FAO: Por conflicto en Medio Oriente subirán precios de los fertilizantes y bajará la productividad
El representante regional de la FAO para América Latina y el Caribe señala que casi el 30% de los fertilizantes proviene de Medio Oriente y que el conflicto en la zona impactará en su precio.
El conflicto en Medio Oriente tendrá un impacto negativo en el precio de los fertilizantes, lo que representará un golpe para la agricultura en la región. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)
Guatemala y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) recién firmaron el Marco de Programación de País (MPP) 2026-2029, orientado a la cooperación técnica para fortalecer la seguridad alimentaria y nutricional, reducir la pobreza y promover sistemas agroalimentarios más sostenibles, inclusivos y resilientes en el país.
René Orellana Halkyer, representante regional de FAO para América Latina y el Caribe, conversó con Prensa Libre sobre la importancia del convenio, la afectación del fenómeno de El Niño y el impacto en el alza de insumos y fertilizantes por el conflicto en Medio Oriente. Además, habló de la importancia de acciones preventivas para disminuir el impacto en las poblaciones.
¿Cuál es el alcance del convenio que la FAO firmó con el Gobierno de Guatemala?
Se ha firmado un marco programa país, que es el nombre que les damos a los acuerdos de trabajo, con un período de cuatro años, que establece la FAO con los gobiernos. Es construido con participación de las autoridades, quienes nos dan las líneas estratégicas de este marco país.
Comprende objetivos vinculados a nutrición, fortalecimiento de los sistemas productivos, programas de alimentación escolar y fortalecimiento de la gestión de los bosques. Así como temas relacionados con suelos y agua, que nos ha planteado el presidente Bernardo Arévalo, y fortalecimiento de las capacidades de resiliencia de las comunidades, como en el corredor seco.
¿Qué resultados podemos esperar para el 2029?
Hemos propuesto indicadores que responden a varios objetivos, entre ellos, diseñar e implementar, en regiones definidas en la planificación de Gobierno, servicios financieros inclusivos que puedan fortalecer la capacidad de producción de los pequeños productores.
Tenemos varios proyectos. Uno de ellos se implementará en los próximos meses en el corredor seco, con un enfoque de adaptación al cambio climático. Son US$31 millones destinados a Guatemala, en Quiché, y es un proyecto que articula al sector privado. No tiene ninguna obligación de deuda para el Estado. Movilizamos recursos a través de la banca comercial y de organismos microfinancieros.
También brindamos acompañamiento con asistencia técnica, fortalecimiento en los municipios, elaboración de planes de manejo de cuencas y apoyo a entidades microfinancieras en la preparación de paquetes de crédito.
Nos han solicitado, además, la actualización y formulación del plan Katún 2032. Parte de nuestro trabajo es asistir en el diseño de políticas públicas y planes, así como desarrollar acciones en campo.
¿Qué otros temas priorizan?
Nos han solicitado acompañar la elaboración de la norma de agua y el fortalecimiento de la producción de bioinsumos que puedan ser fabricados en el país.
Una de las políticas que impulsa el Gobierno es fortalecer las biofábricas, y nuestro interés es identificar la red de productores y cadenas de valor vinculadas a los bioinsumos con bajo impacto ambiental, que puedan ser asequibles para la economía de los productores y que puedan, en parte, sustituir la importación de fertilizantes basados en combustibles fósiles.
Pronósticos nacionales e internacionales señalan una alta probabilidad de que en los próximos meses se presente el fenómeno de El Niño. ¿Cómo puede afectar a Guatemala?
El Niño se caracteriza por un período extenso de lluvias tempestuosas que, sin duda, afectará a los pequeños productores y a los productores en general, y puede generar impactos por eventos extremos, con daños a cultivos, personas, comunidades e infraestructura.
Uno de los aportes de la FAO en estos años, en coordinación con el Gobierno, es la zonificación de áreas productivas agrícolas vulnerables a impactos de eventos extremos. Esto implica estudios y mapeos, identificación de estos puntos y acompañamiento con sistemas de alerta temprana, fortalecimiento de los sistemas productivos para que sean resilientes y desarrollo de capacidades en los municipios y gobiernos locales.

¿Se prevé una afectación mayor en las poblaciones que subsisten de la agricultura?
Las previsiones son de un impacto probable de medio a alto. Estamos preparando un análisis más riguroso sobre las zonas que podrían ser afectadas. No vamos a adelantarnos a decir cuáles ni en qué grado; no es nuestro objetivo generar una alarma si no está sustentada en evidencia.
Estudios recientes indican que en Guatemala el 44% de la población está en inseguridad alimentaria y un 18% está en situación severa. ¿Hasta dónde se puede complicar este escenario con el fenómeno de El Niño?
