Migrante sufre porque fue deportado y su hija se quedó sola en EE. UU.

La vida ya no es la misma para Jacinto Carrillo desde el pasado 16 de mayo cuando la Patrulla Fronteriza de EE. UU. le arrebató de sus brazos a su pequeña Filomena de apenas 5 años y medio, cuando recién habían cruzado la frontera con México. 

Jacinto Carrillo, con la mirada perdida, habla de su hija de 5 años que se quedó sola en EE. UU. (Foto Prensa Libre: Estuardo Paredes)
Jacinto Carrillo, con la mirada perdida, habla de su hija de 5 años que se quedó sola en EE. UU. (Foto Prensa Libre: Estuardo Paredes)

Desde ese día, Jacinto no hace más que pensar en cómo está su niña, ¿qué necesita, tendrá frío, habrá comido, estará llorando, con quién duerme por las noches?


Para este migrante de condición muy humilde que partió el 7 de mayo de San Juan Ixcoy, Huehuetenango, la vida ahora es un infierno. Sus pensamientos lo martirizan a cada segundo; la angustia, impotencia y frustración se evidencian en su moreno rostro, que se ve cansado y  agotado por haber permanecido más de un mes en prisión en un centro de detención de EE. UU.

Como miles de guatemaltecos, Jacinto migró a aquel país con el sueño de trabajar para darle una mejor vida a su familia. Con su esposa decidieron que ella se quedaría en Guatemala con el menor de los hijos y que él viajaría con Filomena.

Todo pintaba bien, pues en poco tiempo, relativamente, (nueve días) llegaron a EE. UU., pero tuvo el infortunio que ocho días antes había cobrado vigencia la política de separación de familias, impulsada por el presidente estadounidense Donald Trump (de la cual ya dio marcha atrás), por la cual le quitaron a su hija.

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“Cuando llegué al cruce de la frontera me quitaron a mi niña, un oficial de migración, y ahorita no sé cómo recuperarla. Solo escuché que está en Nueva York, pero no sé qué hacer”, dice Jacinto mientras se preguntaba junto con otros dos migrantes, también de Huehuetenango que conoció en el vuelo de regreso, ¿cómo hacían para llegar hasta ese departamento?

La angustia se convierte en tormento para Jacinto cuando se le cruza por la mente que su hija podría estar sola en EE. UU. por varias semanas, y al pensar: ¿cómo van a identificar qué es su hija?, o si ella ¿sabrá decir con precisión quiénes son sus padres y dónde viven?

“Estoy luchando porque me la devuelvan, dicen que me la van a mandar en dos o tres meses, me dijo el consulado —de Guatemala— en EE. UU. Yo hablé con un oficial de Migración y me dijo que en dos o tres semanas”, afirma Jacinto. Luego hace una pausa, respira profundo y dice: “Yo quiero decir que es un sufrimiento muy grande lo que estoy pasando”.


El migrante deberá superar muchas barreras para lograr que su pequeña Filomena vuelva a estar en sus brazos. Para empezar, no sabe a dónde acudir, vive en un municipio que está a nueve horas de la capital y a tres de la cabecera de Huehuetenango; además, por la falta de recursos desde ya avizora que tendrá problemas para viajar constantemente para averiguar cómo avanza el trámite de la repatriación.

Acompañamiento

Rita Elizondo, subsecretaria del Consejo Nacional de Atención al Migrante de Guatemala (Conamigua) precisó que esa institución puede coordinar el apoyo para los migrantes deportados que, como Jacinto, necesiten recuperar a sus hijos.

La funcionaria indicó que es preciso ubicar el consulado donde fueron registrados porque en cada uno de ellos hay un abogado que puede dar seguimiento a cada caso.


La sede de Conamigua se encuentra en el segundo piso del edificio de Atención al Migrante, 2ª. Avenida 4-17, zona 10, atienden de lunes a viernes de 9 a 17 horas. Aún no cuenta con número de teléfono.

De regreso

Durante su regreso a Guatemala, Jacinto conoció a otros dos migrantes huehuetecos; uno de ellos, Elías Mendoza, quien tenía seis años de vivir en EE. UU. y fue deportado por haber cometido una infracción de tránsito. En aquel país se quedó su esposa y sus hijos.


Para fortuna de Jacinto, Elías le ofreció algo de dinero para que pudiera llegar hasta San Juan Ixcoy, puesto que su esposa le depositó algunos dólares para el día en que fuera deportado. 

Jacinto necesita ayuda. “No tengo dinero, no sé dónde pasa el bus, en qué camioneta me voy para allá”, dice, siempre con la angustia reflejada en su rostro.

La aflicción vuelve de pronto cuando recuerda que llegará con las manos vacías a su casa. “Ahorita llamé a mi esposa y le dije ya vine a la casa ya voy a llegar y ella me dijo, ‘si viene la nena sí, si no, no llegue a la casa’”.

“No lleven a los niños porque los quitan allá —en EE. UU.— y sufren porque están tirados en el piso solo con un pedazo de aluminio encima los tienen. Los niños sufren”, es su mensaje final.

Ya en la terminal de buses que van para el occidente del país, en la 41 calle de la zona 8, Jacinto dice que quiere llegar hoy mismo —este miércoles— a su casa. Para ello, abordó un bus hacia Quetzaltenango, luego se trasladó hasta la cabecera de Huehuetenango, desde donde deberá partir hacia San Juan Ixcoy.

En el camino, en medio del frío de las montañas de los Cuchumatanes y paisajes únicos, Jacinto irá pensando cada segundo, seguro, en Filomena y cómo hará para traerla de vuelta.

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