Carolina Escobar Sarti
Doctora en Sociología y Ciencias Políticas de la Universidad de Salamanca. Escritora, profesora universitaria, defensora de DDHH por la niñez, adolescencia y juventud, especialmente por las niñas
NOTAS DE Carolina Escobar Sarti
Obtuvo el primer lugar en la Escuela de Estudios Judiciales, en el año 2001, con un promedio de 98 puntos. Según dicta la Ley de Servicio Civil del Organismo Judicial (OJ), los primeros 10 lugares deben ser nombrados como los más aptos para ocupar el cargo al cual aplican. Sin embargo, la Corte Suprema de Justicia (CSJ) de entonces no nombra a Érika Lorena Aifán Dávila.
Querer a Guatemala no significa callar sobre sus horrores cotidianos. Hay días en que una siente que este lugar no es un país, y ni siquiera un paraje maldito como algunos la definen, sino una distopía o una mala serie de Netflix. Hay días en que solo puedo vernos como una sociedad cerrada, desigual, de guetos solo solidarios con sus idénticos, con poco cerebro y demasiado dogma, inoculada de miedo, discriminación, voracidad y racismo.
En un “país” donde cualquiera puede terminar en prisión indefinidamente por crímenes tan serios como robar una gallina, los corifeos del #PactodeCorruptos se rasgan las vestiduras después de la muerte del exdiputado Manuel Barquín en el Hospital Roosevelt. Como en la representación de las antiguas tragedias clásicas griegas, cantan recio una supuesta indignación por quien enfrentaba prisión preventiva por los delitos de asociación ilícita, financiamiento electoral ilícito y tráfico de influencias.
Cuando Otto Pérez ganó las elecciones del 2011 compartí con algunas personas una preocupación: que la vuelta de un militar de alto rango a la cabeza del Estado podría implicar una amenaza para la Guatemala de la posguerra, que transitaba con mucho esfuerzo hacia la democracia que queríamos. Esta reflexión partía tanto del ámbito de lo simbólico como del ámbito de lo real.
“El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”, dijo Winston Churchill. Frase que deja a Guatemala sin políticos, sin estadistas y sin futuro. El inmediatismo con que la clase política actúa en Guatemala, sumado a la corrupción que pone a gobernar a personas ineptas, sin más vocación que la de saquear al famélico Estado guatemalteco, nos tiene en la calle.
Tantas veces justificamos nuestros fascismos interiores respaldándonos en ideologías que sostenemos como únicas y verdaderas para salvar a la especie humana. Somos dioses menores defendiendo catecismos ideológicos, aunque en el camino tengamos que ser cómplices de holocaustos y genocidios. Los recetarios reaccionarios de cierta derecha y de ciertos sectores eclesiales o militares terminan olvidando lo humano supuestamente para defender lo humano. Tenía razón Einstein: La única cosa cierta es la estupidez de nuestra especie.
La sonda espacial Voyager estaba a seis mil millones kilómetros de la Tierra —el punto más distante de nuestro planeta— en 1990 y se disponía a salir del Sistema Solar. En ese momento el científico Carl Sagan sugirió a la Nasa que se captara una última imagen desde allí. La Tierra se veía apenas como un punto al que Sagan llamó “El pálido punto azul”, y dijo que podría no parecer importante, pero lo era. Ese pálido punto azul, dijo, es nuestro hogar, somos nosotros.
Un juez debe ser “solo” un juez, y no dejarse presionar ni política ni económicamente por nadie.
Siempre decíamos que no podía haber nada peor y llegaba. Siempre que creímos ir saliendo, había un círculo más abajo; siempre un infierno más, como en el libro de Dante. A junio de 2018, la pregunta vuelve a surgir: ¿ya tocamos fondo? A mi criterio, enfrentamos la crisis política, social y económica más seria de los últimos 30 años. El Estado está capturado en medio de un pacto de corrupción que por fin tuvo nombre, la sociedad está muy informada pero sin capacidad de debatir en profundidad y llegar a acuerdos estratégicos; y el capital que emerge con fuerza es el del crimen organizado y el narcotráfico, sin lograr que buena parte del capital tradicional ofrezca salidas creativas a una situación que contribuyeron a crear.
Algo muy profundo falla en una sociedad de corte democrático cuando su sistema electoral y de partidos permite llegar al poder a personas como Donald Trump o Jimmy Morales, solo para poner un par de ejemplos cercanos. No porque representen una opción u otra del espectro político, sino porque realmente no son los estadistas que nuestros países merecen. Por eso, ellos y quienes les rodean toman decisiones peligrosas, no solo para sus países, sino para el mundo. En el caso de Trump, es mucho más complejo, porque está al frente del país que despertó el sueño del mundo capitalista y se levantó a partir del esfuerzo de millones de migrantes, sobre todo provenientes de Europa al inicio, y latinoamericanos o caribeños, después.