Es importante fortalecer la capacidad productiva. Tenemos que desarrollar capacidades estructurales y el Gobierno, con su planificación, ha contribuido a desarrollarlas.
¿Qué implican? Ahí es donde intervenimos. No somos solo una institución que acompaña a las comunidades y al Gobierno en situaciones de emergencia; también trabajamos en crear condiciones estructurales de resiliencia: desarrollar sistemas agroalimentarios con capacidad de resistir los impactos climáticos a través de la gestión sostenible de recursos agroecosistémicos; cultivos que resistan impactos extremos; creación de una gobernanza local que fortalezca esos procesos productivos; apoyo a incentivos para proyectos agroforestales y agrosilvopastoriles; gestión del agua e insumos que requieren los sistemas productivos. Estas condiciones estructurales son las que nos harán resistir los impactos de este fenómeno de El Niño.
La FAO trabaja en ello, pero también en prevención de eventos extremos de corto plazo. Intervenimos rápidamente y gestionamos recursos, pero nuestra principal misión es crear condiciones estructurales de resiliencia.
¿Qué efectos tiene el conflicto en el estrecho de Ormuz en el tema de los fertilizantes?
Es importante crear condiciones estructurales y de largo plazo para ir sustituyendo, al menos parcialmente, la dependencia de fertilizantes basados en combustibles fósiles e ingresar al fortalecimiento de las biofábricas. Hay que identificarlas, mapearlas y conocer sus cadenas de valor. Esta es una tarea que nos ha pedido el presidente y es una visión de largo plazo.
No responderá inmediatamente a la crisis de Medio Oriente, pero sí permitirá trabajar con un horizonte que genere menos dependencia de las importaciones y reduzca la fuga de divisas por la compra de fertilizantes basados en combustibles fósiles, además de evitar el impacto de productos químicos que podrían afectar los cultivos.
El impacto actual del conflicto en Medio Oriente es indudable. Casi el 30% de los fertilizantes proviene de esta región y es un impacto global que en Guatemala también se está sintiendo.
¿Esta situación elevará el precio de los fertilizantes?
Sí, está impactando los precios. El tema no es responsabilidad de ningún país en particular; es un problema global.
Están subiendo los precios, van a bajar las dosis de aplicación de fertilizantes y, por tanto, en algunos países disminuirá la productividad. Los impactos son severos en cultivos de largo plazo y justamente en temporadas de cultivo.
¿Qué pasará con el precio de los alimentos?
El impacto en el incremento de precios de los alimentos es general, no solamente en Centroamérica, sino en toda la región, por el incremento de los precios de los fertilizantes, la escasez de estos y el aumento de los precios de hidrocarburos.
¿Y cuánto tiempo podría prolongarse este impacto en la región?
Hay impactos estructurales que, aunque la guerra se resuelva en el corto plazo, serán difíciles de superar durante varios años, sobre todo por cultivos que requirieron fertilizantes en una dosificación adecuada y que no fueron aplicados oportunamente, lo que puede generar baja productividad.
El incremento de precios de los carburantes puede tener un impacto en el mediano plazo en cosechas y cultivos del calendario agrícola.
Durante el conflicto Rusia-Ucrania también se vio una afectación en el tema de fertilizantes. ¿La situación es más crítica ahora?
Creo que los conflictos se suman y los impactos también, pero particularmente en el caso de Medio Oriente el escenario es complejo, pues el 20% de los carburantes del petróleo sale por esta región y más del 30% de los fertilizantes.
Entonces, probablemente sea mucho más complejo de lo que hemos vivido en otros conflictos. El impacto, diría, es más prolongado en algunos aspectos.
¿Qué otros efectos puede tener el conflicto en el estrecho de Ormuz?
La interrupción de los corredores comerciales y del transporte de alimentos e insumos, que están interrumpidos por el conflicto no solamente en el estrecho de Ormuz, sino en una región que forma parte de corredores de transporte de mercancías y que está en una situación disruptiva recurrente y de plazo muy extendido.
¿Cómo evalúan la capacidad de respuesta del Gobierno guatemalteco para reducir estos impactos?
Guatemala ha desarrollado una institucionalidad fuerte en términos de capacidad técnica, planificación y gestión de recursos. El país cuenta con una institucionalidad con potencial a nivel local para atender y acompañar las necesidades de las organizaciones productoras.
La gobernanza institucional fortalecida, vinculada a los productores, permite tener una estructura capaz de planificar y responder a los impactos de eventos extremos. Este es un capital valioso que tiene Guatemala.
Además, ha identificado los asuntos más sensibles y ha decidido sumar fuerzas institucionales, incluidas las de la FAO, para acompañar la solución de problemas de largo plazo.

