Juan Carlos Lemus
NOTAS DE Juan Carlos Lemus
En alguna época, el cine nos de- leitó con el asaltante que llegaba a un banco, se acercaba a la ventanilla y pistola en mano compelía al receptor: “Ponga todo el dinero en esta bolsa”. Luego, salía corriendo y abordaba un auto negro.
La manifestación del pasado sábado 25 de julio venía sobre la Sexta Avenida de la zona 1; en la esquina de la 11 calle, frente a los Pops, unas personas pidieron, a través de un megáfono, que la marcha se detuviera un momento para compartir un mensaje. Uno de ellos era el fotógrafo Daniel Hernández-Salazar. El otro, Óscar Humberto Maldonado, un sobreviviente de la emboscada que sufrieron varios estudiantes, en ese mismo lugar, el 25 de junio de 1956.
Si Iván Velásquez estuviera del otro lado del tablero, militando entre criminales, sería el delincuente perfecto, acaso el capo colombiano jamás encontrado. Dirige con tal maestría la orquesta contra la impunidad que no ha de tener una mente cualquiera. Urde cada lienzo con cálculo milimétrico para no errar puntada. Lo demás, intuición y olfato.
“El financiamiento de la política en Guatemala”, informe elaborado por la Comisión Internacional contra la Impunidad en nuestro país, ofrece los fundamentos y marcos conceptuales de nuestras percepciones cotidianas. Es un análisis que traza la forma como el financiamiento ilícito otorgado a los partidos políticos tiene como consecuencia la miseria que vemos a nuestro alrededor.
Igual monstruosidad evidencian los pandilleros que tiran del puente a un joven que no quiso involucrarse con ellos que una funcionaria que se ríe del montón de niños desnutridos que fueron llevados para destruir a una enemiga política. La deshumanización tiene distinta ropa, pero en este caso la misma responsabilidad.
Cuando Snowden dio a conocer que Estados Unidos espiaba gobiernos y personas de todo el mundo, se exigieron explicaciones a Obama. El Ministerio de Exteriores alemán citó al embajador de EE. UU. en Berlín; por su parte, Dilma Rousseff, presidenta de Brasil, interpeló duramente al Gobierno de Estados Unidos desde la tribuna de la ONU y acusó a al gobierno de Obama de violar los derechos humanos, la libertad civil y la soberanía de Brasil.
Los escándalos pueden volverse costumbre. El crimen, la locura o la irracionalidad escandalizan a una sociedad y al mundo, pero con el tiempo lo grave se vuelve anécdota. Truculento fue, por ejemplo, cuando The Who rompió sus guitarras en el escenario; cuando Jimi Hendrix quemó su guitarra en el festival de Monterrey. Pero ambos hechos dejan de impactar si se comparan con el cantante Karl Erik Welin cortando un piano de cola con una sierra de motor.
“Siete mujeres se sentaron en círculo./ Desde muy lejos,/ desde su pueblo de Momostenango,/ Humberto Ak’abal les había traído una hojas secas, /que él había recogido al pie de un árbol.// Cada una de las mujeres/ quebró una hoja, suavemente,/ contra el oído./ Una sintió un viento soplándole la oreja,/ otra, la fronda que se hamacaba,/ otra, un batir de alas de pájaros,/ otra dijo que en su oreja llovía,/ otra escuchó los pasos de un bichito que corría,/ otra un eco de risas,/ otra un rumor de aplausos.// Humberto me lo contó en Viena,/ y yo pensé:/ ¿No será que las hojas muertas/ susurraron, al oído de las mujeres,/ la memoria del árbol?”. El poema se titula El árbol, dedicado al poeta Humberto Ak’abal, por Eduardo Galeano (1940-2015).
La fotografía usada por Otto Pérez Leal para hacer campaña política, no solo es plagio, sino acto de humillación y explotación de personas para beneficio personal y de su partido político. Si le parece una exageración, piense cómo reaccionaría usted si un día ve en la página de FB del alcalde de Mixco una foto en la que aparece usted con sus primas y algunas amigas, en un centro comercial, digamos, en Cayalá, que se tomaron un buen día y lucen sonrientes. A la par, hay un mensaje de Pérez Leal: “Agradezco el apoyo y cariño que me demuestran estas vecinas”.
El Señor de la Montaña habitaba en Turquía. Su magia consistía en llevar a sus fieles al paraíso y traerlos de nuevo a la tierra. Además, hacía hablar a los decapitados. Testigos aseguraban haber visto cómo una cabeza recién cortada, todavía sangrante, describía las delicias del paraíso al que podrían entrar quienes fueran fieles a su gran señor.