Cable a tierra

Con el alacrán entre la ropa

Karin Slowing karin.slowing@gmail.com

¡Centro América arde! La región se consume entre las llamas de la impunidad y la corrupción. Las narco-clepto-tiranías de nuevo cuño le han prendido fuego. Prefieren que se queme todo antes que perder control sobre esta inmensa finca. La estrategia de depurar los Estados centroamericanos para volverlos funcionales, como un medio para reducir amenazas a la seguridad de los Estados Unidos de Norteamérica, apenas si logró desequilibrar a las elites política, económica, militar y religiosa que reproducen el sistema excluyente y podrido en que vivimos hace tanto tiempo, pero no fue lo suficientemente contundente e integral como para doblegarlos y sentarlos a la mesa a negociar nuevas reglas del juego para el funcionamiento de la región.

Con las acciones emprendidas en Guatemala y Honduras, con la Cicig y la Maccih, respectivamente, se logró apenas botar el repello y mostrar a las elites desnudas y sin maquillaje: carteles que no solo concentran poder, riquezas y privilegios, sino que mueven alianzas y aparatos de terror y corrupción sin ningún remilgo para asegurar que eso no cambie. En Nicaragua ni falta hizo: los Ortega solitos se quitaron el disfraz.

Gran lección que queda es que siempre es un error jugar con Dios y con el diablo a la vez. En aras supuestamente de mantener una falsa “estabilidad y gobernabilidad” en la región se consintió que Juan Orlando Hernández manipulara la Constitución para reelegirse y remodelara la institucionalidad hondureña para manejarla a su sabor y antojo y concentrar aún más poder. Se hicieron de la vista gorda de tropelías y asesinatos. En Guatemala se prefirió llevar en andas a un inepto que muy temprano dio muestras de que no iba a dar la talla para el tamaño de la batalla que se avecinaba y que, encima, mostró descaradamente que su auténtica lealtad estaba con la peor calaña de gente que cada uno de estos carteles podía aportar.

Aprovechando las veleidades del poder global, y sus contradicciones internas, la alianza reafirmó su pacto histórico y urdió su estrategia. Así, el contragolpe del #PactoDeCorruptos ha logrado neutralizar al principal actor interesado y promotor del asunto: los Estados Unidos. Les metieron el alacrán entre la ropa y permitieron que se debilitara el proceso de lucha contra la corrupción que apenas se había iniciado.

Vemos ahora, en ese contexto, la salida masiva de hondureños, desplazados por la violencia, el hambre y la falta de oportunidades, encaminándose por territorio guatemalteco rumbo al norte. La ruptura del Pacto Social en Guatemala, encarnado en la violación abierta a las disposiciones de la Corte de Constitucionalidad. La violencia y represión en Nicaragua. Los exilados que comienzan a multiplicarse. El silencio del gobierno hondureño, usualmente agresivo e implacable contra su propia gente, y la “facilidad” con la que la Migración guatemalteca los dejó entrar a nuestro territorio, me sugieren que detrás de una acción legítima de gente que no tiene nada que perder hay fuerzas del Pacto regional de corruptos halando agua para su molino y enviando un mensaje al Norte, cual extorsionistas. “Si no nos dan lo que queremos, les enviaremos nuestras masas hambrientas y que sean ustedes y México quienes vean qué hacen”.

¿Qué quieren conseguir de Washington? ¿La rendición incondicional de la todavía potencia mundial frente al #PactoDeCorruptos, para delinquir en la impunidad? Frente a eso, la opción de construir una Centroamérica con justicia, paz y desarrollo para 40 millones de personas.

Hay que pensarlo bien y no olvidar que los alacranes siempre terminan hincando el aguijón y soltando su veneno. La traición está en su genética.

karin.slowing@gmail.com