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Conozca el arte y elementos arquitectónicos que engalanan al Palacio Legislativo

El inmueble que ocupa el Palacio Legislativo cumplió 92 años en marzo del 2026; en él sobresalen su suntuosa arquitectura y vívidas obras artísticas.

Conozca el arte y elementos arquitectónicos que engalanan al Palacio Legislativo

Fachada del Congreso de la República de Guatemala, ubicado en la 9a. avenida, entre 9a. y 10a. calles de la zona 1 capitalina. Fue inaugurado el 1 de marzo de 1934. De este frontis destaca el trabajo excelso del tímpano de la puerta principal. (Foto: Hemeroteca PL)

Con tropiezos, pero con la convicción de alcanzar el objetivo que preocupó a varios gobiernos por muchos años, fue inaugurado el Palacio Legislativo, ubicado en la 9a. avenida, entre la 9a. y 10a. calles de la zona 1 capitalina, el 1 de marzo de 1934, un inmueble de magnífica arquitectura, con proliferación de elementos simbólicos y obras artísticas que relatan la historia del país.

En el lugar donde se ubica actualmente existió el edificio que ocupaba la Sociedad Económica de Amigos del País, fundada en 1794, cuya estructura arquitectónica era, primordialmente, neoclásica, con elementos del estilo ultrabarroco, como influencia de Santiago de los Caballeros en el valle de Panchoy —actual Antigua Guatemala, Sacatepéquez—.

Este recinto era sobrio, con una torre baja y muros gruesos. Debido a los frecuentes movimientos telúricos, se prefirió utilizar techumbre de teja, alfarjes —techo con maderas labradas— y artesonados, según texto proporcionado por el Archivo de la Dirección Legislativa del Congreso.

Los diputados legislaban en distintos lugares: en el antiguo edificio de la Facultad de Derecho de la Universidad de San Carlos de Guatemala, que actualmente lo ocupa el Museo Universitario; en el Real Palacio, que se encontraba a un costado del actual Palacio Nacional de la Cultura, así como en algunos salones que se les facilitaba en el edificio de la mencionada Sociedad Económica.

También sesionaban en el Palacio Centenario, conocido como “palacio de cartón”, ubicado al poniente de la Plaza Mayor y que existió de 1921 a 1925.
Luego de los terremotos de 1917 y 1918, dicho inmueble quedó con daños. Fue el presidente José María Orellana —1921-1926— quien en 1922 manifestó su preocupación por que los diputados tuvieran un lugar adecuado para legislar, por lo que eligió dicho sitio para la construcción de la sede del Organismo Legislativo. Solicitó el terreno para tal fin, el cual le fue otorgado, afirma Joel Ventura, de la Dirección de Protocolo y Atención Ciudadana del Congreso de la República. Debido al fallecimiento de Orellana, en 1926, el proyecto quedó suspendido.

En la década de 1930, la referida sociedad se trasladó a otro inmueble capitalino.

El mandatario Lázaro Chacón —1926-1930— negoció la utilidad pública del lugar y planificó el comienzo de la construcción, pero, por razones de salud, dimitió en 1930. Falleció en 1931, en Estados Unidos, durante una gira presidencial.

El presidente Jorge Ubico —1931-1944— retomó el proyecto y culminó la obra. Ordenó la demolición total del vetusto edificio, a fin de construir el Palacio de la Asamblea Legislativa. Los trabajos comenzaron en 1931.

El diseño y planos de esta obra son de la autoría del arquitecto Manuel Moreno Barahona, en tanto que Manuel Domínguez fungió como maestro constructor y de modelados, a quien le llevó más de dos años la creación del interior, bajo la supervisión del director de la Tesorería Nacional, coronel Gustavo Wyld Ospina. Los revestimientos interiores y exteriores fueron encomendados a los galleres Pullin. La obra tuvo un costo de Q2 millones 800 mil, refiere Fernando Sibrián, de la referida dirección.

El recinto fue inaugurado el 1 de marzo de 1934. Se le considera uno de los edificios más elegantes y sólidos de la capital.

