Editorial

NOTAS DE Editorial

La evolución lamentable del narcotráfico en Centroamérica mezcla ambición, corrupción, política y millones de dólares que vuelan en todas direcciones como un río desbordado que cobra dimensiones apocalípticas si se le evoca como una inundación de drogas, violencia, impunidad e ingobernabilidad de enormes territorios en donde el Estado es el gran ausente y cuyas poblaciones viven sentenciadas a padecer en silencio una especie de estado de excepción ilegal impuesto por grupos que a menudo entran en pugna.
Devolver a la carrera policial su dignidad, recuperar las capacidades menoscabadas y enfrentar de manera más efectiva el fenómeno criminal en todo el país son tres de los retos a los que se enfrenta el nuevo director policial.
Todo parte de un principio muy sencillo: hacer cosas diferentes permite esperar y lograr resultados muy diferentes.
Es muy importante el mensaje emitido por el director general de la Organización Mundial de la Salud, el etíope Thedros Adhanom, hace apenas tres días, en cuanto a la necesidad de mantener una actitud de esperanza, ánimo y confianza en que la propagación del virus puede contenerse‎.
En un país con las necesidades de Guatemala, con grandes temas pendientes en materia de desarrollo, enormes rezagos en nutrición, educación y empleo, los altos índices de pobreza y los penosos rezagos en materia de legislación, es penoso que aquellos que alguna vez se vendieron como grandes servidores del pueblo ansíen aún una última rebanada del exiguo erario.
El gobierno actual anunció medidas de combate interno de la corrupción que deberían funcionar como un disuasivo para las redes que asedian el erario, pero aún faltan reformas legales, procesos de formación de personal y la total digitalización de las compras y contrataciones, así como una reingeniería total de la Contraloría General de Cuentas.
Esta legislatura aún está en sus comienzos y la ciudadanía responsable debe saber quién es el diputado o diputada electo por su distrito —incluso si no votó por su agrupación—.
Hace exactamente un mes, la Organización Mundial de la Salud (OMS) descartó la declaratoria de una alerta mundial frente a la epidemia del coronavirus gripal o covid-19, cuando aún iban 547 casos y 17 fallecidos en China y algunos países del sudeste asiático. Es muy probable que para relegar tal medida haya pesado cierta prudencia respecto del poder comercial y político de la superpotencia oriental, así como el efecto económico global, factores que se han visto impactados a causa de las cifras de pacientes y fallecidos, que a un mes de aquella primera —y quizá única— oportunidad no solo se han visto multiplicados, sino esparcidos en más países.
El temor a un contubernio en la elección de magistrados para la Corte Suprema de Justicia y de Apelaciones está de vuelta gracias a la ambigüedad de varias bancadas del Congreso, comenzando por su propio presidente, quien ha proyectado un difuso liderazgo a la hora de siquiera prometer a la ciudadanía su máximo esfuerzo por lograr una elección libre de arreglos ocultos. Quizá esto se deba a los intereses que amarran la alianza partidaria que lo condujo al puesto prácticamente desde el anonimato político y a todas luces bajo la férula de otros integrantes de la directiva, quienes a lejos se nota que son avezados en negociaciones bajo la mesa y lejos del escrutinio público.
A menudo prolifera la concepción de que el patrimonio cultural de Guatemala constituye un conjunto de objetos, edificios, rituales o tradiciones varadas en el pasado, cuya preservación representa un lujo en relación a otras prioridades de desarrollo, un tema de interés exclusivo para intelectuales y académicos o un objeto de curiosidad exótica que no representa mayor beneficio para las comunidades, con lo cual su valoración y conservación queda sujeta a la disponibilidad de recursos, al criterio de los burócratas de turno o, en el peor de los casos, a la inercia del tiempo, la intemperie y el olvido.