el déficit hídrico y las altas temperaturas.

“Quiero aclararle que nosotros como Ministerio de Agricultura, lo que hemos estado dando seguimiento, nuestro análisis técnico que hicimos, es el que determina dos variables. Uno es déficit hídrico, es la palabra que estamos utilizando, y altas temperaturas. Digamos que el estrés hídrico, cuando usted me lo menciona, también pudiera llamarse como la sequía agrícola”, explicó López.

El especialista precisó la definición agronómica de esta problemática y cómo impacta de manera directa en el desarrollo de las plantaciones a nivel nacional.

“Esto ocurre cuando la humedad en el suelo, particularmente en la zona de las raíces, es insuficiente para satisfacer las necesidades hídricas y fisiológicas de un cultivo en un lugar y en una época determinada. Eso es el estrés hídrico, que es lo que estamos teniendo ahora reflejado en los cultivos, derivado de las dos afectaciones que le mencioné”, precisó.

252 municipios bajo alerta

Para determinar la magnitud de la amenaza, la Dirección de Información Geográfica Estratégica elaboró una radiografía nacional que clasificó a los 340 municipios del país en tres niveles de vulnerabilidad agrícola:

  • Vulnerabilidad muy alta: 123 municipios.
  • Vulnerabilidad alta: 129 municipios.
  • Vulnerabilidad media: 88 municipios.

La suma de las categorías alta y muy alta evidencia que 252 municipios (el 74.1 % del territorio nacional) presentan un riesgo significativo frente a la escasez de humedad en los perfiles del suelo.

López remarcó que esta categorización no es fortuita ni responde únicamente a los aguaceros del día a día, sino a un modelo de análisis multivariable que contempla factores sociales, climáticos e históricos.

“En evaluación de vulnerabilidad la hicimos determinando la población económicamente activa, el análisis de los años similares al 2026 en cuanto al tema de precipitaciones o lluvias, la recurrencia de daños agropecuarios, la recurrencia de sequía agrícola de los años anteriores y la recurrencia a inundaciones. Con todo este análisis estamos haciendo un monitoreo a nivel nacional para poder determinar las familias afectadas y también observar cuántas hectáreas, qué cultivos y los municipios afectados”, detalló el funcionario.

El impacto de este fenómeno abarca tanto la producción para la seguridad alimentaria como productos de exportación y la ganadería. Entre los cultivos más vulnerables identificados por el MAGA se encuentran el maíz, frijol, café, cardamomo, hortalizas, caña de azúcar, banano, melón, plátano, tabaco, cítricos y pastos.

¿Por qué los aguaceros no salvan la cosecha?

Uno de los puntos centrales del análisis es la falsa percepción de seguridad que generan las tormentas breves. López detalló que las elevadas temperaturas registradas sobre la superficie terrestre generan lluvias convectivas, caracterizadas por ser torrenciales, focalizadas y acompañadas de actividad eléctrica.

“Las lluvias convectivas prácticamente surgen por la alta temperatura y provoca lluvias torrenciales, que llueven en corta duración, ocurren en áreas específicas y a menudo acompañadas de rayos y truenos. Esto descarga agua principalmente en las zonas de los territorios, entonces la población ha escuchado que estamos en una sequía, pero ha habido lluvias muy fuertes, pero son lluvias muy cortas”, indicó el director.

Cuando una gran cantidad de agua cae en cuestión de minutos sobre un terreno seco o endurecido por el calor, el suelo no tiene la capacidad física de absorberla. El agua discurre velozmente por la superficie (escorrentía) sin llegar a las raíces y, en muchos casos, provoca erosión o daños mecánicos a la estructura del cultivo.

López comparó la fuerza de estas precipitaciones con el impacto que sufre una planta al ser regada sin control.

“Una lluvia de 10 minutos, pero una lluvia convectiva, le descarga a usted a veces mucha agua, pero se la deja ir como que usted a una plantita le dejara caer el tonel de un solo a la plantita. Eso también le es dañino a la planta, porque la planta no puede recibir tanta descarga, porque no es la forma de alimentarla, también se puede ahogar”, explicó.