Según se dice, se utilizó la mano de obra de presidiarios, pues, según el criterio de Ubico, “los privados de libertad debían ser útiles para Guatemala”, señala Ventura.

Arquitectura

Se ha establecido que su arquitectura es ecléctica —combinación de elementos de diversos estilos— debido a sus columnas de estilos romano y jónico, techo mudéjar y decorado árabe de cada cúpula.

Cada elemento en el edificio tiene un simbolismo; por ejemplo, dice Sibrián, las rosas en la parte superior representa el lugar donde se guardan secretos.

Tiene 50 metros de longitud y ostenta 18 columnas de cemento armado, de estilo jónico. Desde los cimientos —de ladrillo y concreto— hasta los muebles de maderas finas —como caoba, guayacán, cedro y conacaste—, procedentes de las selvas peteneras, se evidencia su estilo elegante.

Las puertas y ventanas, tanto exteriores como interiores, poseen una rica ornamentación de cobre, con motivos grecorromanos. Un documento de la época de su construcción aseveró: “El Palacio de la Asamblea Legislativa tiene las comodidades, lujo y confort que requiere una construcción pública de esta índole”.

Así lucía el Palacio Legislativo, recién inaugurado el 1 de marzo de 1934, durante el gobierno de Jorge Ubico. (Foto Prensa Libre, cortesía de Miguel Gaitán)

Originalmente, el interior estaba decorado con pinturas al óleo; muchas de ellas eran murales. También se utilizaron en el empapelado ricas tapicerías, algunas de las cuales aún se conservan. Los altos zócalos que se aprecian en los despachos también fueron tallados en maderas nobles.

Los umbrales de los de todas las puertas interiores fueron trabajados por los ebanistas más famosos de la época, con elementos neoclásicos conservadores, así como combinaciones del barroco, ultrabarroco, rococó, churrigueresco y mudéjar.

Los cielos de las principales dependencias son de estuco, y allí se aprecian formas geométricas cuadradas y rectangulares que sirven de marco a rosetones y frisos.

Según el diseño original del edificio, este se encontraba dividido por un amplio vestíbulo que conducía a la sala de sesiones, sala de recepciones y el despacho de la presidencia. A ambos lados de ellos, se encontraban 10 salas de comisiones, el despacho de la vicepresidencia, secretaría, oficialía mayor, salas de oficiales, archivos, biblioteca, vestuario, salas de descanso y habitaciones del conserje y personal de servicio.

Hemiciclo

La sala de sesiones también se denomina hemiciclo, sala del pleno o salón plenario. La integran 154 curules y nueve asientos de la Junta Directiva, que fueron, originalmente, forrados de terciopelo rojo y azul. El azul, por ser color patrio y que simboliza soberanía y libertad, y el rojo, majestad, imperio y dignidad. Fueron talladas con esmero por artesanos nacionales, con suaves tonalidades verdes que imitan un bronce antiguo.

El semicírculo evoca los estrados griegos y romanos, y en ellos se aprecian decoraciones y alegorías que simbolizan la libertad.

Al frente, en un alto estrado, se ubica el máximo órgano que dirige el Organismo Legislativo. Asimismo, se encuentran los asientos para las taquígrafas. El techo está bellamente ornamentado con un artesonado de elementos cóncavos, poligonal y con adornos de estilo mudéjar —de influencia hispanoárabe—, el cual brinda una acústica adecuada para ampliar el sonido producido en la cámara.

Destaca el granito martelinado de los altorrelieves de los umbrales de las puertas interiores del Salón de los Pasos Perdidos. (Foto Prensa Libre, Brenad Martínez).

A ambos lados del hemiciclo están las tribunas o palcos. A la izquierda, el diplomático y consular, en cuyo techo se pueden observar alegorías de las mitologías griega y babilónica, como pegasos; a la derecha, el de la prensa —nacional e internacional— y cronistas del Congreso, y lleva el nombre de Miguel Ángel Asturias, nobel de Literatura. Detrás de los escaños centrales se encuentra la plataforma destinada a albergar a las autoridades civiles, edilicias, militares o eclesiásticas, así como personalidades e invitados especiales. En el piso superior, en una amplia galería en semicírculo, se ubica el público en general.

