Catalejo

La batalla se libra con diferentes armas

Mario Antonio Sandoval

Sólo cuatro años habían pasado desde mi ingreso por primera vez a la sala de redacción de Prensa Libre en el viejo y goteroso salón. Era 1970. Exactamente el 28 de enero, cuando vi el cuerpo ensangrentado de Isidoro Zarco, víctima de la guerrilla urbana, decidí ser periodista mientras pudiera. Fui a México para pedir al periódico La Jornada publicar al día siguiente un comunicado guerrillero porque Álvaro Contreras Vélez había sido secuestrado, y tiempo después fui el vocero oficial de este periódico para las informaciones sobre un hecho igual contra Pedro Julio García. Recuerdo estos hechos  hoy por cumplirse 67 años del nacimiento de este diario, fundado por los periodistas mencionados, Salvador Girón Collier y mi padre, Mario Sandoval Figueroa.

En esos tiempos, los enemigos de la prensa estaban concentrados en el gobierno de turno. Luego se agregaron los políticos, y se mantienen. Hoy, algunos integrantes del sector privado se han unido para integrar un trío nefasto. Un integrante de este grupo socioeconómico acusó en público a Prensa Libre, pero especialmente a mí en lo personal, de estar “destruyendo el país”. Es parte de calificar de “fake news” (noticias falsas) a cualquier noticia causante de disgustos o de verdades incómodas. Y como en Guatemala todo se copia, ahí van las andanadas e incluso hasta llamadas telefónicas a quienes siguen siendo patrocinadores publicitarios. El periodismo no está allí para causar alegría, satisfacción o tristeza, y viceversa, a la totalidad de quienes lo leen, escuchan o ven. Irónicamente, algunas veces les pasa esto a los mismos periodistas, cuando descubren algún error propio.

Al llegar a estos 67 años de Prensa Libre, es notoria la guerra declarada a la prensa, en especial a la escrita, como también ocurre en Estados Unidos. La de televisión y la radial son consideradas buenas sólo cuando informan de hechos sin mayor importancia para el futuro del país, y en esos casos existen pactos oscuros con los grupos de poder. Es necesario señalarlo porque la defensa de la emisión del pensamiento, de informar y de opinar en los actuales momentos constituye un factor crucial para el futuro de Guatemala y del mundo. La misma sociedad occidental, con sus valores, errores y beneficios, es uno de los pilares de la democracia, y si bien debe ejercerse con responsabilidad y dentro de las leyes respectivas, eliminarla tiene resultados contraproducentes.

Los valores del periodismo son pocos, sencillos y fáciles de entender. La guerra cada vez más evidente entre politiqueros y sectores recalcitrantes, obliga a ejercer tales normas con cuidado y con responsabilidad. Un viejo aforismo indica: “del enemigo, el consejo”. La victoria está más cerca para el periodismo, porque tiene a su favor un elemento fundamental: la credibilidad dentro del conglomerado social. Las acciones negativas en gobiernos, partidos, gremios, etcétera, de hecho incrementan esa confianza popular, sobre todo cuando son publicadas y provocan la ira de quienes se ven afectados directa o indirectamente. Estas frases tienen como motivo permitir a los ciudadanos entender por qué los fundadores de Prensa Libre dictaron esas normas y por qué se siguen.

Vale la pena pensar en el futuro de periódicos y revistas. Las noticias, es decir enterarse de los hechos, será el papel de los mensajes vía teléfono, circulantes por miles de millones en el mundo. Pero son mensajes breves: se reducen el hecho en sí. Los periodistas de prensa escrita tendrán su papel más importante en trabajos para explicar lo ocurrido, y esto necesita profesionales con mayor experiencia y capacidad de análisis, quienes deben trabajar, como siempre, con el mínimo tiempo posible. Por aparte, las hemerotecas seguirán manteniendo su importancia. El periodismo escrito no va a morir, sino se está transformando. Prensa Libre cuenta por millones los lectores vía electrónica y seguirá imprimiéndose con un objetivo tácito de ser un libro donde sea registrada la historia nacional.