La petición de Scott Bessent a la Reserva Federal para apoyar al yen abre un frente inusual en EE. UU.
La petición del secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, para que la Reserva Federal amplíe un mecanismo de liquidez que ayude a Japón a sostener el yen ha reavivado el debate sobre la independencia del banco central.
Scott Bessent instó a la Reserva Federal a ampliar un mecanismo que permitiría a Japón defender el yen sin vender bonos del Tesoro estadounidense, una petición poco habitual que ha despertado inquietud sobre la independencia de la Fed. (Foto Prensa Libre: Shuterstock)
La decisión de Japón de intervenir para fortalecer el yen ha desencadenado un inusual episodio en la relación entre el Departamento del Tesoro de Estados Unidos y la Reserva Federal (Fed), luego de que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, solicitara públicamente ampliar un mecanismo de liquidez del banco central que permitiría a Tokio defender su moneda sin desprenderse de sus bonos del Tesoro estadounidense.
La petición llamó la atención porque, aunque la coordinación entre ambas instituciones suele intensificarse en momentos de volatilidad financiera, es poco frecuente que un secretario del Tesoro inste de manera abierta a la Reserva Federal a modificar una herramienta que está bajo la autoridad del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC).
El mecanismo que busca evitar ventas de bonos
El centro del debate es la Facilidad de Recompra para Autoridades Monetarias Extranjeras e Internacionales (FIMA, en inglés), creada durante la pandemia de covid-19 y convertida en permanente en julio del 2021. El instrumento permite que bancos centrales y autoridades monetarias extranjeras obtengan dólares utilizando sus bonos del Tesoro estadounidense como garantía, en lugar de vender esos títulos en el mercado abierto.
El objetivo es reducir el impacto que una venta masiva de deuda estadounidense podría tener sobre el mercado de bonos y sobre los rendimientos del Tesoro, especialmente cuando un país necesita dólares para intervenir en el mercado cambiario.
Japón confirmó que compró yenes el viernes pasado para respaldar su moneda y anunció que recurrirá a este mecanismo de la Reserva Federal en futuras intervenciones. Bessent respaldó públicamente esa decisión y afirmó que alentaría un aumento de la capacidad de la facilidad durante los próximos meses.
Una petición poco habitual
Más allá del contenido de la propuesta, el aspecto que más sorprendió a economistas y exfuncionarios fue la forma en que se realizó.
Mark Sobel, exalto funcionario del Tesoro estadounidense, calificó la solicitud como "sumamente inusual" y recordó que, históricamente, este tipo de asuntos se resolvía mediante conversaciones privadas entre el Departamento del Tesoro y el presidente de la Reserva Federal, sin hacerse públicos.
La eventual ampliación del mecanismo tampoco depende del Tesoro. Cualquier modificación debe ser aprobada por el subcomité de divisas de la Reserva Federal, que responde al Comité Federal de Mercado Abierto y debe mantener informado al FOMC sobre cualquier cambio previsto. Actualmente, la facilidad tiene un límite diario de US$60 mil millones por contraparte.
El contexto político detrás de la propuesta
La solicitud de Bessent también llega en un momento de creciente presión política sobre la Reserva Federal.
La Casa Blanca ha insistido en que el banco central no eleve las tasas de interés, pese a que la inflación continúa muy por encima de la meta del 2%. El presidente Donald Trump ha defendido reiteradamente tipos de interés más bajos y, aunque Bessent prometió al asumir el cargo no pronunciarse sobre la política monetaria, anteriormente también se había mostrado favorable a una reducción de las tasas.
Además, el secretario del Tesoro ha impulsado ampliar las líneas internacionales de intercambio de divisas para fortalecer el denominado "dominio del dólar", una iniciativa que también requeriría el respaldo de la Reserva Federal.
Beneficios y riesgos para el mercado
Varios especialistas consideran que ampliar el uso del mecanismo tendría ventajas para la estabilidad financiera estadounidense.
Steven Kamin, exdirector de división de la Reserva Federal y actual investigador del American Enterprise Institute, señaló que al banco central le conviene minimizar cualquier presión sobre los rendimientos de los bonos del Tesoro si Japón necesita vender parte de sus reservas para comprar yenes. Aunque duda que el FOMC quiera respaldar directamente las intervenciones cambiarias, considera preferible que Japón recurra al mecanismo antes que liquidar bonos estadounidenses en el mercado.
En la misma línea, Eric Wallerstein, estratega macroeconómico de Clocktower Group y exasesor de la Reserva Federal, afirmó que la ampliación del programa implicaría un riesgo muy reducido para el banco central, ya que los préstamos son de corto plazo, están respaldados por bonos del Tesoro y generan intereses.
No obstante, Tobin Marcus, de Wolfe Research, sostuvo que el aspecto más llamativo fue que el Tesoro hiciera pública la petición, ya que no recuerda otro caso similar en el que se haya solicitado abiertamente un cambio de política a la Reserva Federal en lugar de coordinarlo de manera reservada.
Evercore advierte un posible efecto contraproducente
Más allá del debate institucional, analistas de Evercore ISI advierten que el uso continuado del mecanismo también podría generar riesgos en los mercados.
Según la firma, aunque la facilidad evita ventas inmediatas de bonos del Tesoro estadounidense, su límite diario de US$60 mil millones apenas supera el monto que se estima utilizó Japón en una sola jornada de intervención, por lo que tendría una utilidad limitada si Tokio necesitara sostener operaciones de gran magnitud durante varios días.
Los estrategas Marco Casiraghi y Gang Lyu consideran que centrar la estrategia en una línea de financiamiento limitada podría incluso incentivar a los inversionistas a poner a prueba el compromiso de Estados Unidos y Japón para sostener el yen si la situación requiriera intervenciones repetidas y de mayor escala.
Además, recuerdan que la facilidad fue concebida como un respaldo temporal de liquidez y no como una fuente permanente de financiamiento. Los préstamos deben renovarse para mantenerse vigentes y su costo —actualmente de 3.75%— es deliberadamente superior al financiamiento disponible en el mercado privado, precisamente para reservar su uso a episodios de tensión financiera y no a intervenciones cambiarias sostenidas.