En el centro del hemiciclo está la urna que resguarda la Constitución Política de la República de Guatemala, promulgada el 31 de mayo de 1985.
La luz que atraviesa los ventanales hace que el semicírculo se vea más alto de lo que realmente es.

Vestíbulo

Uno de los espacios que atraen la atención es el denominado Salón de los Pasos Perdidos, que constituye el vestíbulo principal del hemiciclo. Se llama así, según estudiosos e historiadores, porque en ese pequeño espacio han quedado perdidos en el tiempo los pasos de quienes han constituido hitos en la vida política del país. Según otros, su nombre se debe a que las personas que se sitúan en ese lugar por primera vez se desorientan. En este espacio se encuentra una placa conmemorativa con los nombres de quienes redactaron la Constitución, y ahí se encuentran los despachos de la Junta Directiva.

Sobresalen su piso de mosaico de estilo veneciano, y la puerta principal hacia el hemiciclo está flanqueada por el escudo nacional de armas, a la derecha, y el escudo de las Provincias Unidas de Centroamérica, a la izquierda.

La puerta principal del hemiciclo está flanqueada por el escudo de las Provincias Unidas de Centroamérica, a la izquierda. (Foto Prensa Libre: Brenda Martínez)

Se aprecian grecas, formas ojivales y figuras florales. Los cristales de la puerta principal del hemiciclo tienen grabado el escudo del Poder Legislativo, como se llamó en el pasado.

Hay que destacar el granito martelinado de los altorrelieves de los umbrales de las puertas interiores, así como el trabajo excelso del tímpano de la puerta principal, sobre la 9a. avenida.

El Salón de los Pasos Perdidos está ornamentado con un piso de mosaico de estilo veneciano, en forma de abanico. (Foto Prensa Libre: Brenda Martínez)

Salón del Pueblo

El Salón del Pueblo albergó la Biblioteca del Congreso de la República Enrique Gómez Carillo. En 1952, el entonces presidente del Congreso, Julio Estrada de la Hoz, contrató los servicios de tres jóvenes estudiantes de la Academia de Bellas Artes: Víctor Manuel Aragón Caballeros, Juan de Dios González y Miguel Ángel Ceballos Milián, para la creación de los murales que plasmaran la historia de Guatemala, desde la época precolombina, pasando por la Independencia y Revolución liberal de 1871, hasta la Revolución de octubre de 1944, divididos en cuatro paneles.

Vista de uno de los paneles de los murales que fueron creados en el Salón del Pueblo, a mediados del siglo XX. (Foto Prensa Libre: Brenda Martínez)

Los jóvenes, los mejores alumnos de dicha academia, iniciaron los bocetos, esbozos y modelos a escala, y trabajaron en un taller ubicado en la avenida Elena y 13 calle, zona 1 capitalina, durante un año. Los artistas hacían trabajo de campo para observar a sus modelos; por ejemplo, concretaron un viaje a una finca en Escuintla para apreciar a los cortadores de caña durante la zafra, en medio del abrasante calor costeño. La elaboración de este mural duró más de un año. Augusto Ramírez, alumno de dicha academia, trabajó como ayudante y, gracias a su complexión física, también como modelo. Para la base se utilizó argamasa de pitón de fibra orgánica, de mayor resistencia, y para la pintura, duco de piroxilina.

Los autores ya no pudieron firmar el mural, según rumores de la época, a causa de la contrarrevolución de 1954, encabezada por el coronel Carlos Castillo Armas. Se dice que se pretendía cubrir las obras de negro, pero Castillo Armas, después de apreciarlas, ordenó que no fueran dañadas. Durante 1954, los murales, de fuerte contenido social y político, se escaparon de ser destruidos, gracias a la oposición de la prensa de ese entonces.

En 1992, el entonces presidente del Organismo Legislativo, Edmond Mulet, mandó a remodelar dicho salón y los murales, con la cooperación de la Embajada de Canadá, y se solicitó para tal fin el apoyo del pintor nacional Víctor Manuel Aragón Caballeros. Desde ese entonces, se le conoce como Salón del Pueblo, y ahí se desarrollan actividades que fortalecen la democracia. Los murales fueron declarados Monumento Nacional en 1978.