Un enemigo silencioso de "tracto lento"

El funcionario expuso que la sequía agrícola no genera el impacto visual inmediato ni la cobertura mediática que provocan las inundaciones o los deslaves, lo que convierte al déficit hídrico en una amenaza que avanza de forma encubierta.

“A la lluvia se le hace más caso por el escándalo que produce, la sequía es un trabajo de tracto lento, porque poco a poco va haciéndonos daño sin darnos cuenta, y es como una enfermedad silenciosa que no se ve, pero que sí se siente en el país”, reflexionó.

En ese sentido, comparó el estrés vegetal con la capacidad de respuesta biológica que tienen las personas ante las olas de calor.

“El estrés vegetal de las plantas es comparado al mismo estrés del humano; todos tenemos diferente capacidad de tolerancia a las condiciones. Por ejemplo, ahora hasta los humanos están siendo afectados por golpes de calor porque no todos aguantamos las temperaturas que estamos teniendo; lo mismo le pasa a las plantas, según cómo fue sembrada, según con qué semillas se sembró y en el momento idóneo en que el agricultor lo hizo”, dijo López.

Diseño hidrológico

Frente a la variabilidad climática y las secuelas de eventos como el fenómeno de El Niño, el Maga enfatiza que la solución de fondo requiere una reconfiguración de las prácticas agrícolas en el país, transitando de la agricultura tradicional a técnicas de conservación de humedad y manejo de suelos.

“Guatemala debería ser experta en captación de agua de lluvia, pero no lo somos. El conocimiento es muy importante para poder ayudar a las parcelas cuando se están sembrando, a hacer el diseño hidrológico de cómo mejorar que cuando cae la lluvia fuerte, en ese momento hay que convertir ese terreno en un reservorio de agua, que se capture toda el agua de lluvia y no perdamos ninguna gota”, aseveró López.

El modelo técnico impulsado propone conducir el agua de lluvia a través de acequias de infiltración para recargar las napas subterráneas y mantener la humedad profunda del terreno.

“Un diseño hidrológico sí permite que cuando cae el agua nosotros la conduzcamos por medio de acequias para que el agua camine hacia donde nosotros queremos. Llevamos reservorios de agua para que el agua también por debajo alimente los acuíferos de ese terreno. En Australia se implementó esta metodología en 1959 y a los países desarrollados les va bien; nosotros estamos haciendo nuestras prácticas en medio de la crisis, pero nunca es tarde para que mejoremos”, afirmó.

Como ejemplo concreto, el especialista citó los resultados obtenidos en la Escuela Nacional Central de Agricultura (ENCA), ubicada en Bárcenas, Villa Nueva.

“En la Escuela Nacional Central de Agricultura se hizo ya el diseño hidrológico; los estudiantes son los que producen alimentos ahí y en pura época que estamos en crisis allá están reteniendo el agua de las lluvias que están cayendo convectivas, entonces no están perdiendo ni una sola gota. Los estudiantes están muy contentos porque les está funcionando el sistema; el conocimiento es más valioso”.

Estructura de monitoreo y asistencia técnica

Para garantizar que la información climática se traduzca en decisiones agrícolas oportunas en el campo, la cartera de Agricultura mantiene operativas 21 Mesas Técnicas Agroclimáticas con cobertura en los 22 departamentos del país.

En estos espacios territoriales se cruza el pronóstico meteorológico oficial emitido por el Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh) con el análisis agronómico del Maga, generando boletines agroclimáticos que se emiten y difunden los días lunes y viernes.

“Estas mesas han servido de puntos de encuentro para trasladar la información y que se generen recomendaciones locales emitidas por técnicos expertos de su departamento. En estos boletines se le indica a la población aspectos clave como el riego y la evaluación de la humedad del suelo antes de sembrar”, concluyó López.

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ESCRITO POR:

Sandy Pineda

Periodista de Prensa Libre especializada en política y temas sociales con 7 años de experiencia. Parte del programa International Women's Media Foundation (IWMF) en 2019, y del proyecto Ciclos de Actualización para Periodistas (CAP) 2023.