Casa Larrazábal

Este recinto, ubicado sobre la 8a. avenida y 9a. calle de la zona 1 capitalina, se adscribió al Palacio Legislativo por decreto 28-94, por 25 años prorrogables y en forma gratuita.

Esta fue la residencia del jurisconsulto fray Antonio de Larrazábal y Arrivillaga —1769-1853—, quien representó a las Provincias de Centroamérica ante las Cortes de Cádiz —1811-1812— y ante el Congreso Bolivariano de Panamá, en 1826, y fue presidente de la Asamblea Constituyente en 1839. Este inmueble le fue donado por su hermana, Clara Larrazábal.

Tal mansión, construida en el siglo XIX, fue expropiada durante el gobierno de Justo Rufino Barrios —1873-1885—, y fue vendida en subasta pública en 1874 a Francisco Sánchez e hijos. En sus instalaciones funcionaron comercios, un club social y residencias particulares, restaurantes famosos de la época e, incluso, el Ministerio de Educación. El Banco de Guatemala tuvo en ese edificio sus oficinas centrales.

Durante el gobierno de Enrique Peralta Azurdia —1963-1966—, según acuerdo gubernativo del 13 de junio de 1966, se otorgó la casa en usufructo gratuito por 25 años al Banco de los Trabajadores.

La construcción actual fue dirigida por Domingo Goicolea y, originalmente, se dividió en dos conjuntos habitacionales que, de acuerdo con la antigua nomenclatura catastral, se identificaban con los números cinco y siete de la octava avenida sur. Su estructura es de estilo neoclásico, aunque luce algunos detalles barrocos. Se aprecia el tallado de la caoba, cedro y conacaste de sus puertas y postigo y la solidez de sus muros de calicanto y bajareque.

Tiene dos plantas y dos patios, uno principal y otro, de servicio.

En la entrada, que solía ser la bóveda de los bancos de Guatemala y de los Trabajadores, se encontraba la sala de espera, sala de prensa y tesorería; y en la parte principal, cuatro salas de conferencias: el auditorio, sala Guatemala, sala de la paz y sala Larrazábal.

Salón Guatemala, en la Casa Larrazábal, mansión que fue construida en el siglo XIX y que fue recientemente restaurada. (Foto Prensa Libre: Brenda Martínez).

En mayo de 1994, durante el mandato legislativo de Óscar Vinicio Villar Anleu se iniciaron los trabajos de restauración, remodelación y redecoración del edificio, con el apoyo del gobierno de la República de China.

En año pasado, se desarrollaron y finalizaron trabajos de restauración en el lugar, pues ciertas áreas presentaban múltiples daños.

Vista del interior de la Casa Larrazábal, que fue adscrita al Palacio Legislativo, y que alberga comisiones de trabajo y dependencias. (Foto Prensa Libre: Brenda Martínez)

Sus instalaciones son ocupadas por comisiones de trabajo y otras oficinas pertenecientes al Congreso. Destacan el salón de presidentes, donde se observan las fotografías de todos los presidentes del Organismo Legislativo desde la era democrática; el Salón Guatemala y salón audiovisual. En la zona 1 hay otros inmuebles ocupados por diferentes dependencias legislativas.

El Congreso de la República fue declarado monumento nacional, según decreto 32-78, y es conocido como la casa del pueblo, pues en él converge la ciudadanía en amplia diversidad.

Visitas guiadas

Para quienes estén interesados en conocer la historia, estructura y funciones del Congreso, pueden solicitar una visita guiada al Departamento de Protocolo y Atención Ciudadana, teléfonos 2297-8800 o 2230-1776, extensión 2237.

ESCRITO POR:

Brenda Martínez

Periodista de Prensa Libre especializada en historia y antropología con 16 años de experiencia. Reconocida con el premio a Mejor Reportaje del Año de Prensa Libre en tres ocasiones.